Dos policías custodian la puerta de ingreso al colegio del barrio. Se miran, tal vez preguntándose ¿qué hacemos aquí? Su aburrición es evidente. Otean el horizonte, con ojos inquietos que buscan en la soledad de la calle algún joven que cuyos pasos lo enruten hacia el colegio que custodian, pero nada, nadie, ningún joven camina por esos andenes. Adentro del edificio la imagen es similar: los jurados de mesa conversan entre ellos, se paran, buscan un tinto, bostezan y, entre anécdotas y chistes parecen preguntarse, ¿qué hacemos aquí?
Y es que la soledad fue la nota predominante en las 19.869 mesas de votación dispuestas el pasado domingo 19 de octubre para que la juventud colombiana eligiera, por segunda ocasión, sus delegados a los Consejos Locales y Municipales de Juventud, comicios en los que estaban citados a sufragar 11.702.436 personas con edades entre 14 y 28 años de edad. Sin embargo, pese a la propaganda y al esfuerzo de distintas organizaciones juveniles para que sus pares se animaran a votar, solo correspondieron al llamado 12,82 por ciento de los votantes potenciales, es decir, 1.501.31, un poco más de 200.000 sufragios que en 2021, cuando participaron 1.279.961, y la abstención alcanzó al 90 por ciento.
Se trata de una mínima votación, resultado que le impide al Gobierno sacar pecho y alardear de los “avances de la democracia” y de su “profunda conexión con quienes miran con ojos de ilusión el futuro”. Un resultado que debe llamarle a cuestionarse por mantener un programa como este de los Consejos juveniles, sin poder alguno para que tan importante segmento de la población ‘tome por los cachos’ su presente y futuro. Mínima votación que de manera general da por “ganador” en la contienda, indiferente para las juventudes del país, al partido Liberal con 139.227 votos, seguido del Partido Conservador (91.597), Centro Democrático (78.630), Cambio Radical (73.326), Alianza Verde (61.227) y La U (53.826). Le siguen las listas independientes, con 411.950 votos y finalmente, los procesos y prácticas organizativas con 270.711. En total, la Registraduría Nacional da cuenta del registro de 45.267 candidatas y candidatos en todo el país, de los cuales 21.514 son de partidos y movimientos políticos, 13.484 de listas independientes y 10.269 de procesos y prácticas organizativas.
Con las cifras oficiales en la mano, en poco tiempo, los analistas políticos afirman la “evidencia” de un giro “evidente” a la derecha de los jóvenes, una derrota del gobierno y un reflejo de lo que ocurrirá en las próximas contiendas electorales. Conclusiones ligeras, que dejan al margen un elemento importante, sino el principal: a los jóvenes poco o nada les importa estas elecciones. De ahí la abstención de más del 87 por ciento, que junto a la histórica resistencia del país a votar en las elecciones generales, son síntomas de la misma enfermedad: el desgaste crónico de una democracia de papel.
Letras, no má’
Los Consejos Locales y Municipales de Juventud, son órganos definidos por la Ley 1885 de 2018, denominada como el Estatuto de Ciudadanía Juvenil, norma que modifica la Ley 1622 de 2013, reglamentando lo concerniente al Sistema Nacional de Juventudes. Aunque con antecedentes de conformación en Ley 375 de 1997, primera Ley Nacional de Juventud. Dicho Estatuto, tiene por objeto establecer el marco institucional para garantizar a todos los y las jóvenes el ejercicio pleno de sus derechos y anhelos en los ámbitos, civil o personal, social y público, el goce efectivo de los derechos reconocidos en el ordenamiento jurídico interno y lo ratificado en los Tratados Internacionales, y la adopción de las políticas públicas necesarias para su realización, protección y sostenibilidad; y para el fortalecimiento de sus capacidades y condiciones de igualdad de acceso que faciliten su participación e incidencia en la vida social, económica, cultural y democrática del país (Artículo 1°).
Desde 2013 el Estatuto de Ciudadanía Juvenil, establece la conformación de estos Consejos como: “Mecanismos autónomos de participación, concertación, vigilancia y control de la gestión pública e interlocución de los y las jóvenes en relación con las agendas territoriales de las juventudes, ante institucionalidad pública de cada ente territorial al que pertenezcan, y desde las cuales deberán canalizarse los acuerdos de los y las jóvenes sobre las alternativas de solución a las necesidades y problemáticas de sus contextos y la visibilización de sus potencialidades y propuestas para su desarrollo social, político y cultural ante los gobiernos territoriales y nacional” (Artículo 33°).
