El pánico llegó adonde todo es lujo. El oro disparó su precio y hay vestigios de una nueva gran depresión con amenaza de bancarrotas de Estados en la Unión Europea y hasta de los Estados Unidos. Por su parte, los banqueros globales parecen destruir el sistema financiero actual, creando el necesario efecto shock para instaurar otro. Todo indica que en esta crisis ni siquiera los imperios económicos podrán escapar a los tentáculos de la Red Financiera Global, cuando en forma contradictoria la crisis abre espacios para que surja un sujeto popular sin fronteras. Una rebelión más globalizada podrá generar un sujeto colectivo y agenciar un cambio civilizatorio.
Hay tres grandes “calificadoras de riesgos” en el mundo: Standard & Poors, Moody’s y Fitch Ratings. Esta última, en relación con el Banco de Francia y Renault, opera más en consonancia con la política de Bruselas. La baja de calificación de la deuda griega tuvo como objetivo dar paso hacia una mayor centralización del gobierno europeo. La S&P, con su centro de operaciones en la city de Londres es parte de la red financiera más global que opera con Barclays, entre otros. Fue la primera en bajar la calificación de la deuda española, que alentó el efecto contagio en la periferia europea y sobre esta base comenzaron a montarse los ataques especulativos, centrados en contratos de seguros, o Credit Default Swaps (CDS) (1), ante la eventual bancarrota de tales países. Los CDS y los interest rate swaps son el mercado por excelencia de la city de Londres y Wall Street. Así, logran encauzar la llamada crisis europea y con ésta la segunda ola de la crisis global de 2011.
Por primera vez, a fines de julio de 2011 fue pública la amenaza de una bancarrota en los países periféricos o en uno que otro país europeo, y también en los propios Estados Unidos. No de una nueva recesión o doublé dip, como divulgan los medios masivos corporativos. Según el Bureau of Economic Analysis (BEA) de Estados Unidos, que hizo un reajuste de sus datos en 2011, el PIB norteamericano sufrió una contracción de 8,9 por ciento en el último cuatrimestre de 2008 y en 2009 marcó un negativo de 3,5.
Mediante el plan de rescate de Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España, hay un aumento en la transferencia del riesgo de los países periféricos hacia los países centrales de la zona euro. Los pueblos de Alemania, Finlandia, Holanda, Austria y Francia, entre otros, han de tributar para estabilizar en apariencia a los países periféricos. En esencia, han de salvar a los bancos franco-germanos. Por esto, el proyecto franco-alemán es trabajar hacia una integración fiscal de la Unión Europea, que implicaría transferir impuestos del Norte al Sur. El arma del crédito perpetuo podrá apuntar contra el propio capital que se destruye con su propia arma (2). Las recesiones son cada vez más largas y afectan a los pueblos en más lugares. En 2011, vemos la guerra de clases desde arriba y sin fronteras, y como respuesta una lucha de clases sin fronteras desde abajo
Se trata de una situación en la que además es importante recordar que los Estados Unidos están en recesión desde el segundo semestre de 2005, visto el dato de su PIB por persona y con ajuste por inflación (3), recesión producida por unas causas que vienen desde finales de los 60 del siglo XX. Son los mismos años en los cuales la era neoliberal comenzó una desregulación del sistema financiero que promovió el desarrollo exponencial de la banca de inversión y de nuevos instrumentos financieros (derivados). Así, se generaron grandes redes financieras sin controles ni trabas jurídicas o fiscales, y en el intermedio hubo la creación de la zona euro y la Unión Europea, que constituyen una barrera para que no la absorban los tentáculos de los pulpos financieros.
Con respecto a la deuda de los países, su imposición puede ser vista como un acto de guerra financiera, frente al cual las economías nacionales tienen derecho a defenderse ante tales agresiones, tal como mediante dos referendos lo hizo Islandia, que salvó a su pueblo y no a los banqueros. Los medios de comunicación masiva corporativos ocultan esta lección histórica. Grecia, a fin de salvar a los banqueros foráneos, no salvó a su pueblo, que paga con un severo programa de austeridad y una profunda recesión. Las mismas “calificadoras de riesgos” cometieron fraudes en torno a la calificación de la deuda griega.
