Democracia, rompiendo diques

Como todo en política, la democracia es un permanente campo de batalla. Desde sus referentes históricos, pasando por sus connotaciones más relevantes (el mito de Grecia y la ‘democracia’ con esclavos, excluidos pobres y mujeres de la vida política, y la Revolución Francesa, sin libertad de esclavos en las colonias, ni derechos políticos para las mujeres), sus formas actuales y las que debiera encarnar en el futuro cercano, todo ello está en disputa.


No podría ser de otra manera. Como construcción humana, sus características conocidas desde 1789 mutan según la estructura que origina la lucha de contrarios, que bulle en todo cuerpo social. Algo así sucede en nuestros días, según las transformaciones que vive el aún dominante modo de producción capitalista.


Por tanto, no es extraño que, para ciertos sectores del poder, las expresiones más relevantes de la democracia –tal como la conocemos hoy– sean el ideal por defender y prolongar en el tiempo como régimen político. Según su visión del mundo, la existente, la liberal o formal –garantía para conservar y prolongar sus privilegios–, no requiere ajustes. De necesitarlos, sería, por ejemplo, no para ahondar derechos sino para recortarlos. Lo contrario piensan y propugnan quienes están en la acera opuesta, sin acceso a justicia social ni vida digna: ¿cómo lograr que la democracia, más que concepto político, encarne un ideario por materializar en beneficio de la totalidad de quienes habitan un territorio y hacen parte de una sociedad dada?

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Editorial
Autor/a: Carlos Gutiérrez Márquez
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº256, julio 2025

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