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“Otro mundo está emergiendo de las cenizas del viejo”

“Otro mundo está emergiendo de las cenizas del viejo”

La crisis sistémica gana cada día más espacio en todo el mundo. El mayor realce lo gana, por estos días, su manifestación financiera, ahora enfática con Grecia e Italia. Ya lo había sido con Irlanda. España trata de evitarla, pero los ajustes (reducción de la inversión social) parece no ser suficiente. Estados Unidos se salva porque emite papel sobre papel, pese a lo cual aún es el principal referente en los intercambios comerciales mundiales.

Pero con un efecto y consecuencias aún impredecibles, sus expresiones ambientales, alimentarias, y de otros órdenes de esta crisis, prosiguen su ahondamiento. La histórica forma Estado y Gobierno, heredadas de la Revolución Francesa, se resquebrajan. Las sociedades indignadas reclaman transformaciones.

Conscientes de la trascendencia de esta situación, de la necesidad de identificar las alternativas que ante la crisis de la forma Estado y Gobierno se están presentando en distintas partes del mundo, los días 31 de octubre y 1 de noviembre se llevó a cabo en las instalaciones de la biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, citado por este periódico y Le Monde diplomatique Colombia, el foro “Crisis del sistema mundo capitalista. Hegemonia y Estado”. En esta edición las palabras con las cuales se instaló el mismo, una entrevista realizada a Alfredo Halife y el resumen de la intervención a cargo de Raúl Zibechi. En próximos días se dispondrán para consulta pública, en el portal www.desdeabajo.info, y el canal del periódico en youtube, el conjunto de las  intervenciones realizadas por los conferencistas invitados.

1991-2011: desde abajo. Veinte años de acción propositiva en pos de prensa alternativa y la reconstrucción de las expresiones sociales en Colombia.

1991-2011: un mundo en transformación. De la bipolaridad a la unipolaridad, para acercarnos años después a la multipolaridad; caída del régimen soviético, consolidación y posterior crisis del neoliberalismo; extensión sin par de las multinacionales hasta el punto de someter a infinidad de Estados y conglomerados sociales; y con ellas y el modelo de consumo dominante, irrupción de variedad de crisis:

  • de la forma de relacionamiento-sometimiento ser humano-naturaleza y con ella, crisis ambiental y alimentaria;
  • crisis del modelo de consumo energético, acompañado del agotamiento creciente de los recursos naturales que lo propician. Pero algo muy importante,
  • crisis del modelo fordista urbano que nos obliga a revisar y definir otro modelo de organización de nuestros espacios territoriales y de las formas de producir, distribuir y consumir.
  • Y un modelo que siempre debiera estar en crisis pero que las lógicas del poder lo conservan y potencian en magnitudes cada vez más espaciales: la violencia y la guerra.

Veinte años de cambios sustanciales:

  • explosión de la internet y transformación con ella del mundo de las comunicaciones, naciendo de su mano un nuevo poder que deja de ser cuarto para transformarse en el fundamental;
  • emergencia de los movimientos sociales en América Latina hasta hacerse gobierno en variedad de países
  • irrupción de la ‘primavera árabe’, derrumbamiento de dictadores –en ocasiones, otrora esperanzas para diversidad de países y para un mundo en búsqueda de soberanías reales, sin alineamiento; y,
  • prolongación de los colores de esa primavera con los indignados en Europa y Estados Unidos.
  • Pero, además, crisis del liderazgo único y personalista, y de la geopolítica impuesta por las potencias durante décadas en África del Norte; llevando de su mano a los palestinos a demandar con posibilidad de hacerse realidad su reconocimiento como Estado realmente soberano.

1991-2011: En este corto período de tiempo para la historia y para los seres humanos que pretenden ser sujetos de cambio; los seres humanos, ese producto de la naturaleza y de la historia llevado por los fenómenos de su tiempo para acá y para allá, como brizna de los campos, que para no ser derrotados por la inmanencia del poder debe anclarse, para vivir y alimentarse, debe anclarse a la utopía.

