Ley o dictadura Pathé
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En el periodo entre 1900 y 1909 se dará en Francia, el gran ascenso económico del empresario Charles Pathé. Este industrial nace en 1863 y muere en 1957. Testigo y a su manera, protagonista de su época, llegó, según el pionero de una historia del cine mundial, Georges Sadoul, a formular el entramado del primer modelo de cine industrial, propiamente dicho, a escala mundial, desde el epicentro de la ciudad de Vincennes, en Francia. Alrededor de 1909, ya planteaba con idealismo empresarial lo que podía llegar a ser la sociedad del futuro: “El cine es el periódico, la escuela y el teatro de mañana” (1).

Una afirmación que prometía más para su negocio particular que para la evolución de un arte del cine. Siguiendo al mismo Sadoul (2) podemos aclarar que Charles Pathé significó la enunciación de un primer modelo de cine industrial, que durante el siglo XX se impuso como organización del negocio del cine, con su propia noción del cine mismo como actividad social y en su concepto utilitario de arte de masas. Pinceladas clave de ese primer modelo industrial, podemos señalar, ante todo, el cine como negocio, debe ser una organización que gire y sea dirigida por el empresario, por el tipo de productor utilitario que administre la producción, venta y posicionamiento de las películas, en un entramado comercial, que entienda la participación de las masas en el negocio como tal.

Pathé planteó y llevó a su práctica el concepto de especialización concreta de las tareas, tanto en la administración de la organización industrial del negocio, como que haya especialización en quien realiza las películas, en la distribución o las tareas de quien negocia las películas a nivel local, nacional e internacional, así como en la exhibición o en el contacto directo local, con el público y en salas especializadas para la presentación de las películas.

No dejó de significar una planificación del tipo de películas que finalmente se autorizaba producir dentro del modelo industrial del negocio. Un primer modelo histórico de industria cultural del cine y nos interesa enfatizar, que ha seguido influyendo en todo el mundo, desde ese momento al día de hoy, siglo XXI, que nos creemos tan, supuestamente, liberados de los prejuicios y estructuras sociales del siglo XX. 

Pero no nos quedamos en 1909. Vemos cómo el primer modelo de cine industrial de Pathé, se hace más patente y despiadado, gracias a la tecnología actual, en el siglo XXI, en la industria cultural del audiovisual. La frase de más de cien años, que desafía: “El cine es el periódico, la escuela y el teatro de mañana”, tiene más impacto hoy que en 1909: el audiovisual, fácilmente, constituye más del 85 a 90 por ciento de toda la información que recibe, por lo general, el ciudadano de hoy, a través de internet o la televisión; se desmorona, sin que nadie ni lo planifique sensatamente así, ni explique por qué, la educación tradicional presencial; se desmoronan gran parte de las relaciones sociales de producción presenciales, a través del trabajo remoto a través de internet; la imagen en movimiento del cine, ya era para Pathé el anuncio del cine como epicentro de un nuevo modelo de sociedad.

En el curso del siglo XX, ni Pathé ni las nuevas generaciones vieron totalmente ese reemplazo de lo presencial en el teatro, en la escuela y no afectó la producción del periódico impreso. ¿Qué diría Pathé, si despertara hoy, y viera que su comercial frase tiende a cumplirse, a pesar de lo que sea más sensato hoy, mucho más que en 1909?

Con respecto al cine, Charles Pathé tenía una formación y vocación de comerciante capitalista: de familia de fabricante de embutidos; aprendió oficios rentables con la sola práctica en la carrera, de hacer para vender y acumular capital, para saberlo invertir donde diera más ganancia. Dejó en su juventud el negocio de los embutidos, de sus padres, por físico asco por sus carnívoras tareas; probó suerte con distintos oficios operativos en Francia y en Argentina, hasta la saciedad de una fiebre amarilla, que lo hizo volver a su punto de partida. 

