Jafar Panahi: “Sólo puedo vivir y hacer películas en Irán”
Jafar Panahi

Despreciado y temido por las autoridades de su país, el director ganó la Palma de Oro en el último Cannes con “Fue sólo un accidente”, que ahora compite como Mejor Película Extranjera y Mejor Guión Original en los Oscar.

26 de enero de 2026. Jafar Panahi quiere volver a casa. “Para ser honesto, todo este viaje es una pérdida total de tiempo”, me dice el cineasta desde una habitación de hotel en Nueva York, en medio de una gira internacional de prensa que lleva meses. “No veo la hora de que termine y de volver a Irán, sentarme y ponerme a trabajar”. Tan bromista profesional como disidente político, simultáneamente despreciado y temido por las autoridades iraníes, Panahi esboza una sonrisa irónica. “Quiero sugerir una solución legal de cara al futuro”, dice bromeando. “Todos los cineastas deberían tener prohibido salir de sus países para que realmente puedan hacer algo de trabajo”.

El jueves por la tarde en que hablamos, el comentario me hace reír. El lunes siguiente por la noche, cuando me entero de que Panahi ha sido condenado una vez más a prisión por el gobierno de su país, me hace estremecer. Pero si alguien está mejor preparado para enfrentar amenazas físicas y existenciales, es un hombre que ha desafiado el autoritarismo durante 25 años, tras perseverar a lo largo de una prohibición de viajar de dos décadas, dos estadías previas en prisión y una prohibición para hacer películas.

Hablando detrás de lentes anaranjados, con la voz quemada y crepitante por toda una vida de cigarrillos, Panahi es un enemigo del Estado al estilo de Fred Hampton o Jane Fonda. Es valiente. Imperturbable. Casi intimidantemente cool. Sus películas —entre ellas el tierno drama de 1995 El globo blanco y la ganadora de la Palma de Oro del año pasado, Fue solo un accidente— son retratos compasivos del Irán contemporáneo. A menudo aluden a temas de opresión estatal, misoginia y brutalidad policial, aunque no necesariamente están impulsadas por ellos, y han sido ampliamente celebradas en todo el mundo: Fue solo un accidente está nominada a Mejor Película Extranjera y Mejor Guión Original en los Oscar de este año, y Panahi estuvo ocupado recogiendo tres premios Gotham en Nueva York -a Mejor Director, Mejor Guion Original y Mejor Película Internacional- cuando se enteró de su nueva condena. Muchas de sus películas también son, según los gobernantes de Irán, “propaganda antigubernamental”, y están sujetas a ataques constantes.

Las últimas nueve películas de Panahi han sido prohibidas en el país y, a pesar de sus reconocimientos internacionales (ha ganado los principales premios en los festivales de cine de Berlín y Venecia), ha enfrentado censuras reiteradas: en 2010 fue condenado a seis años de prisión por “propaganda contra el Estado” y fue liberado tras tres meses. En 2022 cumplió otros siete meses, por una aparente implicación en protestas antigubernamentales, y solo fue liberado después de iniciar una huelga de hambre de 48 horas. Su inesperada condena más reciente, que incluye un año de prisión y una prohibición de dos años para salir de Irán, fue el resultado de desconocidas “actividades de propaganda”, anunció su abogado, Mostafa Nili. Apelarán, agregó, pero Panahi también regresará a Irán pese a la amenaza en su contra. Huir no es el estilo del hombre de 65 años.

Hubo oportunidades pasadas para que escapara, explica. Su prohibición de viajar de 20 años terminó antes de tiempo en 2023, tras 14 años, y Panahi y su esposa dejaron Irán rumbo a París, donde editó Fue solo un accidente. “Pero no soy capaz de adaptarme a ningún otro lugar”, dice, hablando a través del traductor Iante Roach. “El problema está dentro de mí. Solo puedo vivir en Irán. No tengo un conocimiento profundo de la gente en otros países -digamos Inglaterra o Francia-. Y si hiciera una película sobre ellos, sería solo superficial”.

A Panahi se le prohibió formalmente hacer películas en 2010 y por un momento pensó en aceptar su destino. “Quedé profundamente, psicológicamente impactado”, recuerda. Pero la condena también coincidió con su nuevo estatus como inspiración para cineastas jóvenes o aspirantes. Empezó a ser abordado con regularidad por ellos, y le preguntaban cómo podían -como él- hacer trabajos interesantes y subversivos en condiciones difíciles. Muchos de ellos ya se habían rendido. “Me pregunté qué debía hacer”, dice Panahi. “¿Convertirme en una de esas personas que se sientan a quejarse de lo difíciles que se han vuelto las cosas? ¿O tratar más bien de encontrar una forma? Al final, decidí hacer lo que fuera necesario para seguir trabajando”.

Lo que hizo fue doblar con picardía las reglas de su propio castigo. Primero, hizo un documental sobre sus circunstancias y lo llamó Esto no es una película. “Y luego me pregunté qué más podía hacer”, dice. “Pensé: bueno, puedo manejar, así que puedo convertirme en taxista, pero si voy a ser taxista, bien podría plantar una cámara en el taxi y hacer que los pasajeros me cuenten sus historias”. Así nació su película de 2015 Taxi. Otra película, un pseudo documental llamado No Bears, fue hecha bajo estricto secreto en 2021.