Es aquél un escenario del mundo en el cual la economía real se traslada a los países emergentes o no miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD). Estos países, en términos de poder adquisitivo, alcanzarán en 2011 el 54 por ciento del PIB mundial (4), una cifra de poder representado en hechos puntuales: allí se vende el 52 por ciento de todos los autos y el 82 de los teléfonos móviles que son mercadeados en el mundo. Asimismo, las exportaciones de estos países juntos superaron en 2010 el 50 por ciento de las cifras mundiales, contra el 27 que tuvieron en 1990, y tenían el 81 por ciento de las reservas internacionales con tan solo un 17 por ciento de la deuda pública mundial. Estos países consumieron unos porcentajes del 60 de la energía mundial, 65 del cobre, 75 de todo el acero y el 55 de todo el petróleo. En su caso, China es el país emergente más pujante, con más del 49 por ciento de su PIB en inversiones, frente al 16 por ciento en Estados Unidos.
La actual crisis: Lucha por el re-reparto de la riqueza global
Como hemos visto, el mundo está hoy ante un reparto con vías de confrontaciones abiertas entre grandes bloques capitalistas que pugnan por no quedar subordinados. En su interés, los banqueros supeditan países enteros usando el martillo de la deuda, un botín que en tiempos pasados sólo hubieran logrado mediante la guerra. Dentro de los Estados Unidos se ve una puja de intereses que hacen de la crisis global una lucha política estratégica con forma de guerra financiero-político-mediática. En paralelo y en medio de esta puja, el bloque de poder financiero anglo-americano se divide en dos con un enfrentamiento cada vez más profundo y global. Por un lado, está el bloque financiero americano yanqui más conservador en franco retroceso, y por el otro tenemos al bloque de poder financiero globalista (5), sin ancla en territorio geográfico alguno, es decir, ni en Estados Unidos. Este último bloque busca crear un Estado global sin fronteras geográficas ni ciudadanos. Su territorio es más bien de carácter social, ‘territorialidad social’ que requiere una nueva forma de Estado: un Estado-red financiera global con soberanía sobre un territorio social.
El análisis de Formento y Merino (6) deja ver que “para las redes globales se vuelve necesaria la superación de Estados Unidos como única superpotencia mundial y avanzar hacia la nueva forma imperialista sin país central como potencia hegemónica excluyente […]. En este sentido, los estadounidenses –en su forma de país central hegemónico unipolar unilateral o trilateral–, ahora, se convierten en obstáculo para el desarrollo de los intereses angloamericanos globalistas. Más aún cuando el bloque de poder anglo-americano-global cuenta con la fracción de capitales financieros transnacionales con redes de mayor desarrollo en todo el planeta, como City Group, Lloyd’s Bank, HSBC, la red Rotschild, Shell y Barclays entre otros.
Un poder económico que en términos políticos está mejor representado por los demócratas desde la administración de Clinton, y hoy con la de Obama y Mrs. Clinton en primera línea. Así, en la actualidad la crisis no es sólo un caos económico o un pánico sino también el escenario de una puja de intereses por encabezar los procesos económicos y políticos en la escala mundial”. Esta puja tendrá sus triunfadores y perdedores dentro y entre los propios poderes económicos.
El capital financiero recurrió y recurre en las últimas décadas a la expansión exponencial de crédito para financiar sus apuestas a futuro. De este modo, resulta una expansión exponencial de títulos en los mercados financieros, sostenida por una pirámide inversa de crédito, sin mayor crecimiento en la riqueza real en la base. Esta espiral alcista genera ganancias (ficticias) y apalanca la apropiación más global de la riqueza mundial real.
La red financiera global: Guerra de clases desde arriba en el nivel global
El tamaño actual de la pirámide invertida de títulos evidencia la magnitud del capital ficticio y sus ganancias de igual carácter. El Bank for International Settlements (BIS), hasta diciembre de 2010, reportó 601 billones de dólares en derivados emitidos (7), monto que es más de 10 veces el Producto Mundial Bruto, aunque algunos estiman tal emisión en 30 veces el PIB mundial (Trace Mayor, The great credit contraction).
Cuanto más crece esta pirámide, más aparece la dificultad del capital de reconectarse con el sector real de la economía y volver a la esfera productiva con una tasa de beneficio atractiva. La gigante y al parecer loca pirámide invertida construye palancas para acaparar en mayor magnitud la riqueza global generada.
