A 21 días de la conferencia que tiene que frenar el colapso del clima y de la vida, se autoriza por presión política la perforación de un pozo en la costa de Amapá para ampliar la producción de combustibles fósiles, responsables de cerca del 70% de los gases que calientan el planeta.
En pleno colapso climático, los intereses de la industria petrolera y sus aliados en el gobierno de Lula da Silva vencieron a los científicos, a los ambientalistas y a los pueblos que ya están sufriendo las consecuencias del calentamiento de la Tierra. En una decisión catastrófica para el planeta, para la Selva Amazónica y para el liderazgo brasileño de la COP30, que comienza en 21 días en Belém, el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama), autorizó a Petrobras a perforar un pozo en busca de petróleo en alta mar, en el bloque 59, en la cuenca de la desembocadura del Amazonas, una región de extremada sensibilidad ambiental y riquísima en biodiversidad.
El proceso de licenciamiento se arrastraba desde 2014, pero el Ibama finalmente lo terminó bajo fuerte presión de la cúpula del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores. SUMAÚMA averiguó que, después de la conclusión del proceso en la agencia ambiental, la decisión de emitir la licencia antes de la COP30 fue tomada por el jefe de Gabinete de la Presidencia de la República, el también petista Rui Costa, uno de los mayores defensores de la intensificación de la explotación petrolera en el ministerio de Lula da Silva.
El Observatorio del Clima, una red de más de 130 organizaciones socioambientales, anunció que acudirá a los tribunales para anular la licencia. Además de denunciar “ilegalidades y errores técnicos” en el proceso, el Observatorio cita un dictamen emitido en julio pasado por la Corte Internacional de Justicia, el principal tribunal de la ONU, sobre la obligación legal de los países de cumplir los tratados sobre el clima. El dictamen, que no es de cumplimiento obligatorio pero tiene peso político y jurídico, afirma que a las naciones que no toman “medidas apropiadas” para reducir la producción, el consumo, la concesión de nuevas licencias de explotación y los subsidios a los combustibles fósiles se las podría acusar de cometer “un acto internacionalmente ilícito”.
“La aprobación es un sabotaje a la COP y va en contra del papel de líder climático que reivindica el presidente Luiz Inácio Lula da Silva en el escenario internacional. También le crea complicaciones al presidente de la COP, André Corrêa do Lago, quien tendrá que darles explicaciones sobre este acto a los aliados internacionales de Brasil”, dijo el Observatorio del Clima en un comunicado. La Coordinación de las Organizaciones Indígenas de la Amazonia Brasileña (Coiab), afirmó que Lula avanza con un “proyecto depredador” contra “la voz, los derechos y la vida de los pueblos indígenas, verdaderos guardianes y defensores de la Selva, cuya existencia es fundamental para el mantenimiento de la vida y del equilibrio climático del planeta”. Recordó que la licencia “expone al mundo las contradicciones de Brasil en lo que respecta a la política ambiental y climática”.
La licencia, en la práctica, abre un nuevo frente para la prospección petrolera en Brasil, en la costa que tiene la mayor franja continua de manglares del mundo. Además del 59, otros 27 bloques esperan su licenciamiento en la cuenca de la desembocadura del Amazonas: ocho licitados en 2013 y 19 rematados en la subasta que realizó en junio de 2025 la Agencia Nacional de Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles (ANP). Consorcios entre Petrobras y la estadounidense ExxonMobil remataron diez de los 19 bloques y un consorcio entre la estadounidense Chevron y la china CNPC remató otros nueve.

En un comunicado, Petrobras informó que la perforación del pozo que se denominó Morpho —nombre de un género de mariposa azul que vive en las selvas tropicales del continente americano— comenzará de inmediato, con una duración prevista de cinco meses. “Operaremos en el Margen Ecuatorial con seguridad, responsabilidad y calidad técnica. Esperamos obtener excelentes resultados con esta investigación y comprobar la existencia de petróleo en la porción brasileña de esta nueva frontera energética mundial”, celebró Magda Chambriard, presidenta de la estatal.
Como para destacar la contradicción de la decisión, uno de los principales desafíos de la COP30 es acelerar la implementación del compromiso que firmaron todos los países en la COP28, hace dos años, para “alejarse” de los combustibles fósiles en sus sistemas energéticos. La semana pasada, en la Pre COP de Brasilia, la ministra de Medio Ambiente y Cambio Climático, Marina Silva, recordó que esta implementación “implica necesariamente reflexiones sobre cómo promover, de manera justa y planificada, una transición energética que se aleje de los combustibles fósiles, involucrando a todos los países: los productores y los consumidores”.