Las mejores películas que se hacen hoy en Irán se hacen en la clandestinidad”, dice. “Y la gente encuentra sus propias maneras de hacerlas: muchos obtienen permisos [aprobados por el gobierno] para hacer una película en particular, pero luego la hacen de otra manera o le agregan un mensaje subversivo”. No guarda rencor hacia las películas más comerciales permitidas por los gobernantes de Irán. “Solo pido que el Estado tolere mis películas al menos lo suficiente como para permitir que se exhiban”, agrega. Solo El globo blanco y su continuación de 1997, El espejo, se han proyectado legalmente en el país.

Le pregunto a Panahi si alguna vez siente una emoción por salirse con la suya y lograr hacer una película por debajo del radar; sea cual sea el contexto que las rodea, ¿es alguna vez un poco divertido? Sonríe. “Sabés, estamos llevando adelante una entrevista seria, pero también nos estamos riendo bastante al mismo tiempo”, dice. “Así es la vida. Si le quitás la risa a la vida, todo se vuelve artificial y se vuelve muy difícil”. Tomo eso como un sí.

Fue solo un accidente es, posiblemente, la película más abiertamente política de Panahi hasta la fecha. Trata sobre Vahid (interpretado por Vahid Mobasseri), un expreso político que ahora trabaja como mecánico, y que está convencido de haber encontrado al hombre que lo interrogó violentamente años atrás. Basa esto únicamente en la voz del hombre y en el chirrido distintivo de su pierna ortopédica, y es consciente de que puede estar equivocado. Aun así, Vahid lo secuestra y luego recurre a otros amigos disidentes para decidir qué hacer con él. Es una película tensa y a menudo impactante -nunca didáctica, pese a sus discusiones circulares sobre la violencia y la venganza-, y construye un clímax atrapante filmado en una sola toma larga.

Las propias experiencias de Panahi en prisión moldearon la historia de la película. “Los prisioneros tienen una experiencia en común y es ser interrogados”, dice. “Nos obligan a sentarnos en una silla frente a una pared, sin nuestro abogado presente y con un interrogador haciendo preguntas desde atrás. Lo que les pasa a los prisioneros es que, en lugar de pensar en las preguntas y responderlas, uno queda absolutamente absorbido tratando de adivinar y determinar quién es ese interrogador. ¿Cómo se ve? ¿Qué edad tiene? ¿Y si veo al dueño de esa voz fuera de la prisión, lo reconoceré?”

Panahi no ha encontrado, hasta donde sabe, a sus propios interrogadores en la vida cotidiana, y no está seguro de cómo reaccionaría si lo hiciera. Pero no quiere que el público quede necesariamente atrapado en las especificidades del argumento; en cambio, quiere que se haga preguntas más amplias después de verla. “Realmente quiero que la gente se enfrente a [la idea de] el ciclo de la violencia”, dice. “¿Debe permitirse que la venganza continúe o tiene que terminar en algún punto?”

Le pregunto a Panahi por las personas que aparecen en sus películas, que suelen ser una mezcla de actores y no actores. Al igual que él, son conscientes de que se están metiendo en un trabajo que podría fácilmente ponerlos en la mira. ¿Les advierte sobre los peligros? Se encoge de hombros. “Saben perfectamente con quién se les está pidiendo trabajar y todos están interesados en hacer algo diferente también”, dice.

Menciona el movimiento Mujer, Vida, Libertad, que comenzó en 2022, y vio al público iraní salir a las calles para protestar contra la represión y la corrupción gubernamental, impulsado por un incidente en el que una mujer fue arrestada por la policía de la moral por no llevar correctamente el hiyab.

“Desde entonces, muchos de nosotros en Irán hemos decidido hacer algo por el movimiento en la forma que sea”, dice. Para Panahi y quienes participan en sus películas, eso se logra a través del arte. “Todos estamos más preocupados por hacer una buena obra que por cualesquiera que puedan ser las consecuencias”.

Como quedó demostrado, las consecuencias han vuelto una vez más para Panahi. Pero no va a -y admite que no puede- trabajar ni pensar de ninguna otra manera. Me cuenta sobre la vez que hizo un thriller psicológico de 30 minutos mientras asistía a la escuela de cine, que prácticamente copiaba el estilo y la gramática visual de Alfred Hitchcock, una de sus primeras inspiraciones.

“Se veía muy bien, pero no tenía alma”, recuerda. Así que, en el que posiblemente haya sido su primer acto real de disidencia, entró a escondidas al laboratorio de cine de su escuela tarde por la noche y robó los negativos de la película. “Y luego los destruí para que nadie pudiera ver mi película”, se ríe. “En ese entonces, por supuesto, nadie sabía quién era yo. Era simplemente uno de muchos estudiantes de cine tratando de encontrarse a sí mismos. Aun así, reconocí que la firma de uno tiene valor, y que no podés ponerla en cualquier película. Sabía lo que significaba dejar tu marca en algo”.

The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Información adicional

El cineasta sigue prohibido en su país pese a sus logros internacionales
Autor/a: Adam White
País: Irán
Región: Asia
Fuente: Página12

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