Para superar las debilidades
Al tiempo con emitir decretos que sentaban las bases del nuevo Estado, se promulgaron otros para dar una nueva forma al ejército. Uno de esos, del 24 de septiembre de 1817, dispuso la organización de los Estados Mayores. Precisó que en cada división activa debía organizarse un Estado Mayor divisionario, cuyas plazas serían dadas a los ayudantes del Estado Mayor General, a fin de establecer mayor enlace entre unos y otros cuerpos. Pero también se avanzó en el mejoramiento y crecimiento del ejército, creando nuevos batallones.
Sucre con mando Uno de los decretos relativos a esta área del Estado dio cuerpo al Batallón del Bajo Orinoco, bajo responsabilidad del coronel Antonio José de Sucre, a quien poco después, Bolívar dio el mando de todo el Bajo Orinoco y de la antigua Guayana. En esta misma región, a las órdenes de Zaraza, estuvo el esforzado lancero Juan José Rondón, mestizo descendiente de esclavos, que poco tiempo después tuvo destacada figuración en combates decisivos para la libertad y la soberanía de nuestros pueblos. Allí, en medio del ajetreo diario, con los recursos tomados al enemigo más otros conseguidos por compra directa a comerciantes y aventureros que se atrevían a adentrarse a la Guayana, se puso en pie de guerra, para octubre de 1817, con las diferencias que son de suponer, entre 3.000 a 3.500 combatientes. Sin embargo, en cuanto a parque sólo disponía 70.000 cartuchos. Por el resto del país había otros miles de combatientes en armas, casi todos con lanzas o armas de fuego en mal estado. Tenían además un inconveniente a superar. Respondían solo a cada uno de los caudillos semiautónomos que los enrolaban, más que a un plan concertado por un mando central. La dispersión y la ineficacia eran notables.
Cada general se consideraba dueño virtual de sus tropas para proteger el territorio inmediato donde ejercía su influencia, la mayoría de las veces el mismo donde él o su familia eran poseedores de extensas cantidades de tierras. Esta realidad dificultaba la puesta en práctica de una operación con el soporte de la concentración de fuerzas. Una realidad con negación a desaparecer pese a contar ahora el ejército libertador con la iniciativa estratégica. Un logro a partir de poder operar y golpear desde la Guayana o desde la isla Margarita.
Aún con esta realidad, Bolívar persistió en su nuevo plan que lo debía llevar de nuevo a Caracas. Su objetivo siempre presente y siempre perseguido. Para hacerlo realidad, no renuncia a principios básicos de la guerra como la concentración, la rapidez y la sorpresa. Sin ignorar, además, que en el campo de las operaciones concretas tenía que dar cuenta de las resistencias locales, la escasez de medios, el estado informe de las tropas y las distancias.


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