“La unidad es la victoria”, es el mantra con el que los líderes del Pacto Histórico han invocado la necesidad de conformar un partido que reúna a toda la izquierda colombiana para competir en las elecciones de 2026, ¿es esa la estrategia ideal?
El pasado 19 de julio se llevó a cabo en Bogotá la convención fundacional del Pacto Histórico como partido político. “La unidad es la victoria”, fue el eslogan que utilizaron para enmarcar el evento, consigna convertida en las últimas semanas en un mensaje permanente tanto de los precandidatos presidenciales como de los líderes de los partidos y movimientos que lo integran.
Quienes comandan el Pacto Histórico, pero también muchos de sus militantes y simpatizantes, parecen operar bajo la vieja hipótesis izquierdista según la cual la unidad de los partidos, movimientos, organizaciones, líderes y parches de ese espectro son una suerte de llave maestra que abre las puertas del triunfo electoral y del poder. “El pueblo unido jamás será vencido”, cantan con fervor religioso Quilapayún, Inti-Illimani y más de un guitarrista-amateur-militante sentado frente a la chimenea de algún apartamento de La Macarena en Bogotá.
Padres e hijos y la unidad de la familia
Por supuesto que la unidad de quienes habitan el espectro político de la izquierda y el progresismo es deseable, pero también lo es que esa unidad se efectúe superando las necesidades meramente electorales que, de momento, parece ser la más grande preocupación de quienes lideran el Pacto. “Luego de los resultados de 2022 dejamos de ser una minoría política, para 2026 no podremos presentarnos como coalición electoral”, dijo en una entrevista Manuel Garzón, cofundador de Progresistas, uno de los partidos que hacen parte del tándem fundacional del Pacto. Se refiere al artículo 62 de la Constitución que establece que solamente las fuerzas políticas que obtengan menos de un 15 por ciento en la elección anterior pueden coaligarse entre sí para la elección posterior, margen que superó la coalición del Pacto en 2022. Los flojos resultados electorales en las elecciones locales y regionales de 2023 también fueron decisorios para la intención de conformar el partido: “fue una estrellada fuerte. Aunque aumentamos sustancialmente la representación en algunos municipios y departamentos, hubiéramos podido tener más, pero no pudimos ponernos de acuerdo”, dijo Garzón. Como quien dice: no arrasamos fue porque no quisimos unirnos. Por la misma vía transita Andrea Vargas, secretaria general de Colombia Humana, para quien “la estructura unitaria mejorará el tamaño y el rendimiento de la bancada para 2026”.
No es cierto que la unidad de la familia Izquierdista Progresista sea por sí sola una garantía para el fin de las enemistades internas, el triunfo electoral y mejorar nuestras posiciones para seguir impugnando tanto el orden social hegemónico como a quienes lo administran. No estamos en un capítulo de Padres e Hijos en el que al final de cada episodio las divisiones se terminan, llega la reconciliación y la unidad familiar solucionando de tajo todos los problemas de la familia Franco.
El Pacto Histórico debe gambetear y superar la vieja hipótesis izquierdista de la unidad electoral como solución de todos sus males, el foco debe estar en otro lado. Esta no es la primera vez que la izquierda intenta operar de esa manera: el viejo y esporádico Partido Socialista Revolucionario en el crepúsculo del siglo XX, la Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria creada y rápidamente disuelta por Gaitán, la heterogénea Anapo y la Unión Nacional de Oposición durante el Frente Nacional, el Frente Social y Político y el Polo Democrático Alternativo durante la horrible noche del uribismo, y otros tantos ejemplos de uniones que nacieron con mucha ilusión, se reprodujeron muy poco y murieron muy rápido.
