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El Mundial, grandioso, y Colombia: sublime

El Mundial, grandioso, y Colombia: sublime

Andrés Escobar, zaguero de la Selección Colombia, el “caballero del fútbol”, fue asesinado el 2 de julio de 1994, hace veinte años, por el autogol cometido en el partido jugado por Colombia contra Estados Unidos, en el Mundial de 1994. Infortunada jugada que dejó a Colombia fuera del certamen mundialista.

 

El clima político de aquel momento, la violencia lanzada contra el pueblo desde los inicios de la década de 1980, la presencia del narcotráfico y del paramilitarismo, de las mafias de apuestas, las ansias de lograr dinero de manera fácil y cómoda, todo esto permeó a amplios sectores de la sociedad colombiana “traque-tizándola”. Ninguna de los estamentos oficiales y oficiosos quedó por fuera: el clero, las fuerzas armadas, los congresistas, jueces –desde los tinterillos hasta las altas Cortes–, presidentes del país, modelos, artistas, presentadoras(es) de televisión, jugadores de fútbol, técnicos, y árbitros; no se podían quedar por fuera de este tinglado de la desgracia y desmesura los comentaristas deportivos, en especial los del fútbol.

 

Los responsables del aleve magnicidio del defensor criollo no fueron solamente las mafias de las apuestas, a ello también contribuyeron la presión nefasta, y mal hecha, para que la selección ganara el campeonato mundial, pues después del 5-0 contra Argentina, su favoritismo era alto. No faltaron las amenazas en los hoteles, las llamadas infamantes y amenazantes a los jugadores y cuerpo técnico de la selección, las arengas incendiarias de periodistas deportivos que detrás de un micrófono casi llamaron al linchamiento de los jugadores sino ganaban; todo esto llenó la copa de la desgracia. Todos ellos son responsables de lo sucedido en la noche de aquel 2 de julio en el parqueadero de un restaurante a las afueras de Medellín.

 

Lo irónico es que este jugador, elegante, serio, técnicamente buen manejador de la pelota, nos recordó que el fútbol no tiene nada que ver con las mafias y la muerte. En una entrevista comentó que el balompié estrecha la relación entre la vida y el juego. Recuerda que la selección Colombia vivía en ese entonces las condiciones políticas del país; recuerda en ella como estando en Brasil en una Copa América en 1989 supieron del asesinato del gobernador de Antioquia Antonio Roldán Betancur, y que en otro momento de igual año, cuando iban a enfrentar a Ecuador sucedió el asesinato de Luis Carlos Galán, todo lo cual tensionaba el grupo; y para ajustar, eran mirados con recelo por la violencia contra toda una sociedad.

 

Sin embargo, comentó en aquella entrevista, el fútbol tiene magia, atracción, y todos en mayor o menor medida estamos impregnados por éste. Tenía toda la razón. Como también la tuvo cuando comentó que el deporte de la número 5 aleja y debía alejar a la gente de la violencia, en unos momentos muy violentos como aquello que atravesaba el país; “Porque la magia tiene un secreto, tiene un estilo, un orden, tiene un algo y es como esa alegría que hay para jugar, esa diversión, el hecho de estar corriendo, de luchar por una camiseta, de entregarse ellos mismos, que la gente vaya al espectáculo porque es bueno, porque es alegría […] en el futbol no se mata a nadie, es más de alegría, de diversión, y mientras exista la gente va a estar contenta y ahí está el secreto, el credo”. Palabras de Andrés Escobar destruidas por la visión que dominaba a sus asesinos, para quienes el fútbol era –es– un mero negocio.

 

¿Qué tiene que ver esta memoria de Andrés Escobar, hoy que propios y ajenos celebran con mayúsculo júbilo la presentación de la selección Colombia en el Mundial Brasil 2014?

 

Pues, para que no olvidemos que la pasión desmedida y los intereses de poderosos pueden empañar una celebración, que el verbo de un comentarista deportivo puede generar una tragedia. Que el trabajo mediático por insuflar patrioterismo de mal gusto, chovinismo peligroso, victimismo, puede llevar a la tragedia de matar por la camiseta. Que lo dicho por el jugador sacrificado lo debemos tener en cuenta: el fútbol es magia, es alegría, que todos los colombianos de una u otra manera estamos impregnados de esa magia llamada futbol, que mientras exista despertará momentos de felicidad.

