La epidemia de fiebre amarilla que se dispara por el país, saca a la luz pública sus causas reales: un modelo de salud centrado en la asistencia-curación de la enfermedad, que prioriza lo comercial, lo privado y lo individualista. Un modelo, que desde la expedición de la Ley 100 de 1993 debilita la responsabilidad estatal en estos temas, descuido al máximo el componente de promoción-prevención y de salud pública, en donde las coberturas de vacunación cayeron y la vigilancia epidemiológica perdió importancia.


