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¡No queremos más de lo mismo!*

¡No queremos más de lo mismo!*

Con este texto se busca un acercamiento, en primer lugar al debate sobre formas alternas de manifestar la ciudadanía, que para el caso llamaremos ciudadanías en resistencia. En segundo lugar, se hacen unos apuntes sintéticos y esquemáticos sobre lo ocurrido en el municipio de Bello con la derrota, mediante el voto en blanco, a los partidos tradicionales, pues, si bien era un solo candidato, él recibió el apoyo de aquéllos. Por último, a manera de coda, se celebra que, independientemente de lo que pueda acontecer en el municipio, el precedente ya se instaló como un acto de indignación en la memoria de los bellanitas.

…de repente acudieron a votar
como si hubiesen
recibido una orden, a la que no podían ofrecer resistencia,
apuntaban, sí, al gobierno que cantó victoria antes de tiempo,
a los partidos que comenzaron a
manejar los votos en blanco
como si fuesen una viña por vendimiar y ellos los vendimiadores
a los periódicos y otros medios de comunicación social
por la facilidad con la que pasaban de los aplausos del capitolio
a despeñar desde la roca Tarpeya, como si ellos mismo
no formaran parte activa en la
preparación del desastres.
…Qué sucederá cuando se repitan las elecciones, ésta es la pregunta
que se hace en voz baja, contenida, sigilosa, para no despertar
el dragón que duerme.
José Saramago,
Ensayo sobre la lucidez, págs. 31-32.

Venció el voto en blanco. Con gran sorpresa fue recibido en todo el país este resultado final en las elecciones del pasado 30 de octubre en Bello. Sorpresa pues se derrotó un cacicazgo de no menos de 16 años, controlado por el exsenador Oscar Suárez Mira, preso desde mediados de enero de 2011 por vínculos con el paramilitarismo; reemplazado en su control y dominio político por su hermana Olga, hoy senadora de la república, con la mayor votación en Antioquia.

Germán Londoño, el candidato que dispusieron para la alcaldía local, avalado por el partido Conservador –en coalición con el liberalismo–, fue visto por la mayoría de bellanitas como un fiel representante de la continuidad clientelista, marrulera y despótica. Sin duda, muchos sintieron que con él –y lo que representa– su situación se agravaría; las promesas difundidas no lograron romper esta sensación.

No es casual, por tanto, que la ciudadanía respondiera con tanto entusiasmo a la convocatoria a votar en blanco, iniciativa liderada en primera instancia por la también exconsejal liberal Luz Imelda Ochoa Bohórquez, quien se vió frustrada en su aspiración a presentarse como candidata para la alcaldía de Bello por el acuerdo que su partido hizo con los conservadores.

La negativa liberal no le impidió mantener su propósito, al presentarse para igual cargo como candidata independiente a nombre del movimiento ‘cívico’ Ciudad Bello, con el cual reunió 60 mil firmas, muchas de ellas invalidadas por la Registraduría departamental. Ante una sola opción para la alcaldía, y en rechazo a la misma, la exconcejal lanza la propuesta de voto en blanco, la cual encuentra rápido apoyo ciudadano, además de los partidos Verde y Polo Democrático Alternativo. El eco se amplío.

Difundida a través de caravanas y marchas por varios de sus barrios, así como de la toma del parque municipal, y con una amplia replica a través de las redes sociales, cada vez fue más conocida la propuesta y masivo el apoyo que recibió, reflejando el malestar reinante en Bello por el desgobierno que en las dos últimas décadas tomó cuerpo, manifestado en repetidas denuncias por corrupción y el control paramilitar que reina en el municipio.

El voto en blanco y la resistencia ciudadana en Bello

Lo acontecido en Bello en relación con el voto en blanco evidencia los planteamientos enuncados en el recuadro “Ciudadanías en resistencia…” y se convierte en un caso histórico en el país, por varias razones. La primera, en la llamada “democracia” colombiana, no hay antecedentes de que el blanco haya triunfado, y ocurre en su décimo-quinta ciudad más grande. Tal hecho genera gran impacto por tratarse de un municipio que cuenta con envidiables recursos públicos para cualquier partido político. Es, además, un fortín electoral de más de 300.000 sufragantes.

