Al momento de escribir esta nota (noviembre 10) las detenciones de jóvenes en su mayoría de origen magrebí y africano también se cuentan por miles.
La protesta que inició en París se regó como la pólvora: en no menos de 226 ciudades se han conocido revueltas líderadas por estos jóvenes. Las manifestaciones de descontento contra la segregación racial, la pobreza, desempleo y la reducida inversión social de que son objeto también, se han evidenciado en la quema de buses de transporte público, escuelas y centros comerciales.
El detonante
La violencia estalló el 27 de octubre cuando jóvenes del suburbio en el noreste de París salieron a protestar por la muerte de dos adolescentes de 15 y 17 años, uno de ascendencia mauritania y el otro de padres tunecinos que murieron electrocutados cuando se escondían de la policía en la subestación de una planta de energía.
Luego de este incidente y las provocadoras declaraciones del ministro del interior Nicolas Sardozky, tratando a los jóvenes de escoria social las protestas se incrementaron.
No contento con esas palabras el ministro echó más leña al fuego al exigir a los prefectos que explusen a los extranjeros involucrados en las protestas, inclusive a quienes tienen permiso de residencia.
La Unión Europea teme que las protestas iniciadas en Francia se extiendan a otros países. Explosiones juveniles en Bélgica, Holanda, Grecia y Alemania, parecen así confirmarlo.
¿Escuchará Europa la demanda de los marginados?


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