El escándalo, en todo caso, tiene como consecuencia principal el fin de la carrera política de Zelensky, que seguirá gobernando mientras tenga mayoría en el Parlamento y dure la guerra, pero ya no podrá presentarse como candidato a la relección cuando haya comicios: a diferencia de lo que ocurre en muchos países del espacio postsoviético, en Ucrania la corrupción de los gobernantes sí pasa factura.