Es una política que tiene como propósito la subordinación a las redes financieras globales de países periféricos como los latinoamericanos y también, como proyecto final, incluso subordinar potencias como la Unión Europea y Estados Unidos. Su unidad central son los Fondos Financieros de Inversión Global (FFIG) cuyas gerencias estratégicas están en la gran banca, la gran industria, el gran agro, etcétera. Los FFIG, despliegan su papel como actual actor central. Actúan con la pretensión de ser sujeto social tras un Estado global sin compromiso con nación alguna ni con sus ciudadanos (8).
Es una red que opera ahora con el máximo anonimato y ‘clandestinidad’, y que ejerce control o lo disputa con las principales multinacionales del mundo, transformándolas en redes financieras globales, (9) que operan como “Estados Privados sin fronteras ni ciudadanos”, sin rendirle cuenta de nada a nadie (10).
Para estas redes, “sólo debe haber colonias, no países colonizadores; incluso estos mismos devienen en territorios por colonizar” (11). De este modo, el espacio nacional norteamericano deja de ser el punto de partida del gran capital financiero global, en la lucha por el nuevo orden global, y toma distancia de su compromiso con los ciudadanos de países centrales, que tienen historia socialdemócrata y divorcio con el Estado de Bienestar. El re-reparto de la riqueza global ya no supone el control de territorios como fue el mecanismo resultante en las anteriores guerras mundiales.
Conservadurismo imperial y/o imperialismo de las ciudades financieras globales
Con la creación de un Estado global y como ‘sujeto social’ en la tarea de gerenciar una nueva forma de organizar las relaciones de poder en el mundo, el capital financiero global guerrea por más áreas de influencia para instaurar un orden global bajo su hegemonía. Al igual que en la segunda década del siglo XX, este parto recurre a modos de restauración neoconservadoras para mantener su poder históricamente construido, como los movimientos xenofóbicos y el ascenso del neofascismo con su exclusión ascendente.
Con diferencia a la forma de antes, este es un imperialismo desplegado por medio y en una red jerarquizada de ciudades financieras globales: Nueva York y la city de Londres como su eje central, con sus nodos locales en París, Tokio Shanghai, Frankfurt, Moscú, Singapur, Hong Kong, Dubái, Abu Dabi, Bombay, Sydney, Johannesburgo, Sao Paulo, Buenos Aires, México… Cities éstas que son los nódulos principales que le darían forma al Estado global, cuya división global de trabajo asigna las funciones por cumplir en cada espacio regional. Esta política tiene la oposición del bloque de poder americano dentro de Estados Unidos.
En efecto, las fuerzas conservadoras buscan mantener a toda costa la fortaleza del imperialismo norteamericano como potencia hegemónica. Para tal objetivo, es preciso mantener el dólar como moneda mundial, y, por su conducto, mantener a la vez su poder militar. Precisan, asimismo, fortalecerse ante otros bloques.
En las últimas décadas ya hubo una apropiación de la riqueza social por algunos pulpos financieros que anexaron muchos países periféricos como los latinoamericanos y hoy apuntan sus armas contra la Unión Europea e incluso contra los propios Estados Unidos.
El capital hegemónico y el Estado global
Es mediante la multiplicación del capital ficticio de manera piramidal –títulos o derechos sobre una fracción cada vez mayor de riqueza real producida cada año en el mundo–, como se obtiene el control efectivo sobre su proceso de reproducción. Este poder transnacionalizado como Estado global busca imponer su propia moneda global y acabar con el ámbito del euro y hasta la hegemonía del dólar (12).
Las características centrales que adopta el Estado-Red-Global pueden resumirse así:
Constitución de un Gobierno global articulado a través del G-20 como ámbito del multilateralismo unipolar. Tiene la obvia contraparte del multilateralismo multipolar que pretenden otros bloques de poder que luchan por no ser subordinados: los BRICS con cierta hegemonía china, la Unión Europea y Unasur.
Desarrollo de una red imperialista global, conformada por una red de ciudades financieras globales como medio de territorialidad social. Su forma estatal está constituida por las estructuras de gerencias estratégicas de la red de las cities. Su cerebro son las redes financieras globales con los Fondos Financieros de Inversión Global (FFIG). Cuenta con la oposición de los bloques de poder regionales ya mencionados.
Dinero global electrónico a través de Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI u otras formas, manteniendo siempre las redes financieras globales como centro. Esta política implica la desaparición del dólar como moneda hegemónica y de la Reserva Federal como banco central global. Por supuesto tiene la oposición del bloque financiero norteamericano, que busca mantener la hegemonía de su país.
