Hacer política desde las alturas no suele conducir a los ciudadanos a buen puerto. Todos hemos observado algún día desde la azotea de un edificio cómo una perspectiva tan elevada distorsiona la realidad: empequeñece a los transeúntes, difumina sus rasgos identitarios, culturales, regionales…, borra sus rostros y les reduce a una masa uniforme, anodina y sin...