En otros términos, los Consejos Locales y Municipales de Juventud son simplemente escenarios sin capacidad alguna de decisión y de incidencia en la política. De hecho, el Consejo Nacional de Políticas Públicas de la Juventud, en donde participan 3 delegados del Consejo Nacional de Juventud y los delegados de las carteras ministeriales, es más un espacio para mostrar la agenda del gobierno de turno que para consultar las reivindicaciones de la juventud.
Sin embargo, quienes lograron ser consejeros de Juventud en el anterior periodo, reconocen ciertas posibilidades fuera de lo esperado, como lo afirma Gabriela Moreno: “Más que de participación, son escenarios de formación y articulación. Siento que es muy difícil desde un escenario de participación, que no da garantías (reales) de participación, que otros jóvenes se integren. Varios de los consejeros decíamos, sería muy interesante poder, por ejemplo, hacer los consejos abiertos para que las discusiones podamos hacerlas con otros compañeros de la localidad, pero es muy difícil generar esa cultura política de disfunción con los jóvenes”.
Las juventudes saben esto, conocen del formalismo al cual les invitan a que le hagan el juego. Por ello, por más que insistan desde distintos sectores, de una u otra forma, en la supuesta importancia de estos espacios para la democracia y la participación juvenil, no caen en la trampa. La realidad dice otra cosa, y las preocupaciones por sobrevivir, día a día, semana a semana, mes a mes, se llevan su atención y reflexión.
Un escenario con matices. Juanita Villamil, consejera elegida en las elecciones de octubre reconoce las limitaciones del periodo pasado y su relación con la baja participación, las cuales marcarán el transcurso de su Consejo. “Bueno, creo que al menos ya en este periodo se tiene la experiencia del periodo pasado, entonces, ya como que una sabe más o menos a qué atenerse y tiene un poco más de certezas de cómo funciona pues esta dinámica del Estado, ¿no? Creo que, claro, en el periodo pasado se tenían muchísimas expectativas sobre poder tener, por fin, una instancia de participación, vamos a poder hacer muchísimas cosas, tomar muchas decisiones y pues encontraron solo frenos, frenos, frenos, frenos Y eso también desmotiva a muchísima gente a seguir participando”.
Las limitaciones, son de todo tipo, pues aunque los Consejos de Juventud tengan dentro de sus limitadas funciones establecer estrategias y procedimientos para que los jóvenes participen en el diseño de políticas, planes, programas y proyectos de desarrollo dirigidos a este segmento de la sociedad, los recursos públicos asignados para tal fin son marginales y de baja cobertura. Si se descuenta el sector educación, que representa el 93,2 por ciento de la inversión en juventud, y en el que no es posible diferenciar entre lo que se invierte de manera directa, de aquellos recursos destinados a infraestructura y funcionamiento, la inversión en juventud apenas llega a 0,09 por ciento del PIB1.
Fueron tantas trabas que más del 50 por ciento de los Consejeros electos en el periodo pasado renunciaron a seguir en funciones, ya que existieron regiones del país en las que ni siquiera fue posible sesionar. Más pudo la realidad que el formalismo de una participación inane.
Por otro lado, el periodo pasado concluyó casi que de forma desapercibida, diluida esa instancia en la total inoperancia. De ello da cuenta Juanita Villamil: “Una de las críticas que también se le hizo, como en general, a los consejos de juventud del periodo pasado es que muy poca gente supo qué se hablaba ahí, muy poca gente supo cuáles eran los debates, cuáles fueron las discusiones”. Sumado a la experiencia de la primer Asamblea de Juventudes, liderada por el Viceministerio de las Juventudes, en articulación con el Subsistema de Participación Juvenil y otras entidades del gobierno nacional, en la cual se construyó un Acuerdo Nacional de Juventudes, con vastas promesas que han quedado en el papel y que sin una exigencia constante de las organizaciones juveniles, la espera se hará interminable.
