Más que mascotas, las familias interespecies

La percepción de los animales ha cambiado significativamente, pasando de verlos como recursos a reconocer sus capacidades afectivas y cognitivas, esto abre nuevas reflexiones éticas y legales sobre nuestra relación con ello, destacando la importancia de comprender y respetar los vínculos que creamos. Temas como la sintiencia animal, el especismo y la protección animal son clave para entender esta relación compleja y cambiante.

Sintiencia animal: reconocer su capacidad de sentir 

El concepto de sintiencia se refiere a la capacidad que tienen ciertos seres vivos para experimentar sensaciones y emociones subjetivas, tales como el dolor, el placer, el miedo o el bienestar. Esta capacidad no depende necesariamente de cierto nivel de inteligencia o de habilidades cognitivas complejas, sino que está basada en estructuras neurológicas mínimas que permiten la experiencia consciente. En este sentido, los animales, desde los mamíferos y las aves hasta algunos invertebrados, pueden considerarse seres sintientes. Reconocer esto implica asumir que no son simples objetos o recursos, sino individuos capaces de sufrir y disfrutar al tener experiencias subjetivas.

Desde una perspectiva ética, este reconocimiento conlleva una responsabilidad significativa para los seres humanos. La capacidad de sentir sufrimiento obliga a replantear prácticas cotidianas y tradicionales que involucran a los animales, como la ganadería intensiva, la experimentación científica o incluso el manejo de quienes suelen llamarse como “mascotas”. La consideración del bienestar animal debe ser un criterio fundamental en la toma de decisiones que los afecten, poniendo en primer plano el respeto por su integridad y calidad de vida. Este cambio de enfoque no solo mejora las condiciones de vida de los animales, sino que también refleja un avance en la sensibilidad y la justicia social con otros seres. 

El especismo como forma de discriminación 

El especismo es una ideología o sistema de pensamiento que asigna un valor moral diferente a los seres vivos basado únicamente en su especie, privilegiando a los humanos sobre otros animales. Esta forma de discriminación ha sido el fundamento de prácticas que explotan y subordinan a los animales, justificando su uso para alimentación, experimentación, entretenimiento y otros fines. El especismo funciona como un mecanismo que legitima el trato desigual y la falta de consideración hacia las necesidades y derechos de los animales no humanos. 

El académico Iván Darío Ávila Gaitán (con su texto las ocho inflexiones de los animalismos situado actualizado en el año 2018) amplía esta comprensión del especismo, proponiéndolo no solo como un prejuicio individual sino como un sistema complejo que articula aspectos sociales, técnicos y biológicos para mantener una jerarquía entre humanos y animales. Según esta perspectiva, el especismo es un entramado estructural que permea instituciones, tecnologías y prácticas culturales, y que requiere una transformación profunda para ser superado. Esta visión invita a pensar en estrategias de cambio que vayan más allá de lo personal, incluyendo políticas públicas, educación y formas alternativas de relación con los animales. 

Familias interespecies: vínculos afectivos reales 

En la actualidad, es común encontrar hogares donde los animales de compañía no son vistos solo como mascotas, sino como miembros plenos de la familia. El concepto de “familias interespecies” describe esta integración afectiva, en la que los vínculos entre humanos y animales son profundos, duraderos y efectivamente significativos. Estas relaciones reflejan un reconocimiento tácito de la individualidad y subjetividad de los animales, quienes participan activamente en la vida social y emocional de sus compañeros humanos. 

Diversos estudios científicos han evidenciado que los animales pueden experimentar emociones y afectos complejos, como la empatía, la ansiedad, el miedo y la alegría, que son paralelas a las humanas1. Estos hallazgos desafían la idea de que los animales actúan solo por instinto o condicionamiento, y sostienen que merecen un trato basado en el respeto y la comprensión de sus necesidades emocionales. La existencia de familias interespecies entendidas como aquellas colectividades que se integran a partir de compartir núcleos emotivos y sociales, representa una oportunidad para repensar las fronteras entre especies, promoviendo una convivencia más justa y equitativa. 

Legislación: avances y límites 

En Colombia, la promulgación de la Ley 1774 de 2016, conocida como Ley Ángel, significó un avance histórico en la protección legal de los animales. Esta ley reconoce explícitamente a los animales como seres sintientes y establece sanciones para quienes los maltraten, promoviendo un marco normativo que prioriza su bienestar. Sin embargo, aunque es un paso significativo, su enfoque en la sanción penal no siempre resulta suficiente para generar un cambio cultural profundo en la relación humano-animal ¿Por qué?

Complementando la legislación, existen iniciativas de la sociedad civil que buscan transformar las prácticas y percepciones sobre los animales. Por ejemplo, los albergues y refugios gestionados por activistas como Terry Hurtado en Cali-Colombia, no solo ofrecen un espacio de cuidado y rehabilitación para animales en situación de vulnerabilidad, sino que también desarrollan procesos educativos y comunitarios para fomentar una conciencia más ética y empática. Albergues para habitantes de calle en el cual les dejan estar con sus familiares animales, son cruciales en el reconocimiento de las familias interespecies. Estas experiencias demuestran que la protección animal no puede limitarse a la ley, sino que debe integrarse con procesos sociales que promuevan una verdadera transformación cultural. 

La comprensión de los animales como seres sintientes con capacidades emocionales y afectivas abre un camino hacia una relación más ética y respetuosa entre humanos y otras especies. Cuestionar el especismo y reconocer la existencia y validez de las familias interespecies son pasos fundamentales para avanzar en esta dirección. Las leyes, aunque necesarias, deben ir acompañadas de un cambio en las formas de pensar y actuar, sustentado en la empatía, la responsabilidad y la educación. Solo así será posible construir una convivencia más justa y armoniosa, que valore la vida animal en toda su diversidad y complejidad, trascendiendo la simple idea de los animales como “mascotas” para reconocerlos como compañeros y sujetos de derecho en nuestras sociedades.  

1 Los estudios estadísticos que demuestran que los animales se parecen a los humanos se enfocan en las comparaciones de comportamientos, genéticas y características biológicas entre especies. Estos estudios han revelado similitudes sorprendentes en áreas como el uso de herramientas, la vida social, la comunicación y la capacidad de expresar emociones. Por ejemplo, los chimpancés comparten casi el 96 por ciento de su código genético con los humanos, y los perros pueden leer las expresiones faciales humanas.
* Universidad Tecnológica de Pereira. Estudiante de ingeniería mecánica. Filosofía Política.

Información adicional

Una mirada crítica sobre nuestra relación con los animales
Autor/a: Julieth Alexandra Dávila Mesa
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico desdeabajo Nº328, septiembre 19 - octubre 19 de 2025

Leave a Reply

Your email address will not be published.