México adoptó formalmente una estrategia de guerra interna alineada con los lineamientos de Estados Unidos. La llamada estrategia “Kingpin” —centrada en capturar o eliminar líderes de organizaciones criminales— fue diseñada en coordinación con agencias estadounidenses y aplicada por gobiernos del PRI, el PAN y —pese a su retórica nacionalista— también por Morena

