Sin rendirse
“A pesar de tan gran derrota, Bolívar no se dio por vencido. Contaba con reunir otro ejército mientras los enemigos reemplazaban sus grandes pérdidas y restablecían su ejército” (16). El objetivo seguía siendo el mismo: Caracas. Para lograrlo, distribuye a sus generales en funciones en pos de reorganizar y fortalecer el ejército. Él se desplaza con su Estado Mayor y su guardia personal al Hato del Rincón, donde en la noche del 14 de de abril de 1818 es detectado por los realistas, en su sitio de descanso nocturno, siendo objeto de un ataque del cual se salvó: “Algo en la mente siempre alerta del Libertador le indica el peligro”, saltó de la hamaca antes de ser perforada por disparos. “Fugitivo, sin guerrera ni dormán, Simón Bolívar salvó la existencia por una serie de hechos increíbles que, como en Haití, preservaron su vida para la historia” (17). El esfuerzo por reorganizar el ejército fue incesante. Por fin Páez hace presencia.
“Sedeño llegó con sus tropas, se recogieron los rezagados, y al pasar el día 23 de marzo ya tenían 2.460 unidades, de las cuales 1.060 eran fusileros, concentradas y en movimiento. Para el 26 ya eran 2.660”. En estas condiciones, en el punto conocido como Ortiz, se tomó posición para un nuevo combate. Bolívar esperó la mejor ocasión para arremeter, pero Páez, “fastidiado de estar aguantando fuego y en inacción, ya que el general Bolívar no hacía atacar a la infantería, dispuso que algunas de sus unidades atacasen” (18). De esta manera, el desespero de Páez lo llevó a intentar la acción que negó en el Sombrero: concentrar sus fuerzas y atacar a La Torre. Ahora, sin sopesar las fuerzas de éste, se lanzó a campo abierto, debiendo retirarse ante la arremetida del enemigo. La derrota se avizoró.
Páez sufre una derrota El 2 de mayo hay una nueva confrontación, ardorosa y violenta. Aunque los realistas no llegaron a la decisión que buscaron, lo cierto es que Páez fue virtualmente derrotado. Con esta situación ante sí, Bolívar sabe que Caracas está más lejos que nunca. “Todo ha terminado en oscura frustración”, “el ejército se ha dispersado y de todos los males se culpa al derrotado” (19).
La situación es tan dramática que “ni la actividad prodigiosa de Bolívar alcanza a montar nueva ofensiva para el año 1818. Los golpes han sido terribles y tan solo la herida recibida por Morillo en el Semen impide que los españoles asuman una ofensiva general hacia oriente” (20). La campaña se pierde pese a la soberbia sorpresa de Calabozo: “por errores de ambos caudillos (Páez y Bolívar), el estado informe de las tropas, la indisciplina, por decir lo menos, de una parte de la caballería, y también por la decisión de la mayoría de los llaneros y del país en general por la causa del rey, y este fue sin duda uno de los factores más importantes” (21).
La población varía su posición ante el realista Sobre el estado moral de la población es necesario recordar que, “desde el comienzo de la guerra toda esta región del Guárico se había mostrado realista, pero los progresos de la opinión a favor de los independientes, y los primeros triunfos de éstos […] inclinaron a algunos caudillos a pasarse a la patria”. Bolívar tuvo clara esta realidad, y aconsejó en todo momento y a todos los mandos actuar con cuidado y respeto con la población, la misma que era liderada por caudillos que son premiados por el Rey con títulos de noble o declarándolos blancos (!). La relación con esta población fue tan difícil que, cuando los republicanos llegan, huyeron a los montes. E incluso, luego de todo el esfuerzo realizado alrededor de ella, hacia 1817 pareció revivir el ardor guerrero y el fanatismo realista de 1814.
Luego de la campaña, el balance fue concreto: “Los patriotas perdieron casi toda su infantería y parte de la caballería, pero conservaron los cuadros de estas tropas y su territorio primitivo; infligieron a los realistas enormes pérdidas, hasta el punto de que en los seis meses subsiguientes, durante la estación lluviosa, el ejército del Rey permaneció inactivo, reponiéndose. El continuo batallar y los progresos logrados por los independientes en su organización política atrajeron la atención de muchas personas de Inglaterra y empezaron a organizarse expediciones de auxiliares. El renombre adquirido por los independientes y el cumplimiento de sus compromisos hasta donde se lo permitían sus recursos, proporcionaron al gobierno de Angostura la manera de adquirir nuevas cantidades de fusiles y municiones para armar otra vez sus tropas” (22).



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