Articula o muere
El foco debe estar en otro lado. Volviendo a la analogía con el programa de televisión, no se trata de unir a la familia Franco porque sí, sino de articular a Charly, Pablito, Daniela y sus siete esposos. Sí, el foco debe estar en la articulación, esa palabreja que profesionales de las ciencias sociales, compañeres militantes, activistas y funcionarios han convertido en una muletilla muchas veces vacía de contenido. La prioridad de quienes comandan el Pacto y de su militancia debería ser la de articular en el sentido en que Stuart Hall se lo propuso a la izquierda británica unas décadas atrás, creando un vínculo, una conexión contingente y específica entre los elementos (partidos, organizaciones, liderazgos, colectivos, parches…) porque, en realidad, no están determinados previamente para estar unidos. Mejor dicho, que el hecho de compartir algunos rasgos ideológicos y tener fines electorales similares no es una garantía para que la unión funcione, sino que la vuelta está en crear vínculos, es decir, conexiones que pueden hacer que elementos diferentes, dispares, se unan bajo ciertas condiciones. “No es una conexión necesaria, determinada, absoluta, esencial ni eterna”, sino que debe refrendarse a través de la práctica, dice Hall.
La articulación es una estrategia política que no solo resulta útil para fines inmediatos y necesarios, como ganar las elecciones de 2026, sino también para la tarea más importante: sacar adelante una construcción hegemónica que sea no solo capaz de ganar elecciones, sino de liderar el país, de convertirse en una autoridad moral y cultural, de erigirse como el grupo social capaz de presentar sus intereses particulares –su programa– como si fueran los intereses de todos en este pedacito de trópico bañado por dos mares.
La articulación no es una hoja de ruta fácil de trazar y andar, pero hay tres elementos claves que pueden ayudar en eso: el programa, la estructura y la perspectiva democratizadora.
El programa. Aquí hay un terreno ya allanado y es muy significativo. El programa reformista del gobierno de Petro ha logrado consolidarse como un acumulador de demandas sociales, así como en un canalizador de los esfuerzos y la agenda de los partidos, movimientos, líderes y parches de la izquierda y el progresismo. Aporta mucho en la creación del vínculo. Sin embargo, debe fortalecerse, por ejemplo, permitiendo que la militancia participe activamente en los aspectos más ideológicos y tácticos del partido, así como en la priorización de temas. Para nadie es un secreto que internamente hay molestias porque algunas demandas siguen acumuladas y sin ningún tipo de trámite –como la reforma profunda a la Policía Nacional, la liberación de todos los jóvenes detenidos arbitrariamente durante el estallido social o la legalización del uso adulto de cannabis, solo por mencionar algunos. Está muy bien que el candidato presidencial del Pacto y la lista al Congreso se armen a través de votación, es una práctica democratizadora del espacio interno que no tiene actualmente otro partido en Colombia, pero es tan o más importante alentar a que la gente participe protagónicamente en la estructuración del programa.
La estructura. Es importante reflexionar sobre la estructura del vínculo que se intenta producir y teniendo en cuenta las características de la familia, el partido no debe aspirar a funcionar como una estructura vertical y homogénea, sino inspirarse en el partido de movimientos que proponen, entre otros, Hardt y Negri. La evidente y radical pluralidad de las partes que componen el Pacto no puede ser algo a eliminar, sino algo que potencie y gestione el vínculo. Debe ser una red de redes, una forma organizativa flexible y distribuida que no sacrifica la pluralidad por unidad, pero que también crea formas de coordinación, acumulación de fuerzas y toma de decisiones rehuyendo de la burocratización.
Perspectiva democratizadora. Que en la coyuntura que nos atraviesa se traduce como el principio de la democratización como meta. Antes que una reforma profunda y estructural de las instituciones, la radicalización de la democracia pasa por la democratización de todos los espacios sociales, “a su justa medida”, como dice Boaventura de Soussa, incluyendo el partido. Esa perspectiva democratizadora debe ser lo que une a los nodos de la red, una lucha permanente que se extiende adentro y afuera del partido y por la cual se ejercen todos los esfuerzos posibles. Democratizar el espacio familiar, el conjunto, el barrio, el espacio laboral, las relaciones románticas, la sexualidad, la amistad, el colegio, la universidad, las relaciones con la Naturaleza, entre otros, debe ser la energía que le da movimiento a la conexión de los nodos.



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