Todo ello a pesar que el panorama de la juventud se encuentra en el epicentro de la crisis social que atraviesa el país. Ser joven es, lastimosamente, sinónimo de pobreza, consecuencia de un modelo económico y político que mantiene al 46,7 por ciento de los adolescentes (14 a 17 años de edad), el 41,2 de los jóvenes tempranos (18 a 24 años) y el 38,2 de los jóvenes tardíos (25 a 28 años) en el estrato socioeconómico más bajo. Joven es sinónimo de informalidad, encarcelamiento, limitaciones de acceso a salud, precariedad laboral, violencia, y mucho más, todo ello negativo (Ver cuadro 1)2. ¿Cómo proceder como juventud para hacerle frente a tan dura realidad?

“No hay belleza sino en la lucha”
La juventud, en tanto despojada mayoritariamente de toda posibilidad de futuro digno, es también el bastión de la aspiración por una transformación radical de la sociedad. Por eso, una mirada breve a la Historia la retoma y resalta como protagonista de grandes rupturas, con la imaginación, la inventiva, la voluntad a todo dar, como huellas fundamentales de su ser: las revoluciones rusa, cubana y nicaragüense, Mayo del 68, todas ellas con la calle, los adoquines, la creación, el desprendimiento, los sueños y un mundo nuevo por alcanzar como escenarios de la lucha directa. Ser joven es entonces, debatirse entre el no futuro y el sueño de una vida mejor. En ese camino, es constituirse como enemigo de lo sagrado, de lo establecido y del orden, ¡de lo existente!, para abrazar la reivindicación de lo novedoso, humano, burlón, etcétera.
Es el sector social con un vínculo directo con las transformaciones que requiere el sistema, lo que abre paso al hacer político, al debatir, al organizarse. Para la muestra varios botones actuales: Nepal, con la caída de un gobierno corrupto producto de las movilizaciones de la generación Z, poniendo en práctica nuevas formas de organización virtuales, logrando reconstituir un gobierno usando una plataforma llamada “Discord”. Mientras tanto, Indonesia reprime cientos de jóvenes que protestan usando la bandera de una serie animada de piratas llamada One Piece, la cual relata una rebelión al mando de un pirata joven contra un gobierno corrupto y autoritario, ¡como la aspiración que insufla de energía a estos jóvenes!
Ese activo fundamental de los levantamientos en todas partes del mundo, ahora y siempre, solo puede germinar cuando se reconoce que su potencialidad está en lo diverso, lo heterogéneo, en formas organizativas que rompen la dicotomía horizontal/vertical, en explorar y atreverse a inventar para no errar. La juventud no cabe en las formas construidas por personas con cuerpo y almas viejas, ya sean Consejos de Juventud o partidos políticos. Mucho menos, cuando se enseña a replicar las formas torcidas de hacer política, llegando a viceministerios con favoritismo, intrigas, manipulaciones y corrupción.
Esta realidad de la juventud explica, en gran parte, su protagonismo en el levantamiento social y popular de 2021, cuando coparon calles, plazas, barrios, en vastos rincones del país, exigiendo garantías para vivir en dignidad. Espacios que se llenaron de la creatividad, irreverencia, diversidad y rebeldía que les identifica, características todas estas que no caben en espacios que no superan la formalidad, y sí posibles de florecer en las calles, en las movilizaciones y en los parches de todas las culturas urbanas que habitan los jóvenes3. Espíritu y formas de lucha también presentes en el levantamiento chileno, con logros evidentes, todo ello echado al traste por el actual gobierno.
De hecho, es en ese escenario de movilización en el que se desarrollan las primeras elecciones de juventud en el año 2021, impulsadas por el gobierno de Iván Duque, que vio en ellas una salida a la crisis política producida por el levantamiento social y popular, argumentando que los Consejos Municipales y Locales de Juventud eran una alternativa óptima de participación para ese segmento social que lo confrontaba con toda resolución.
La juventud reconoció en todo ello pura carreta, y como en esta ocasión, con la alta abstención ya indicada, le respondieron con desprecio al régimen. Las organizaciones sociales de las nuevas generaciones cercanas al movimiento social cuestionaron, en ese entonces, la decisión de las elecciones y los espacios creados, supuestamente, para que participen, claro, sin poder de decisión ni presupuestos indispensables para definir sobre sus principales necesidades. Por aquel entonces, una encuesta comparativa entre la movilización y dichas elecciones, demostró que este grupo etario se sentía representado en un 84 por ciento por las movilizaciones, una gran diferencia con el 10 por ciento que acudió a las urnas y se sintió representado por los Consejos de Juventud4.