Luego de verla perecer, pero una y otra vez verla renacer, ahora observamos cómo la economía ficticia trata de arrasarla. Esa misma economía que, en medio de la actual crisis, deja ver todas sus dinámicas y formas de apropiar la economía real, llevándose a su paso, en medio de la debacle que la azota, a Estados y organizaciones políticas consideradas hasta ahora por muchos como insuperables. Pero, además, y esto es fundamental, dejando la puerta abierta para que infinidad de sociedades deliberen frente al qué hacer, es decir, frente al cómo proseguir su existencia de una manera más amable, con menos injusticia, con menos opresión, con menos violencia, con mayor armonía en la producción y el consumo.

1991-2011: Veinte años de acción y de transformación. Por esas dos décadas de cambios profundos, aún por concretarse en toda su magnitud en todas las latitudes de nuestro planeta, estamos hoy concitados en este auditorio. La efeméride del periódico desde abajo y la edición 100 de Le Monde diplomatique Colombia son circunstanciales, pues de verdad, con esta doble y bella disculpa, lo que realmente nos llama a deliberar es la crisis del Estado y de sus formas dominantes en estos últimos siglos.

Como podemos constatarlo sin mucho esfuerzo, los poderes tradicionales están cuestionados por infinidad de sociedades y ante nuestros ojos se debilitan. Ahora mismo, el Estado, cada vez más policivo, privatizado y puesto a su servicio por las multinacionales, está llamado a transformarse, y con él las formas del régimen político que asume.

Cómo no traer a relación la crisis de la delegación o la representación, o, en otras palabras, la crisis del sistema parlamentario, cuestionado en diversidad de sociedades y ahora con mayor difusión por los indignados, ahora por no representar a quienes los eligen sino a quienes los financian en sus campañas electorales. Cómo no traer a colación la exigencia de democracia real, la cual en América Latina importantes movimientos sociales tomaron de su mano para oxigenarla, llevándola a las barriadas en forma de consejos comunales y otras formas de organización territorial y representación similares.

Cómo no relacionar la demanda que ahora mismo hacen numerosos grupos sociales para que los bancos se sometan al interés social, dejando de poner bajo sus lógicas a millones de seres humanos, los que ahora mismo pasan hambre e infinidad de necesidades al vivir a la intemperie o bajo frágiles techos. Estos demandantes exigen fronteras entre el Estado y el sistema financiero, así como entre éste y los grandes conglomerados empresariales.

A la orden de nuestra reflexión se dispone, de igual manera, un sistema judicial que no cuestiona por las lógicas del poder, y con éste las lógicas de las leyes, y que termina legitimando la injusticia y la violencia institucionalizada.

1991-2011: Mientras esto sucedía en el mundo, en Colombia se sellaba una nueva Constitución que, bajo el llamado Estado Social de Derecho, abría las puertas para la implementación del “terrorismo económico”, más conocido como neoliberalismo. En nuestro país, este modelo fue aplicado en sus primeras etapas, en todo el territorio nacional, a sangre y fuego: los activistas, las conciencias críticas, la oposición, fueron perseguidas y diezmadas. Como si fuera poco, millones de laboriosos habitantes del campo fueron asesinados, despojados de sus bienes materiales y desplazados. Un genocidio sin par y una acumulación por desposesión se llevó a cabo ante el silencio cómplice de varios gobiernos, sirviéndose para ello de una inmensa estructura paramilitar.

Ahora, en el actual gobierno, se pretende reorientar tal modelo, devolviéndoles alguna tierra a sus verdaderos dueños, pero bajo la pretensión de abrir un inmenso mercado de tierra que permita de manera legal lo que en parte se concretó de manera ilegal: la acumulación de miles de hectáreas en manos de grandes propietarios y la implementación de un modelo capitalista moderno, agrario y minero, es decir, abierto a la monopolización de los grandes capitales, en lo fundamental con producción para el mercado externo.

En pocos años, quienes habitamos este país, vimos y sufrimos el arrasamiento de los pocos bienes estratégicos acumulados por miles de trabajadores en el curso de nueve décadas del siglo XX. Al mismo tiempo, vimos y sufrimos el arrasamiento de los derechos laborales y de seguridad social: la salud, privatizada, entró a la feria del mercado; la jornada laboral diurna fue extendida por las maniobras del Derecho hasta las 10 de la noche; la estabilidad laboral pasó al baúl de los recuerdos; la energía, en muchas de nuestras ciudades, también cayó en manos del capital; aunque en menor medida, el agua también surca por esos senderos; y ahora pretenden hacer lo mismo con la educación universitaria y superior, despertando un rechazo masivo de estudiantes de no menos de 40 centros de estudio de todo el país.