La quema de petróleo, gas y carbón es la principal responsable de la emisión de gases de efecto invernadero que aumentan la temperatura de la Tierra. En 2024, este aumento superó por primera vez la barrera de los 1,5 grados centígrados, en comparación con el período preindustrial, establecida por el Acuerdo de París como límite para la preservación de la vida en el planeta. Si no se contiene el calentamiento global, la Selva Amazónica estará amenazada por la intensificación de los períodos secos y la reducción de las lluvias, incluso si Brasil y los demás países de la región logran detener completamente la deforestación, lo que tampoco está garantizado.
Todo es política
Después de que la decisión del Ibama se hiciera pública, el presidente del Congreso, el senador Davi Alcolumbre, principal líder político del estado de Amapá, celebró en un comunicado lo que llamó “un paso histórico para el desarrollo de Brasil, especialmente para mi estado”, fruto de “una conquista que consagra la buena técnica, el diálogo y la responsabilidad”. El senador agradeció nominalmente “a Lula, a Petrobras y al Ibama”.
La semana pasada, el gobierno de Lula da Silva logró una victoria inesperada en el Congreso Nacional al ver pospuesta la votación de los vetos del presidente al Proyecto de Ley de la Devastación. Todos los lobbies económicos representados en el Congreso se habían unido para votar y revocar los vetos, consolidando la destrucción del sistema de licenciamiento ambiental en Brasil. Sin embargo, a última momento, la sesión prevista para el 16 de octubre fue cancelada por Alcolumbre, a quien le corresponde decidir las fechas y agendas de las reuniones conjuntas de diputados y senadores. La negociación que suspendió los vetos involucró a toda el área política del poder ejecutivo de Brasil y fue intermediada por el líder del gobierno en el Congreso, el senador Randolfe Rodrigues, del Partido de los Trabajadores y también de Amapá. A pesar de estar en partidos con ideologías políticas opuestas, Alcolumbre y Randolfe sueñan con el petróleo de la Cuenca del Amazonas.
A principios de este año, Alcolumbre actuó con ahínco para aprobar, en el Senado, el Proyecto de Ley de la Devastación, que estaba paralizado desde 2021. El día de la votación en el plenario presentó una enmienda que crea lo que llamó Licencia Ambiental Especial para liberar rápidamente obras y proyectos de interés político, que fue pensada como una forma de tomar represalias contra el Ibama por lo que el senador consideró una demora excesiva en analizar el bloque 59. Lula terminó vetando la enmienda de esta licencia especial, sin embargo, para no ofender a Alcolumbre, un aliado importante de su gobierno, el presidente intentó recrear la licencia ambiental especial mediante un decreto. Si un consejo formado por ministros elegidos por Lula da Silva considera que la exploración en la cuenca de la desembocadura del Amazonas es “estratégica”, se podrán someter los demás bloques del área a este licenciamiento exprés.
En una demostración de cómo el petróleo alimenta la codicia de los políticos, el gobernador de Amapá, Clécio Luís, afiliado al partido Solidaridad y aliado de Alcolumbre, convocó una conferencia de prensa para hablar de “cómo el estado de Amapá se está organizando administrativamente para gestionar las futuras inversiones” —que ni siquiera se sabe si llegarán—.
Los senadores Davi Alcolumbre y Randolfe Rodrigues basan sus promesas de reducir la pobreza con los ingresos del petróleo en premisas dudosas. Si se encuentra petróleo en la desembocadura del Amazonas, puede que los pozos de la región solo sean comercialmente viables dentro de diez años, para entonces, si los líderes del planeta realmente quieren escapar del colapso climático, la demanda de petróleo caerá drásticamente. Además, la exploración de la desembocadura del Amazonas se realizará bajo un régimen de concesión. En este sistema, los royalties que se pagan son más bajos que en el régimen de reparto, que rige para las cuencas del presal del litoral sudeste, y no hay previsión de recursos para el Fondo Social, mediante el que se destina el uso del dinero a programas sociales y de mitigación y adaptación al cambio climático.