La segunda, Bello se caracteriza históricamente por ser uno de los reductos más atomizados del cacicazgo partidista, que en contubernio con diversas fuerzas de poder en la localidad ha hecho lo que ha querido con el erario y con la voluntad general.

Tercero, el voto blanco triunfó contra todo pronóstico, incluso contra la concentración más aberrante del poder en un solo candidato, que era, como estaba documentado por algunos medios de comunicación, una ficha más del poder de la “Casa Suárez”, que, en alianza con los partidos tradicionales, le hizo gavilla a la ya manoseada ‘democracia’.

Cuarto, con la aplastante votación en blanco, quedan mal los partidos tradicionales, ya que el liberalismo, al vender el alma al diablo por compromisos con los caciques, pierde legitimad y credibilidad en la ciudadanía.

Quinto, los poderes políticos y económicos subestimaron a los bellanitas, creyendo que el pueblo no iba a despertar de las bajezas con que han cabalgado estos caciques que se enquistan en el poder y dominan sin piedad la voluntad mayoritaria.

Ahora bien, surge una pregunta: ¿Quién gana con estos actos de resistencia ciudadana y este ejemplo de una forma diferente de hacer política?

  • Gana la dignidad de quienes piensan y sueñan un futuro donde sus ideas, sus propuestas y su proyecto de ciudad sean posibles.
  • Gana la democracia real porque queda demostrado que la voluntad del pueblo es la voz de los históricamente silenciados.
  • Gana la esperanza de creer que, a pesar de ser uno de los municipios con mayor concentración de poder en los partidos tradicionales, la ciudadanía bellanita, en un acto de resistencia y dignidad, dijo ¡basta, no queremos más de lo mismo!
  • Ganan las expresiones sociales y ciudadanas, sabedoras de que con la voluntad general pueden derribar, como bien lo decía Rousseau, mandato absolutista.
  • Gana la política del país, que ve en este municipio un ejemplo de resistencia ciudadana, que con las únicas armas de creer en sí mismo, del rumor, de la voz a voz, de las redes, de las formas simbólicas de manifestar su desagravio, de manera silenciosa pero contundente hizo que el eco de su inconformidad tuviera resonancia en el país.
  • Ganan los indignados y la esperanza de muchos en el país, porque saben que cuando el malestar se incuba en la ciudadanía no hay quien lo detenga.
  • Ganan el ciudadano y la ciudadana, pues demostraron que el constituyente primario quiere y puede, mediante la resistencia, tener otras posibilidades de ver, pensar y hacer política.
  • Gana el significado del voto en blanco, desmitificándose así la escasa pertinencia de éste en la cultura política del país, algo útil para evidenciar el malestar ciudadano y las prácticas políticas que van contra el interés y el bienestar comunitarios.

Coda

Independientemente de lo que acontezca en Bello y de que los partidos redefinan sus estrategias (¿habrá cambios sustanciales? ¿volverán a mentirle al pueblo?), ya queda en la memoria colombiana y de los bellanitas que la resistencia ciudadana puede más que los usurpadores de la democracia y que la indignación habita en el alma del sujeto reprimido.

*   Docente Universidad de Antioquia.


Recuadro 1

Pobreza creciente

En la puerta norte de Medellín, como si fuera una comuna más de la capital antioqueña, conurbanizada, se encuentra el municipio de Bello, conocido desde siempre como territorio obrero por estar allí asentada la textilera Fabricato.

Como todo municipio adyacente a una capital departamental, Bello sufrió en las últimas décadas un rápido crecimiento, y con éste, una amplia demanda de empleo, el cual no es satisfecho de manera plena, mucho menos desde los años 90 del siglo pasado cuando se convirtió en claro receptor de la población desplazada de muchos de los otros municipios antioqueños, como del Chocó. De acuerdo a cifras oficiales, su población bordea los 500 mil habitantes, lo cual lo convierte en el segundo municipio más poblado de Antioquia. El 47.1% de sus habitantes son hombres y el 52,9% mujeres.