 

No es falacia. La participación de Colombia en el Mundial Brasil 2014 dio para que los colombianos desbordaran felicidad, inimaginada, como nunca antes, y fueran “Una sola bandera”, una sola voz de “Colombia, grandiosa”, un solo grito de “gol…”, y el de “Gracias mi selección”. Porque una cosa era lo que querían las clases gobernantes de utilizar el sentimiento nacional para uniformar a todo el país con el eslogan: “Colombia está unida”, y otra el sentimiento de lo nacional-popular expresado por la mayorías sociales.

 

Fue similar a lo ocurrido en 1962, cuando la selección fue recibida como verdaderos héroes, por cuenta del empate 4-4 con la Unión Soviética, la todopoderosa selección con figuras como el arquero Yasin, y porque Marcos Coll marcó el único gol olímpico que conozca un Mundial, hasta la fecha.

En 1993 la selección también fue recibida como héroes por cuenta del 5 a 0 que le propino a Argentina, entre cien mil o más aficionados colmaron calles para avivar a la selección. La presión para que ganara el Mundial, porque era favorita, la llevó a la derrota. Presiones de todo tipo, de la afición, las mafias y de los medios. Está claro que esta vez fueron muchas más las personas que salieron a recibir el combinado criollo. Es decir, los momentos de euforia y felicidad resumen el inmenso deseo del pueblo colombiano por sentirse por fin representado por algo que no sea amargura y desilusión.

 

En las actuales condiciones políticas nacionales e internacionales, la selección Colombia, armada bajo el cálculo del técnico argentino Néstor Pekerman y alejados del manipuleo, del manoseo, de las presiones de sectores interesados en darle una orientación favorable para ciertos monopolios deportivos, logró que la nave que naufragaba al inicio de las eliminatorias lograra corregir el rumbo y brindar, como primera alegría, la clasificación al Mundial, luego de 16 años de ausencia, desde la desilusión de 1998.

 

Más alegrías

 

Los pueblos y los equipos de cualquier deporte se aferran a la ilusión de ganar, eso no es malo, lo malo es la utilización mercantil que algunos hacen de estas ilusiones.

 

El primer paso para el Mundial 2014 fue logrado de la mano del goleador de la selección, Falcao García. Vino luego una nueva alegría: clasificar en la fase de grupos para octavos de final, logrado con creses al ganar los partidos contra Grecia 3-0, contra Costa de Marfil 4-1 y frente a Japón 3-0, gran triunfo que infló el espíritu patriota de los colombianos; para llegar a octavos y vencer a la encopetada Uruguay por 2-0, y otra conmoción emocional: Colombia había clasificado a cuartos de final, la primera vez en su participación en los mundiales. Y lo mejor –o peor–: que en tal fase tocaba enfrentar a Brasil, el equipo anfitrión que, aunque jugando regular, prometía ser un partido durísimo, mucho más si su experiencia mundialista era ponderada. Y así fue, después de un partido vibrante, duro, luchado, con arbitraje no muy santo, con un primer tiempo perdido, donde Brasil anota el primer gol a los diez minutos, y luego, en el segundo, otra anotación de Brasil y el de James para descontar, el gol “robado”, la lesión de Neymar, para finalmente perder 2-1 y salir del Mundial.

 

Aunque el logro alcanzado era grande, todo el país ya soñaba con más y mejores resultados. Pelé considerado –según la prensa– “un costal de sal” porque sus opiniones dan “mala suerte”, comentó sobre Colombia en 1994, en el Mundial de USA: “Los colombianos tienen muy buenas individualidades y funciona bien como equipo. Pero la experiencia pesa mucho en esta clase de competencias. En un Mundial no basta con jugar bien. Hace falta experiencia y garra”. Algo que le faltó a los criollos en su juego contra Brasil, deficiencias tapadas por comentaristas y el público en general con, “nos robaron el partido”, “íbamos a ser campeones”, “arbitro hp” etcétera. A pesar de todo la gente quedó satisfecha y con sus deseos proyectados hacia los próximos eventos internacionales.

 

Pero hay que decirlo: ¡Qué Mundial! extraordinario, grandioso, y en algunos momentos sublime, como durante aquel gol de James contra Uruguay, el juego de conjunto, el trabajo de Cuadrado, las tapadas de Ospina, la defensa como conjunto.