Además, incluso con el pago de royalties, la industria petrolera ha destruido el medio ambiente, desintegrado comunidades tradicionales y provocado el subempleo y el avance de las favelas en las regiones brasileñas donde se ha establecido, según un estudio de ClimaInfo.
En el Ibama, SUMAÚMA supo que la autorización para que Petrobras perfore en la desembocadura del Amazonas fue vista como el final inevitable de un proceso marcado por mucha presión política. Además de Rui Costa, jugó un papel fundamental el ministro de Minas y Energía, Alexandre Silveira. Afiliado al Partido Social Democrático, que tiene un pie en el gobierno de Lula da Silva y el otro en la oposición adepta al expresidente Bolsonaro, Silveira fue abiertamente truculento en su intento de obligar al presidente de Ibama, Rodrigo Agostinho, a firmar la licencia. En marzo pasado, llegó a decir que “esperaba pacientemente una reunión” para “destrabar” el licenciamiento. El ministro obtuvo decisiones de la Abogacía General de la República que anularon las exigencias del Ibama, entre las cuales había una que pedía la complementación del Estudio de Impacto Ambiental para incluir los impactos de las actividades de Petrobras sobre los tres Tierras Indígenas de Oiapoque.
Se considera a Silveira uno de los ministros más cercanos a Lula, quien planea tenerlo como su candidato a gobernador o senador del estado de Minas Gerais. En un comunicado, celebró la aprobación de la licencia diciendo que “el Margen Ecuatorial representa el futuro de nuestra soberanía energética” y que “Brasil no puede renunciar a explorar su potencial”. Sin embargo, Brasil hoy ya es autosuficiente en petróleo y no usa internamente gran parte del petróleo que produce: el año pasado, la mitad de su producción se destinó a la exportación.
En mayo, en medio de presiones políticas, el presidente del Ibama, Rodrigo Agostinho, ignoró un dictamen de 29 técnicos de la agencia ambiental y dio luz verde para la conclusión del licenciamiento del bloque 59. En su dictamen, los técnicos recomendaron por tercera vez que se negara la licencia por considerar insuficiente el plan de protección a la fauna de Petrobras.
La última etapa del proceso de licenciamiento fue una simulación de un accidente de derrame de petróleo en el área del bloque 59, a cerca de 160 kilómetros de la costa de Amapá.
La prueba, conocida como Evaluación Preoperacional, comenzó el 24 de agosto y duró cuatro días. La ejecución del plan de protección de la fauna fue objeto de críticas por parte de los técnicos del Ibama. La división en la agencia ambiental quedó en evidencia en una reunión, que se realizó la semana siguiente, del equipo que supervisó la simulación, en la que los técnicos que evaluaron el plan de protección y asistencia a la fauna afectada por el petróleo dijeron que habían concluido que no se pudo demostrar su “operacionalidad”. Por eso, “no hubo consenso respecto a la aprobación” de la Evaluación Preoperacional. Aun así, la dirección del Ibama decidió pedir nuevas aclaraciones y complementaciones a Petrobras, dejando claro que eso no sería obstáculo para la expedición de la licencia. Se acordó que Petrobras realizará una nueva simulación del plan para la fauna, pero ya con la autorización de perforación en mano.

Reportaje y texto: Claudia Antunes y Rafael Moro Martins
Edición: Talita Bedinelli
Edición de arte: Cacao Sousa
Edición de fotografía: : Lela Beltrão
Chequeo de informaciones: Plínio Lopes
Revisión ortográfica (portugués): Valquíria Della Pozza
Traducción al castellano: Julieta Sueldo Boedo
Traducción al inglés: Sarah J. Johnson
Montaje de página y finalización: Natália Chagas
Flujo de trabajo editorial: Viviane Zandonadi
Editora jefa: Talita Bedinelli
Directora editorial: Eliane Brum



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