Máxima liberalización del comercio mundial a través de la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Desarrollo de Fuerzas Armadas Globales a través de la OTAN y los cascos azules de la ONU.
Democracia global virtual-ficticia, con mayorías desorganizadas y desmovilización, o sea, ciudadanía global-súbdito de la soberanía mediática financiera (13).
Las fuerzas angloamericanas globalistas frente al euro
El objetivo de los angloamericanos globalistas –la S&P que opera con Barclays, entre otros– no es forzar la bancarrota formal de los países en la periferia europea y que salgan del euro. Ese paso debilitaría la eurozona e implicaría grandes pérdidas para los banqueros alemanes y franceses e involucraría la detonación de todo el mercado de derivados, antes de haber subordinado al dólar. En tal caso, favorece una victoria del imperialismo norteamericano. El rescate mediante el otorgamiento de dinero para cubrir el déficit con ajustes y privatizaciones, sirve en el corto plazo al bloque europeo. Pero a mediano plazo bien pudiera beneficiar a los globalistas. Ya encaminadas las medidas de salvación, la resistencia popular en los países del Norte aumentó. He ahí el riesgo que los países del Norte de la zona salgan del euro.
El propósito final del proyecto franco-alemán es no quedar por completo subordinado al capital financiero global. En el marco de su enfrentamiento, el proyecto franco-alemán es una política de ajuste-ahorro-inversión-producción-exportación-superávit.
Para este proyecto, los europeos encuentran aliados tácticos en China y Rusia. Juntos formarían el bloque continental euro-asiático, temido desde la Primera Guerra Mundial. De esta manera, agudizan la contradicción con las fuerzas angloamericanas globales y con los conservadores imperialistas de Estados Unidos. Por eso, el traslado de la guerra de países petroleros hacia países que puedan impedir la integración de ese bloque.
El mayor temor anglo-americano es que la zona euro resulte una gran Alemania, integrada para colmo con China y Rusia en el gran bloque continental euro-asiático. Los tambores de una guerra con China misma suenan cada vez más duro. El objetivo de este bloque continental es impedir la institucionalización del Estado global.
La política es: a) profundizar la brecha entre países con superávit comercial y fiscal, como Alemania y China, frente a países con un déficit comercial y fiscal como Estados Unidos. y, b) profundizar medidas proteccionistas y de guerra económica entre bloques.
Debido a la debilidad relativa de su sector financiero, los chinos y los alemanes ahondan la brecha para no ser subordinados, mientras las fuerzas angloamericanas toman beneficio con el negocio de la deuda y procuran así reducir la brecha. El eje franco-alemán prosigue en consolidar su propio bloque con una moneda fuerte y la integración fiscal, o, si no, quedan subordinados a las fuerzas angloamericanas (14).
Las fuerzas angloamericanas globalistas frente al dólar
El objetivo estratégico del proyecto angloamericano global es hacer tambalear al euro e igualmente al dólar. Hacia fines de julio de 2011, S&P bajó por primera vez en la historia la calificación de la deuda estadounidense. Advirtió el riesgo de que la principal potencia del mundo no estuviera en condiciones de pagar todas sus obligaciones. De inmediato, hubo un sobresalto en el mundo entero. En medio de este pánico, los banqueros globales procuran reemplazar al dólar y la Reserva Federal por una autoridad monetaria global dirigida por banqueros globales, liberados de todo control gubernamental, hasta del norteamericano (15).
Moody’s, la tercera calificadora de riesgos, está muy relacionado con Goldman Sachs y opera con el bloque conservador del imperialismo norteamericano más activo en la primera ola. En la segunda coyuntura, la empresa calificadora apuntó sus presiones hacia el bloque angloamericano-global, amenazando con las rebajas en calificaciones de deuda británica y de Estados Unidos, e incluso planteaban buscar la forma de incorporar a ambos países como parte de los PIGS (16). En el escenario de avance de las fuerzas globalistas, los polos de poder acorralados deben asegurar sus bloques.
En este sentido, los sectores norteamericanos no globalistas necesitan que el dólar mantenga su papel como moneda internacional y de reserva, garantice su dominio con el complejo industrial y militar, y mantenga, con el Pentágono, el control sobre Oriente Medio y sus reservas de petróleo, y juegue a fondo en su intervención en América Latina. Esta fracción financiera retrasada del polo de poder angloamericano está anclada en el neoconservadurismo.