Cuatro años después de las primeras elecciones, no hay balance sobre estos mecanismos de participación, y no se cuenta con grandes apuestas de cambio real, que implican transformaciones en la forma de hacer política, con autonomía y sin mandar de arriba abajo. Es una realidad que ha motivado movilizaciones y reclamos directos al gobierno nacional, por sus incumplimientos con agendas firmadas y que no van más allá de la rúbrica. Protestas que muestran de nuevo que solo colocándole la cara al Sol se logra que les escuchen y vuelvan a firmar nuevos compromisos, con la esperanza que en esta ocasión sí se cumplan.
Se trata de retomar los sueños, sin esperar algo de arriba, así lo prometa un proyecto que se dice del cambio, pero sin lograr zafarse de lo heredado. Todo lo cual se materializa siempre y cuando se defienda y reivindique la autonomía política y el espíritu de juventud, es decir, esa imaginación que siempre invita a “asaltar el cielo”. Como lo afirma, Gabriela “[…] al volcarnos en el trabajo como Consejo, no logramos un alcance fuerte, como lo pensábamos, generando, no sé, si una derrota, pero sí una desazón que me llevó de este Consejo y es que volcarse en lo institucional también implica abandonar el trabajo de base real dentro de la localidad”.
Cantos desafinados
La conclusión de la jornada, no es si lo sucedido será el abre bocas de la tendencia del voto joven o si tal o cual partido ganó la contienda, como se adelantan a declarar voces de los partidos “ganadores”. De hecho, los resultados de espacios sin participación real de quienes lo integran, no da ni quita nada a la juventud. Es más bien, que los miles de miles que se movilizaron años atrás, de los cuales varios aún se encuentran privados de su libertad, esperan por un espacio de encuentro, disputa, construcción y organización de verdadera participación y efectivo poder de decisión, nada de ello posible en los actuales Consejos Locales y Municipales de Juventud. Realidad que ha motivado a varios sectores políticos ha impulsar una reforma al Estatuto de Juventud, que contemple el fortalecimiento de los Consejos de Juventud, respaldando lo ya dicho a lo largo de esta nota.
La enseñanza de lo sucedido y del tipo de política juvenil hoy vigente es clara: la política pública de la juventud no puede construirse al margen de los movimientos que nacen desde sus entrañas, en todas sus expresiones, ni tampoco puede tener por objetivo el asistencialismo, ni mucho menos reducirse al subsidio educativo. Las nuevas generaciones necesitan unas condiciones que efectivamente brinden herramientas para el disfrute pleno de la vida, pretensiones contempladas de manera formal en el Estatuto de Ciudadanía Juvenil pero solo posibles de materializar con la superación del modelo económico aún vigente, enemigo de la juventud, como del resto del cuerpo social. Mientras tanto, los más de 80 artículos de la Ley 1622 de 2013 son un simple papel, falsa garantía de su cumplimiento.
A la par, y frente al fracaso de la política pública de juventud y sus elecciones, las juventudes deben retomar esfuerzos para la exigencia del disfrute pleno de la vida y sus derechos de toda índole conservando su actitud rebelde y contestataria. Por su parte, el movimiento social tiene una tarea pendiente por acompañar a todas las organizaciones barriales y estudiantiles que se construyen de forma diaria entre los jóvenes en los parques, canchas, estadios y calles para ofrecer alternativas de vida al crimen y la delincuencia.
1 “Juventud distópica”, Libardo Sarmiento Anzola, periódico desdeabajo Nº292, junio 16 – julio 16 de 2022.
2 Ídem.
3 Al respecto, el periódico desdeabajo en su edición Nº 280, realizó la publicación de un suplemento especial sobre el 28 A en Cali, en donde se evidencia a mejor detalle la participación de la juventud en dicho acontecimiento.
4 Cifras & Conceptos (2021). Tercera Medición de la Gran Encuesta Nacional sobre Jóvenes.



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