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¿Dónde está el espacio para respirar?

¿Dónde está el espacio para respirar?

Según cifras del DANE, Medellín es la segunda ciudad más poblada de Colombia. Su formación física –una olla densamente poblada– la obliga a tener que preguntarse con urgencia por la calidad de vida a la que pueen acceder sus habitantes. La ausencia de espacios públicos, y la relación que los ciudadanos establecen con los pocos que la urbe posee, son dos de las grandes problemáticas que enfrenta la ciudad.

 

Medellín cuenta con 9.019 metros cuadrados de espacio público efectivo, integrado por las plazas, parques y zonas verdes dentro del área urbana. Esto es 3,8 metros cuadrados para cada uno de sus 2.417.325 habitantes, según predicciones del Dane, una cifra nimia teniendo en cuenta que según la Organización Mundial de la Salud el ideal de espacio público per cápita es de 15 metros cuadrados. En proyección el plan “Visión Colombia 2019” propone como meta 10 metros cuadrados de espacio público para todas las ciudades con más de 100 mil habitantes. No obstante, para alcanzar tal meta Medellín necesita crear un parque del tamaño del Cerro El Volador, el parque natural más grande dentro de la zona urbana de la ciudad que cuenta con un área de 106 hectáreas.

 

Sin embargo, más que las cifras que muestran claramente el déficit del espacio público, la preocupación de quienes administran esta urbe debería ser el uso y la relación que los ciudadanos dan a, y establecen con, los espacios públicos.

 

Según el artículo 32 del Manual de Convivencia Ciudadana para Medellín, el espacio público es “el sistema de inmuebles públicos y privados que se interrelacionan para satisfacer el interés general”. Entre los aspectos que hacen parte de ese espacio público tenemos, entre otros: andenes, plazas, parques y zonas verdes, que cumplen funciones esenciales en una ciudad más allá de su estructura física, pues el espacio público no está asociado únicamente a lo físico-espacial, sino que “es, más bien, un ámbito contenedor de la conflictividad social, que tiene distintas posiciones dependiendo de la coyuntura y de la ciudad que se trate”, explica Fernando Carrión, politólogo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), sede Ecuador.

 

Visiones contrapuestas

 

En el último decenio del siglo XX y en el primero del siglo XXI, las administraciones de la capital antioqueña encaminaron sus proyectos de planeación municipal en espacios públicos hacia la incentivación de la cultura para lograr su modernización física y social. Para ese período fueron construidos proyectos como el Parque de los Deseos, el Parque de la ciencia y tecnología Explora, el Planetario municipal, el Centro Cultural Moravia y el Jardín Botánico.

 

Estas construcciones expresan un nuevo urbanismo que, según el sociólogo Max Yuri Gil, no cumple con las características de espacio público porque en realidad son “espacios privados donde no permiten la libre circulación. Hay una expresión del urbanismo que se ha reducido a una construcción de edificios y a la generación de espacios públicos artificiales y a una alta regulación”. Posiblemente, un gran ejemplo de lo que Max Yuri comenta es el Parque de los Deseos, que durante algún tiempo prohibió la presencia de personas homosexuales que demostraran sus afectos en público.

 

“Yo creo que los parques no pueden ser esa porquería de estructuras que nos quieren vender con el Parque de los Deseos, por ejemplo, con el Parque de los Pies Descalzos, que son lugares diseñados para que las señoras se acuerden de las propagandas de Fab. Para que los niños vayan a chupar el helado pero no más. No hay encuentro. No hay posibilidad de que la gente se pregunte por el poder, por la vida, por la muerte, por la nada, por el vacío, por el amor, por la soledad, por la sociedad, por todo lo que le inquieta al ser humano al estar solo, al ir a un lugar a ver nada, a sentarse a esperar que pase”, esto piensa Carlos Orlas, estudiante de ciencia política de la Universidad de Antioquia.

 

Bernardo Ángel, uno de los actores del grupo de teatro La Barca de los Locos, que presenta sus funciones de teatro callejero cada jueves, desde hace más de 20 años en el Parque Bolívar, reafirma la visión de Max Yuri: “se ha pretendido pensar que el espacio público de hecho es democrático, pero si uno va a analizarlo […] no es tan democrático. El espacio público tiene asentamientos personificados y personificantes de quienes los habitan constantemente, de quienes están allí. Precisamente, una de las razones por las cuales nosotros buscamos con el teatro ir al espacio público es a sabiendas de que […] está manipulado, facturado, constipado, está constreñido por el aparato del poder”.