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Un resultado importante: 1. por primera vez en cuartos de final; 2. un equipo con juego vistoso, ofensivo; 3. El goleador del Mundial, james Rodríguez, con seis goles. Y, sobre todo, mentalidad de ganadores, de luchadores, dispuestos a enfrentar nuevos retos. Sencillos y sin manoseos. El equipo debe prepararse para la Copa América en julio del 2015, para ganarla, y para que a su vez sirva como preparación para el Mundial Rusia 2018, que si todas las cosas salen bien, si los politiqueros, corruptos y comentaristas deportivos no le echan mano a la selección, podría ir más allá de los cuartos.

 

El pueblo colombiano frustrado en sus más caros deseos, no sólo en el fútbol sino también en lo social y político, cansado de la guerra, con una juventud desesperanzada, encontró en la selección el catalizador emocional de tal manera que la explosión de júbilo, rayado en histeria colectiva, fue la manera para desahogarse de las penurias colectivas. Y el desahogó fue hasta el delirio. Un grito colectivo para descansar y tomar aire ante 30 años de innumerables penurias, con masacres a granel, con un modelo económico que le arrancó a la sociedad decenas de bienes públicos, haciendo la vida diaria más difícil, de 16 años sin Mundial. No es gratuito, por todo ello, que la gente dijera ante los triunfos que “cesó la horrible noche”.


Recuadro

 

Los demás

Costa Rica fue eliminada en los cuartos después de un Mundial fantástico. Un país chico con un fútbol chico demostró que con disciplina pueden hacerse buenas cosas y que también si no la manosean los de siempre, puede tener buen futuro. Comentan que los mejores equipos del Mundial fueron Alemania, Holanda y Francia. Lo de Brasil, tremendo, para llorar en serio. Los argentinos, siempre altivos, debieron recordar el 4-0 que les metió Holanda en el Mundial 2010. Al final, Alemania impuso su cohesión y preparación, ante una Argentina que dispuso un buen planteamiento táctico y que desaprovechó varias oportunidades de gol.

 

Los genios y sus vaivenes

 

Algunos genios del fútbol, no estuvieron en su momento, como Cristiano Ronaldo, con un desempeño opaco; Messi, anulado, pese al injusto reconocimiento de la Fifa; Rooney que no brilló; Casillas postrado; Eto´o que no apareció; a Taure le faltó una frijoleada; Kagawa quedó “asoliado”; Iniesta el sacrificado; Luis Suárez, un genio a mordiscos; Bradley –de USA–, un gringo que promete; Ruiz, una promesa tica; Neymar, que iba bien, terminó mal lesionado, que desgracia; Drogba cayó sin los botines puestos; Di María, grandioso; Müller, Ozil, y Close, tremendos teutones; Robben, el velocista; Pirlo, el de la inteligencia espacial; James Rodríguez, la revelación del Mundial.

 

Los arqueros, tremendos: Ospina de Colombia, Courtuois de Bélgica, Ochoa de México, Neuer de Alemania, Bravo de Chile, Navas de Costa Rica, Romero de Argentina, Howard de USA. Si faltaron nombres, por favor sáquenme tarjeta amarilla.

 

La pesadilla de los partidos

Los árbitros, en su mayoría a la altura de las necesidades de la mafia de la Fifa.

 

Conclusión provisional

 

Desde el lado del aficionado, un Mundial buenísimo, con algunos excelentes partidos. Mundial con goles, nervios, estadios, playas, barrios, bares, selvas, llenos de hinchas entusiastas, coloridos y, sobre todo, la demostración de que el fútbol es la fiesta universal sin distingos de razas, países, sexos, y hasta niveles económicos.

 

Para destacar en este certamen, las celebraciones en los diferentes países incluyendo Colombia. También la importante, entusiasta y bella participación de las mujeres, que reafirma uno de los cambios fundamentales en las actuales relaciones sociales.

 

Desde la posición del mega-monopolio Fifa y sus socios, las ganancias inmensas derivadas de este espectáculo deportivo, cada vez más masivo, su autoritarismo y actitud represiva, que el pueblo brasilero no dejó pasar en silencio, recordándole que su imperialismo no es bien recibido en ninguna parte del mundo, con la consigna en paredes y pancartas de “Fifa go home”.

 

Vendrá otro Mundial en el 2018, esta vez en Rusia, y de nuevo los nervios, los gritos, la felicidad o las lágrimas que unos jugadores y una redonda despiertan en este primate mamífero racional e irracional a la hora de gritar una de las voces más lindas en todos los idiomas: ¡Gool!

 

Información adicional

Autor/a: Pedro Miguel Tapia
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