Es, cómo no, la fracción que lleva el conflicto más fácilmente al terreno del enfrentamiento político y militar. Necesita perpetuar el viejo imperialismo y despliega una estrategia neoconservadora, fundamentalista militarista y por ende neofascista.
A medida que se profundiza la lucha, la fractura se hace más visible, favoreciendo el desarrollo de movimientos sociales con rasgos fascistas como el Tea Party. A partir de noviembre de 2010, el enfrentamiento en el interior de Estados Unidos pasó a un nuevo momento. En las elecciones a medio término de la administración Obama, gana el Tea Party. Un resultado que acentúa los rasgos neofascistas que ya se veían con Bush.
A partir de ese empate hegemónico, el Tea Party moviliza su militancia contra los enemigos de la nación: Obama y la oligarquía financiera global con sede en la city de Londres y Wall Street de Nueva York, centros de poder que quieren destruir el sueño americano. De inmediato, la fracción neoconservadora impone en su agenda la idea de achicar la inversión pública (salvo la militar) y frenar cualquier alza en los impuestos, además de unilateralismo y militarismo en la política externa y oscurantismo en el orden ideológico y cultural.
El sur y Colombia no son un espectador en la tribuna. Es un hecho que las contradicciones ganan espacio en el orden global y local, y que el ritmo que tome la crisis determinará su intensidad y sus efectos cotidianos y de pobreza y conflicto en nuestros países.
1 Los Credit Default Swaps son derivados de créditos que actúan como si fueran pólizas de seguros ante el riesgo de que un crédito (deuda pública en este caso) no se pague, inducido por la baja en la calificación de riesgo y/o ante un eventual aumento en la tasa de interés debido a esa calificación. A través de los mismos, se les puede producir un golpe financiero a un país o incluso a varios países a la vez, como los mal llamados PIIGS (Sigla inglesa de Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España).
2 Bonefeld Werner-Holloway John. “Dinero y lucha de clases”, en Holloway, John et al , Globalización y Estados-nación: el monetarismo en la crisis actual, Buenos Aires, Ed. Tierra y Fuego, pp. 8 y 20-22., 1995.
3 The Economist, 6 de agosto de 2011, p. 28
4 The Economist, 6 de agosto de 2011, p. 66.
5 Walter Formento y Gabriel Merino, Crisis financiera global. La lucha por la configuración del Orden Mundial. Peña Lillo/Ediciones Continente, Buenos Aires, 2011. p. 9
6 ibíd., p. 58
7 Quartely Review, junio de 2011.
8 Formento y Merino, pp. 118-119.
9 ibíd., p. 118.
10 Dierckxsens, Los límites de un capitalismo sin ciudadanía V edición, Editorial DEI, 2011; pp. 104-108/152-155.
11 Formento y Merino, ídem.
12 ibíd., p. 21.
13 ibíd., pp. 57-58.
14 ídem.
15 John Truman Wolfe, A Greek Tragedy Part III – The Global Financial Crisis. April 16, 2011 en www.johntrumanwolfe.com
16 Formento y Merino, pp. 106-111.
Blindaje del sistema
Los ataques especulativos en la crisis crediticia de 2007-2008 estaban dirigidos a salvar los bancos en los países centrales debido a las deudas contraídas. Fue cuando los Estados se endeudaron para intervenir con un plan de salvataje billonario. En la segunda ola de ataques especulativos, su blanco fue el de las deudas públicas contraídas por los gobiernos de los países centrales. Es el momento en que se destaca que son grandes el papel y la importancia como instrumento de las “calificadoras de riesgos”.
Muchas entidades, como los fondos de pensiones, con inversiones billonarias, están atadas a las calificaciones de deuda, y por reglamentación siguen automáticamente estas calificaciones. Al bajar la calificación de la deuda de un país, la venta de bonos (obligaciones) es masiva, y consecuentemente baja su precio, al tiempo que aumenta la tasa de interés para contraer nuevos créditos. En la nueva circunstancia, estos préstamos se obtienen bajo severas políticas de ajuste estructural que son conocidas en América Latina desde los años 80 del siglo pasado. Para que se instaure el Estado red-global, es preciso subordinar tanto a la Unión Europea y su zona euro como a Estados Unidos y el dólar. Las (amenazas de) bancarrotas son su arma. Un tiempo en el cual la depresión implica un creciente déficit, reforzando las posibilidades de quiebra o bancarrota, como en la Argentina de 2002.



Leave a Reply