Hace un tiempo un estudiante de colegio, de unos 15 o 16 años, se me acercó para hacerme una pregunta aparentemente inocua, pero subrepticiamente insidiosa. De alguna forma se había enterado del hecho de que me he dedicado al estudio del pensamiento de Kierkegaard y quería aprovechar la ocasión para resolver una curiosidad que tenía...