La mayoría de la población bellanita se caracteriza por recibir escasos ingresos, lo cual explica su distribución socio-económica: el 39.3 por ciento integra el estrato 2, el 36.1 por ciento es clasificada como estrato 3, y el 20.2 por ciento clasifica como estrato uno. En los estratos 4 solamente está el 4.3 por ciento y en el 5 hay un escaso 0,1 por ciento. Es decir, Bello está habitado en su mayoría por hombres y mujeres que viven en pobreza, logrando sus escasos ingresos del rebusque pues para el empleo digno no hay fuentes suficientes.

Con presiones y necesidades tan altas de sus habitantes, tanto de los históricos como de los reciente llegados, muchas de ellas sin solución a la vista, encuentra explicación el control que del municipio fue haciendo el clientelismo y el paramilitarismo.


Recuadro 2

Ciudadanías en resistencia: lucha política por el reconocimiento de derechos

La resistencia ciudadana tiene matices en permanente renovación según la dinámica que imprime la coyuntura, y cómo los sujetos protagonistas hallan diversas estrategias para romper las cadenas del silencio, evidenciando realidades que suelen pasar inadvertidas para el común. Son esas estrategias lo que llama la atención a la hora de analizar las expresiones de resistencia ciudadana; son formas de tejer poder desde lo aparentemente invisible, sutil o simbólico, es decir, la forma como los sujetos constituyen un poder que, si bien no es reconocido por el Estado ni por amplios sectores sociales, es legítimo en las comunidades en que se gesta, y motor de fortalecimiento como sujetos colectivos en resistencia, que reclaman y reivindican sus derechos, o incluso inciden en la creación de otros.

Al respecto, los planteamientos de James Scott (2000: 21) son bastante pertinentes, ya que se introducen en el tema desde el marco de las relaciones de poder en que dominadores y dominados recrean ciertos códigos de comunicación para mantener en apariencia las relaciones dadas, al tiempo que cada una de las partes va dinamizando su estrategia de dominación y resistencia, sin que la otra lo perciba abiertamente.

El discurso de los dominados, que a veces se produce en la sombra gris del anonimato, desde la perspectiva de la resistencia ciudadana produce formas silenciosas y simbólicas de manifestar desavenencias con quienes ostentan el poder, exponiendo así, mediante acciones de resistencia, unos repertorios que cuestionan y confrontan el poder dominante.

El discurso oculto termina manifestándose abiertamente, aunque disfrazado. Así, pues, siguiendo esta línea de razonamiento, sugiero que interpretemos los rumores, el chisme, los cuentos populares, las canciones, los gestos, los chistes y el teatro como vehículos que sirven, entre otras cosas, para que los desvalidos insinúen sus críticas al poder al tiempo que se protegen en el anonimato o tras explicaciones inocentes de su conducta (Scott, 2000: 21-21).

Para Holston, al igual que para Scott, estas formas de manifestar la resistencia ciudadana tienen que ver con una nueva forma de reclamar derechos y exigir la incorporación de otros, y coinciden en el modo de manifestar tales reclamos.

Se instaura entonces lo que se conoce como nueva pedagogía de la ciudadanía, con la inclusión de actividades como el teatro callejero, grupos juveniles, producciones musicales, peticiones puerta a puerta y foros de discusión y debate; estos nuevos métodos de participación cívica desarrollaron significativamente un nuevo ideario acerca de las necesidades socioeconómicas de las clases pobres urbanas, llevándolas a un análisis que se inscribe en la lógica de los derechos humanos (Holston, 2008: 250).

En la perspectiva teórica de Holston y Scott se evidencia que la resistencia y sus expresiones de ciudadanía no se reducen a la teatralización de la política, y cómo ésta no se restringe a los espacios públicos estatales. Además, hay una dimensión y un campo de posibilidades de acción de la resistencia por debajo de la macropolítica, que encuentra la forma de incursionar y trastocar las amplias esferas de la macropolítica.

