El salario, la inflación y el desempleo son tres variables centrales de la macroeconomía. Además, son factores que tocan directamente las condiciones de vida de los hogares. La discusión sobre la forma como interactúan en el mundo real es infinita. Las escuelas de economía tienen posiciones diversas, que nunca podrán ser dirimidas. Los ejercicios empíricos no resuelven los conflictos conceptuales.
Los hechos
En diciembre el gobierno aumentó el salario en 23%, que corresponde a un incremento de 17,6 puntos en términos reales. La inflación anual en marzo del 2025 fue de 5,09%, y en marzo de 2026 fue de 5,56%. Y el desempleo va reduciéndose. En febrero del 2026 fue 9,2%, mientras que en el 2022 era 12,9%.
En síntesis, el salario sube, la inflación aumenta y el desempleo baja. La secuencia es: . Esta realidad se puede contrarrestar con dos posiciones diferentes, la del gobierno y la de sus opositores.
Las expectativas del gobierno y de sus contradictores
(i) Los defensores del aumento del salario mínimo, comenzando por el Presidente, consideran que la secuencia lógica debió haber sido: el aumento del salario no impacta la inflación y favorece la creación de empleo. Es decir, . Este es el mundo ideal.
(i) Por otro lado, están quienes critican la versión anterior. En su opinión, el mayor salario mínimo tendría impactos sobre la inflación y agudizaría el desempleo, así que .
Errores en la predicción
Ni el gobierno, ni sus contradictores han acertado. Hasta ahora los hechos muestran que ambos se equivocaron. Los analistas que pretenden predecir el futuro suponen que las interacciones entre las diferentes variables no son complejas. En realidad, las relaciones multicausales son numerosas, y es ingenuo pretender que haya una interacción causa-efecto directa.
La inflación ha subido. Entre otras razones, porque el aumento del mínimo fue desproporcionado. Si la solución para los problemas de los trabajadores fuera tan sencilla como aumentar el salario, todos los países lo harían cada año. Incrementos exagerados del mínimo, como el de diciembre, halan los precios hacia arriba porque hay más dinero circulante y la demanda de bienes aumenta. La inflación no ha sido mayor porque el peso se ha apreciado, y el dólar se ha abaratado. Actualmente está a $3.602, y en octubre del año pasado estaba a $4.040.
En el panorama internacional el dólar ha perdido valor, especialmente por las políticas de Trump. El dólar barato estimula las importaciones y ello reduce la inflación. Esta disminución del valor del dólar ha sido sorpresiva. El año pasado el Ministerio de Hacienda esperaba que hoy el dólar estuviera alrededor de $4.500 pesos. Si el dólar hubiera llegado a este nivel, la inflación sería mayor.
Se equivocó el gobierno al afirmar que la inflación iba a ser menor, pero acertó en que el aumento del mínimo no subió el desempleo. La explicación de la caída del desempleo no es sencilla porque no se conocen las interacciones complejas que se presentan en el mercado laboral. En febrero la informalidad fue de 55,3%, y en las zonas rurales de 83,1%. No existe información suficiente para determinar el vínculo entre el salario mínimo y el nivel de informalidad es imposible de precisar. Aunque el desempleo ha disminuido, los niveles de informalidad continúan siendo muy altos, sobre todo en las zonas rurales.
Quienes criticaron el aumento del salario mínimo afirmaron que esta decisión aumentaría la inflación y hasta ahora tienen razón. La sorpresa ha sido el menor desempleo porque se pensó que aumentaría, junto con la informalidad. Los argumentos que se mencionaron para justificar la relación entre mayor salario y aumento del desempleo son razonables. En el sector formal, especialmente en la micro y pequeña empresa, los costos laborales son importantes, y si el salario sube la reacción más lógica es reducir el empleo, o buscar maneras de evadir la formalidad. De acuerdo con esta perspectiva, la informalidad se debería incrementar de manera sustantiva. No ha sido así.
Un llamado a la humildad
Ninguna de las dos versiones –ni la del Gobierno, ni la de la oposición– lograron describir las secuencias que finalmente se presentaron. Los economistas olvidan, con mucha frecuencia, que en las disciplinas sociales, la multicausalidad y la complejidad de los fenómenos no permiten hacer predicciones. Aunque los resultados siempre desvirtúan las predicciones, se continúan haciendolas. A pesar de que siempre hay errores en las predicciones, la sociedad continúa pidiéndole a los economistas que, por favor, adivinen el futuro.
La pretensión del conocimiento que tienen las ciencias sociales no favorece el diálogo. Los economistas deberían evitar las proyecciones, y la sociedad tendría que dejar de insistirles en que predigan el futuro, porque esta tarea de adivinación siempre lleva a errores. El problema es que a partir de estas proyecciones, como las del Marco Fiscal de Mediano Plazo, se toman decisiones sustantivas de la política fiscal.
14 de abril de 2026



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