 

A pesar de esto, el Informe de Percepción Ciudadana del programa Medellín cómo vamos señaló en el 2012 que el 66% de los ciudadanos de la capital antioqueña que fueron encuestados confirmaron su satisfacción con los espacios públicos de la ciudad. En el Informe no hubo diferencias apreciables entre las distintas zonas de la ciudad exceptuando la zona centro-oriental, correspondiente a la Comuna 10 –La Candelaria–, que recibió la calificación más baja (3,4 sobre 5). Esto resulta paradójico si tenemos en cuenta que en La Candelaria están ubicadas 23 de las 41 plazas y plazoletas con las que cuenta la urbe paisa.

 

La poca popularidad de los espacios públicos del centro de la ciudad encuentra explicación en las calles atiborradas de vendedores ambulantes y en los altos niveles de inseguridad. Ángela García, una habitante de esta ciudad, afirma que en el centro “nunca he estado sola. Qué pesar pero me parece que es un antro de ladrones”. Esta visión de los espacios públicos del centro no es exclusiva de Ángela García. Efectivamente, la Comuna 10 es la más insegura de todo Medellín. En el 2012, La Candelaria fue la comuna con mayor número de homicidios (173), hurtos en vía pública (1.166) y robo de motos (2.001).

 

Sobre el particular Alexandra Vélez, fiscal de la Unidad de Vida de la Fiscalía General de la Nación, explica que la Comuna 10 “tiene un conflicto muy grande porque es una zona donde confluyen muchas personas de diversos estratos sociales, lo que hace que tenga una mayor problemática. En esa Comuna encontramos muchos expendios de droga, muchos bares, mucha prostitución. Como el centro reúne la mayor parte productiva de una ciudad, que es donde está el comercio, donde están los bancos, donde la gente va y viene, donde están los negocios, donde hay movimiento de dinero, ¿qué tenemos? Escaperos, fleteros, falsificadores, cosquilleros, tenemos un montón de bandidos, traficantes de armas, traficantes de drogas, traficantes de personas”.

 

Es la cruda realidad. No pareciera que esta Comuna fuera la más cuidada de la ciudad. En el centro de Medellín está ubicado el comando de la Policía Metropolitana, además de la estación policial La Candelaria y varios CAI como el del teatro Pablo Tobón Uribe y la Inspección de Policía de la Alpujarra. En el 2013, la Policía incrementó el número de cuadrantes en el centro de Medellín, pasando de 13 a 40.

 

Para Max Yuri, la policía soluciona el problema de seguridad en el espacio público siempre y cuando sea una fuerza legítima. Dice el sociólogo que “pueden existir algunos problemas de seguridad en términos de apropiación de espacios públicos por parte de grupos armados ilegales, sea para el control o el consumo de sustancias psicoactiva y lo que hay que hacer algunas veces es incrementar la presencia de la fuerza pública que solo puede ser legítima si actúa en el marco de los derechos humanos. Desafortunadamente, tienen problemas graves de legitimidad por su relación con grupos armados ilegales y por la corrupción, por lo que la gente no confía en la fuerza pública como garante de la seguridad. Pero solo si se promueve el trabajo alrededor de lo público en la construcción simbólica del territorio, el espacio público se construye”.

 

El problema, por tanto, va más allá tanto de la cantidad de espacios públicos como de la seguridad. Bien lo dice Natalia Lozano García, egresada de la Universidad de Antioquia en el 2007 y quien elaboró su trabajo de grado sobre la representación socio-espacial del espacio público en la ciudad de Medellín: “más que definiciones o manuales de uso provenientes de la institucionalidad, la descripción, utilidad y sentido “reales” los pueden dar mejor los habitantes de la ciudad, quienes lo viven y construyen cotidianamente”.

 

Por su parte Óscar Botero Pérez, un artista que frecuenta el centro de la ciudad, tal vez con menos miedo que Ángela García, expone: “Necesitamos ágoras griegas en Medellín. Parques donde nos podamos mirar. Donde no solamente tanta persona jubilada o desocupada vaya a ocupar un espacio. No. El parque es para la gente que trabaja también, para las madres con sus niños, para el anciano que necesita un espacio para ejercitar sus piernas porque dándose contra las paredes en su pequeño cuartico acaba por ancianizarse mucho más. Necesitamos vida, y la vida se encuentra en los lugares públicos. Las ciudades son un cuerpo vivo, y nosotros somos las células de ese cuerpo vivo; y esas células, como nosotros, necesitan espacios donde se rejuvenezca y revitalice”.

 

Estas son voces que resumen y diagnostican la realidad del espacio público en Medellín, con alternativas. Esa debería ser la apuesta de los urbanistas que hoy piensan y proyectan a Medellín. Pero, ¿habrá espacio para esos espacios?

 

Por DAIANA GONZÁLEZ NAVAS Y ESTEFANÍA CARVAJAL RESTREPO, estudiantes de periodismo. Universidad de Antioquia

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Información adicional

La ciudad como cuerpo vivo
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