La resistencia ciudadana se plantea como forma de lucha, no de grandes organizaciones sino de pequeños grupos o individuos que reclaman por sus intereses grupales, dentro y fuera de los espacios de participación creados por el Estado. En tal sentido, Scott aduce que la resistencia se encuentra en redes informales de la familia, vecinos, amigos y comunidad. En vez de una comunidad formal, éstas ofrecen una estructura y una protección a la resistencia. La resistencia está bien diseñada para frustrar la vigilancia (Scott, 2000: 236).

Los espacios sociales del discurso oculto son aquellos lugares donde ya no es necesario callarse las réplicas, reprimir la cólera, morderse la lengua y donde, fuera de las relaciones de dominación, se puede hablar con vehemencia, con todas las palabras. Por tanto, el discurso oculto aparecerá completamente desinhibido si se cumplen dos condiciones: la primera, que se enuncie en un espacio social apartado donde no alcancen a llegar el control ni la vigilancia ni la represión de los dominadores; la segunda, que ese ambiente social apartado esté integrado por confidentes cercanos que compartan experiencias similares de dominación. La primera condición es lo que permite que los subordinados hablen simplemente con libertad; la segunda permite que tengan, en su compartida subordinación, algo de qué hablar (Scott, 2000: 149).

Son precisamente esos espacios por fuera del control y la vigilancia de quienes ostentan el poder donde los dominados elaboran sus propios códigos identitarios y configuran sus repertorios, buscando que sus acciones y expresiones de resistencia ciudadana, inmersas generalmente en un contexto de violencia, lleguen a su cometido, y así protejan sus reivindicaciones y su seguridad personal.

La resistencia ciudadana es el modo como los ciudadanos satisfacen individualmente o en forma de acuerdo grupal –fragmentando sus necesidades y deseos– sus derechos básicos, sus exigencias sociales y políticas, mediante sus propios medios acordados en el momento mismo de la acción. Incluso, este tipo de ciudadanía, casi siempre, es más eficaz para satisfacer necesidades de una colectividad diferenciada en relación con una ciudadanía formal u oficial (Maffesoli, 2005: 27).

Tal resistencia no se restringe a modelos de la ciudadanía republicana o liberal. No está atomizada ni circunscrita a las fronteras territoriales e imaginadas de la Nación, en que las expresiones de ciudadanía tendrían sus acciones en la construcción institucional creada para ello, en la que cualquier expresión diferencial al marco legal sería un atentado contra ese orden establecido de participación y reconocimiento restringido de derechos; o, lo que pudiera ser más nocivo, en la que estos derechos de ciudadanía estuvieran entrampados en la maraña institucional, oficialmente estipulados pero no cumplidos en la práctica.

La resistencia ciudadana transciende lo espacial del Estado-nación y se incorpora en sus formas de expresión, lucha y organización, diversas acciones como las manifestaciones artísticas, usadas para mostrar lo performático, la música, el teatro, el flagelo en que están inmersos. Para Michael Randle (1998: 25), la resistencia civil es método de lucha política colectiva y elemento de construcción de ciudadanía política que moviliza a la población civil, retirándole consenso a un poder establecido para socavar sus fuentes de poder.

La ciudadanía no se debe ver exclusivamente como repertorio de derechos ‘reconocidos’ por aparatos estatales sino trascender a prácticas sociales, culturales y con un ejercicio activo de la vida pública. Como dice Maffesoli (2005: 24), ésta se realiza más en los códigos de la calle, en el bullicio cotidiano, en el arreglo inmediato y en la astucia –todos ellos más sagrados que los códigos instaurados por una representatividad oficial y constituida– que por un documento republicano.

Bibliografía

Maffesoli, Michel (2005), La transfiguración de lo político. La tribalización del mundo posmoderno, México, Herder.
Randle, Michael (1998), Resistencia civil. La ciudadanía ante las arbitrariedades de los gobiernos, Barcelona, Paidós.
Scott C, James (2000), Los dominados y el arte de la resistencia. Discursos ocultos, México, Era.
Holston, James (2008), Insurgent citizenship: Disyuntivas entre democracia y modernidad en Brasil, Princenton University Press.

Información adicional

Expresiones de resistencia ciudadana en el municipio de Bello
Autor/a: John Mario Muñoz Lopera
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