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400 años de Don Quijote de la Mancha. La extemporaneidad del ingenioso hidalgo

Como en toda obra literaria o artística, ésta casi siempre está relacionada con la vida del autor, y en el caso de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, si bien la novela fue escrita en contra de los libros de caballería, en la misma encontramos momentos autobiográficos del autor, y no sería de extrañar que éste se haya visto obligado a censurarse y cambiar pasajes de la obra para lograr la autorización de editarlo por parte del Consejo Real de publicaciones de libros, el cual solicitaba su lectura al escribano de cámara, quien se encargaba de señalar las enmiendas que se debían introducir.

Según el estudio de Martín Riquer, Don Quijote de la Mancha es tal vez la novela con mayor número de ediciones en lengua castellana. Las andanzas del ingenioso hidalgo, no sólo ironizan sobre las novelas de caballería sino que además se inaugura en España, con esta obra lo que hoy en día se conoce como la novela moderna, así como en su momento Lawrence Sterne lo hace en Inglaterra con Tristan Shandi. Pero el mayor aporte dado por Don Quijote de la Mancha es la modernización y enriquecimiento de la lengua castellana, así las desventuras de sus protagonistas rocen el absurdo.

Si bien las vivencias del ingenioso Hidalgo de la Triste Figura son un referente histórico para la literatura hispanoamericana, la imagen de Sancho Panza complementa las andanzas del Quijote, rescatando Cervantes a través de Sancho, una serie de expresiones y refranes que pasados cuatrocientos años se siguen utilizando en España y algunos países latinoamericanos.

De ahí el reconocimiento que se hace a Don Quijote de la Mancha, y a la obra de Miguel de Cervantes, al considerarlo el mayor innovador de la lengua castellana.
Aunque el reconocimiento a la obra de Miguel de Cervantes ha trascendido durante estos cuatrocientos años, es de señalar comentarios como los de Miguel de Unamuno, quien consideró que Cervantes no revela su íntimo sentimiento por no estar capacitado para penetrar en él. Pero no era esta la intención del autor, pues a lo largo de las aventuras del ingenioso hidalgo hay una profunda reflexión sobre los valores humanos, y la aparición del Quijote apócrifo de Avellaneda, es una incitación para que Miguel de Cervantes se decida a escribir una segunda parte, que consagra las aventuras de Alonso Quijano el Bueno. Allí, no sólo da continuidad a las vivencias de don Quijote, sino que él como autor inicia una etapa de experimentación literaria, en donde además de continuar con las aventuras del caballero andante, responde a sus detractores a través de éste.

El propósito de acabar con los libros de caballería no es un pretexto para escribir el Quijote, pues habría corrido la misma suerte de los libros contra los que fue escrito. Pero la intención del autor va más allá de esa simple anécdota y, seguramente, la lectura que se hace a esta magna obra en el siglo XXI es distinta a la que pudieron hacer los contemporáneos de Cervantes o la que se hizo para los 300 años. Igualmente es distinta la interpretación que le puede dar un psiquiatra, por ejemplo, a la que puede dar un filósofo o un literato, al referirse a Dulcinea del Toboso o a las heroicas batallas de Don Quijote.

Los diversos estudios coinciden en diagnosticar al Quijote como un loco y, no se puede pensar otra cosa dadas sus constantes equivocaciones. Pero habría que analizar el momento histórico en que fue creado el caballero andante, condicionado por la santa inquisición. No se puede olvidar que el autor del Quijote, luego de haber estado prisionero en Argel durante varios años, al regresar a la península y después de ser publicada la primera parte de su magna obra, fue llevado a la cárcel por supuestas deudas. Se dice que don Quijote a pesar de su locura fue un cristiano ejemplar, pero a lo largo de la novela (el término novela es bastante reciente en el castellano) no encontramos a Don Quijote o Sancho Panza cumpliendo sus deberes religiosos, asistiendo a misa o rezando, un tópico corriente en las novelas de caballería.

En la segunda parte y en diversas ocasiones, Cervantes se refiere al Quijote apócrifo de Avellaneda, e incluso personajes como el granadino Álvaro Tarfe; los hace aparecer para que desmientan al falso continuador y el propio Quijote se refiere a su impresor, no tanto por justificar los posibles errores de la primera parte, como el hurto del asno de Sancho Panza, sino porque a través de estas licencias literarias los personajes adquieren un mejor dinamismo, haciendo más ágil la narración. No obstante, en su búsqueda por ir más allá del género caballeresco Cervantes se vale del Sancho, gobernador de Barataria, para ironizar con los malos gobernantes, dejando entrever lo que entonces y ahora podríamos llamar una utopía política.

Más allá de lo que puedan pensar los académicos y la crítica literaria de todos los tiempos, en las aventuras del ingenioso hidalgo encontramos unos personajes a los que comúnmente han diagnosticado de locos (porque si el Caballero de la Triste Figura lleva al extremo su locura, su escudero no se queda atrás y a través de sus invenciones idealiza aun más el amor por Dulcinea del Toboso). A través de ellos se puede apreciar lo que significaba en tiempos inquisitoriales, atreverse a hablar de ciertos temas sobre los cuales existía una censura o eran tabú. Por la misma razón no sería extraño que -al autor de- las aventuras del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha le hubiera eliminado o cambiado ciertos pasajes para evitar tener que retractarse o correr la suerte de Giordano Bruno o Juana de Arco. Lo cierto es que Cervantes culmina su obra a la edad de 68 años, después de haber sufrido toda clase de penalidades y humillaciones, que en el fondo se aprecian en el Quijote, sin dejar de ser una novela irónica, experimental y divertida.

Orlando El Furioso
a Don Quijote De La Mancha

Soneto

Si no eres par, tampoco le has tenido:
que dar pudieras ser entre mil pares;
ni puede haberle donde tú le hallares,
invito vencedor, jamás vencido.
Orlando soy, Quijote, que, perdido
Por Angélica, vi remotos mares
ofreciendo a la Fama en sus altares
aquel valor que respetó el olvido.
No puedo ser tu igual; que este decoro
se debe a tus proezas y a tu fama,
puesto que, como yo, perdiste el seso.
Mas serlo has mío, si al soberbio moro
y cita fiero domas, que hoy nos llama,
iguales en amor, con mal suceso.

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