Vivimos, es innegable, años de terror. La militarización de nuestro país es vista por muchos –tras su multiplicación– como algo casi normal. Mientras se minimiza el Estado en sus responsabilidades estratégicas –las que dan soporte económico, científico, humano, para la soberanía real–, lo único que permanece y crece son las fuerzas armadas.

Durante este mismo lapso, padecimos la aplicación del ‘plan Colombia’ o, lo que resulta igual, la abierta intervención de una potencia extranjera en la vida cotidiana de un supuesto país soberano. El sistema judicial, el financiero, el plan estratégico de las fuerzas armadas, en fin, todo aquello que se debiera debatir y definir mediante la deliberación pública, fue definido y orientado desde la potencia del Norte. A la par, llegaron las decisiones del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.

Sin duda, han sido años amargos, dolorosos, tristes, para quienes habitamos este pedazo de suelo que tiene por nombre Colombia. Como un pequeño esfuerzo y aporte para que la cotidianidad sea más llevadera y para que nunca se pierda el derecho a soñar, desde los periódicos desdeabajo y Le Monde diplomatique, desde cada uno de sus fondos editoriales y los intentos comunicativos de distinto tipo, hemos alzado la voz y echado al aire palabras y flores tras las cuales se soporte la vida y la utopía.

Nos esforzamos para que otras formas de ver y sentir nuestra realidad no sean ocultadas ni negadas; nos esforzamos para que un sistema de comunicación alternativo, como baluarte de una reconstrucción social, por justicia, igualdad, felicidad, se hagan realidad. Somos, por tanto, aunque pequeños, parte de las acciones y las reacciones desprendidas en nuestra sociedad contra la inmensa violación de los derechos de todo un pueblo; pero también somos parte y efecto de la inmensa transformación técnico-científica que vive el mundo desde los años 70 del siglo XX, producto de lo cual el llamado cuarto poder se ha transformado en primero.

El mundo y Colombia llegan a este foro en un momento de suma importancia para la humanidad: en un momento de potenciación de la crisis sistémica que anuncia que otro mundo está emergiendo de las cenizas del viejo, de uno nacido hace varios siglos, desarrollado y llegado a su máximo esplendor sobre los hombros, las espaldas, el dolor y las lágrimas de millones de millones de seres humanos. En los campos de batalla, pero también en las fábricas y los terrenos rurales, usurpados a sus verdaderos dueños, han quedado infinidad de mujeres y hombres expropiados de los beneficios de su trabajo y de su esfuerzo por unos cuantos que, bajo banderas como patria, sagrada propiedad privada, sumisión, etcétera, concretaron el mundo que hoy se agota.

¿Cuáles son las formas que toma el mundo que nace? ¿Cuáles, las características de las formas políticas que ya asoman por doquier? En verdad, todavía no se conocen con toda claridad, pero con toda seguridad en los próximos años –tal vez pocas décadas– las tendencias que hoy ya nos dejan ver parte de sus contornos aflorarán ante nuestros ojos con toda su intensidad. Mucho soñamos y nos esforzamos para que estas formas sean sustancialmente diferentes de las que ahora dominan, es decir, unas que propicien la justicia, la hermandad, la solidaridad, la cooperación; que abran paso a lo colectivo, a nuevas formas de relación con la naturaleza, y otras novedosas formas de producción y reproducción para y de nuestras vidas. Serán formas y sistemas de organización y reproducción social de las cuales, con toda seguridad, los amigos, compañeros e investigadores que nos acompañarán estos dos días, tanto los que vienen de otros países como los connacionales, nos hablarán, brindándonos pistas sobre el presente en crisis y el futuro en cierne. A ellos les doy la palabra.

A ustedes, que tan amablemente han respondido a esta invitación, el agradecimiento de las mujeres y los hombres que hacen posible los periódicos que nos sirven de disculpa para encontrarnos y compartir ideas.

Bienvenidos y bienvenidas, todos y todas, a estas deliberaciones.

Información adicional

Foro: Crisis del sistema mundo capitalista. Hegemonía y Estado
Autor/a: Equipo desde abajo
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