No tiene toda la culpa
ras los resultados de las presidenciales toca defender la vida, la paz, la soberanía y la democracia (foto: Iñaki Chaves)

Tras los resultados definitivos de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, los ánimos se quiebran, las lágrimas caen y la esperanza pierde fuerza entre la tristeza.

En Colombia, después de la tormenta electoral no llegará la calma política. En ese escenario, muchas personas, sobre todo algunos políticos, que no han hecho la política que se esperaba, y muchos influenciadores, que no han influido lo que se presumía, han empezado a culpar al candidato del Pacto Histórico por el fracaso.

Un fracaso ‘respaldado’ por doce millones y medio de colombianas y colombianos que creyeron en la vida y que se la jugaron por ella no es tal. Y más en un país en el que las instituciones siguen en manos de la oligarquía tradicional que maneja el establecimiento, y de la que no se podía esperar mucho tras el escrutinio como para que los resultados dieran un vuelco a favor del senador Cepeda.

Que ha habido fraude, es casi seguro, empezando por el propio candidato del “firmes por la patria” que es un auténtico timo político. Pero hasta que los indicios se conviertan en pruebas judiciales y haya alguien con autoridad jurídica que se atreva a respaldarlos, los resultados son los que han sido y, hoy por hoy, inamovibles.

También es cierto, desde el punto de vista de quien suscribe, que Cepeda se equivocó en algunos aspectos fundamentales de su campaña. Como el creerse que ganaría ‘sobrado’, tal como señalaban casi todas las encuestas; el no debatir públicamente y frente a las cámaras con su rival para la presidencia o el no enfrentar cara a cara a su opositor con las armas de que disponía: su inteligencia, su capacidad argumentativa y su programa.

Tal vez no debió privilegiar la corrección política en momentos en los que un ‘tate quieto’ habría causado mejores efectos. Tampoco desmintió con contundencia, en la plaza pública, que hoy no son solamente las calles sino también las redes virtuales, los bulos y las manipulaciones del otro.

Pero lo que no podemos echarle en cara es que sea ético y con principios, cuando es lo que debemos exigir a nuestros políticos, o que se haya mantenido ´firme por la vida y por la paz`. Deberíamos tener un poco más de autocrítica y de responsabilidad política y ciudadana. Parte de sus “culpas” son también nuestras culpas.

Si tenemos que culpar a alguien, debería ser a esa parte de la sociedad que se acomoda, que es tibia, que no toma partido y que prefiere obedecer y creer lo que le venden los poderes, con el mediático a la cabeza, que pensar y ejercer la libertad y defender los derechos que tanto reclamarán cuando los pierdan –ojalá que esto último no suceda—.

También habría que responsabilizar a las personas que no ejercieron su derecho al voto, a pesar de los posibles beneficios por cumplir con ese derecho constitucional –laborales, académicos y económicos, tal como establecen las leyes 403 de 1997, 815 de 2003 y 2019 de 2020—, y a las estúpidas que, siendo pobres y tontas, lo hicieron por quienes son culpables de su empobrecimiento.

Un poco de por favor. Cepeda no será perfecto, pero es íntegro y defiende la vida y la paz con pasión y convicción, que es lo que ha hecho, a su manera, durante toda la campaña. Que ha sido, en cualquier caso y con sus errores, una lucha ejercida con más fe y fuerza que las de la mayoría que ahora le critican.

Estamos hundidos en esta tusa electoral y ahora se vienen cuatro duros años de tormenta política en los que habrá que remar a contracorriente y en los que tendremos que saber nadar y guardar la ropa. Deberemos cuidarnos desde la juntanza y la solidaridad para seguir defendiendo en las calles la vida, la paz, la dignidad, la soberanía y la democracia. No será fácil.

No nos olvidemos de Gaza, de Cuba, del Líbano y de Venezuela.

Información adicional

Autor/a: Iñaki Chaves
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Pateras al Sur

Leave a Reply

Your email address will not be published.