Su olfato hambriento de negocios rentables cueste lo que cueste lo llevó, después de 1.898, a vender ruido rentable en cilindros para el espectáculo sonoro en algunas provincias, con el negocio del fonógrafo itinerante. Su olfato comercial le permitió reunir un primer capital de acumulación primaria y en asocio con capitales de inversionistas más fuertes del momento, en ese periodo 1900 a 1909, se dio cuenta que la rentabilidad estaba en el naciente espectáculo del cine para las masas. Primero, las masas obreras ninguneadas, que veían el cine como pura novedad y luego de 1907, segundo, lanzarse a conquistar las clases medias y altas, con una invención comercial de un “cine de arte”, haciendo películas que “llevaran a la pantalla”, clásicos conocidos saqueados del teatro y de la literatura. Palabras más, palabras menos, este es el perfil de lo que visualizó, en ese periodo, el comerciante Charles Pathé y que en su momento le permitió diseñar y echar a andar esa industria cultural del cine, que lo convirtió en el monopolio más grande, a nivel mundial, de la producción de cine comercial, por lo menos, hasta la Primera Guerra Mundial, en 1914.

Hoy, la tecnología digital, la ascendente era de internet, la salida del mercado del régimen de producción de cine basado en celuloide, están confirmando la frase mercaderil de Pathé como Ley Pathé del modelo de sociedad que se vislumbra en la actualidad, y que simplemente se puede parafrasear así: “El audiovisual –digital- es el periódico, la escuela y el teatro del futuro, que ya está aquí”. Pero no vayamos tan rápido, ganemos lentitud indispensable para mirar con detalle, ese futurismo comercial, esas cuentas alegres que llenan los bolsillos de dinero del monopolio industrial y lo llenan porque ingenuamente las distintas masas de espectadores, nos comimos sin digerir el cuento de solo consumir y consumir espectáculo audiovisual. ¿Qué hay más allá de esa Ley o Dictadura Pathé de los medios audiovisuales, convertidos en un solo medio digital y por internet?

Aparentemente, esa dictadura del medio audiovisual digital, por internet, ahorra tiempo, ahorra trabajo, libera tiempo para que el consumidor viva más tiempo con su familia o pueda tener entretenimientos. Sin embargo, una dictadura es una dictadura. Por lo pronto, demoramos mucho más tiempo haciendo una tarea por internet, y qué decir mucha gente que no ha tenido el debido entrenamiento; por ahora, muchas veces demoramos más tiempo interpretando las rutas para lograr un resultado digital en el trabajo habitual; definitivamente, el acoso diario, con o sin internet, no libera tiempo para que el usuario habitual gane tiempo para su familia o para sí mismo, ni siquiera hay tiempo, para tener un plan con el supuesto tiempo libre ahorrado; se va demasiado tiempo aprendiendo los lenguajes digitales y actualizando permanentemente los programas por internet. Sin contar con el tiempo que se invierte en evadir los sabotajes por internet.

El cine hoy ya no es lo que fue el arte del cine de autor, que tuvo sus pioneros en Lumiére o Murnau, antes de 1954, cuando la Nueva ola francesa declara el concepto de política de autor de cine, y que llegó a tener un ascenso y rico desarrollo hasta el simbólico año de 2007, donde el cine de autor conocido, defendido y defendible, cerro su ciclo con la muerte emblemática de tres grandes nombres de directores, ese año: Ingmar Bergman, Ousmane Sembene y Michelangelo Antonioni. Ya parecen nombres y referencias arqueológicas y ya ni los estudiantes de cine, identifican estos conceptos y estos nombres.

Hoy el cine ha cambiado tanto, que ya solo hablamos en rigor de audiovisual. Hoy en todo el mundo se produce, afortunadamente, mucho más audiovisual: no es una sorpresa para nadie; cualquiera hace un video en celular, pero de ninguna manera esa apertura y acceso, hace a nadie cineasta. ¿Qué diferencia hay entre cualquiera que hace muchas fotos con celular todo el tiempo y para cualquier evento, y la trayectoria de un fotógrafo de profesión y temperamento? La diferencia que implica esta pregunta nos permite evaluar la diferencia entre tener acceso técnico masificado y educarse para producir un resultado profesional, tanto en fotografía, como en el problema del periodismo, de la educación, del teatro y en la esencia misma de lo que la historia del cine ha conquistado del cine como arte.

Cualquiera hace un foto de cualquier evento que ni siquiera necesita planificación, solo oportunidad y con el respectivo celular. Eso no está mal. Pero no deberíamos perder la perspectiva de un resultado profesional; no por ese acceso generalizado, podemos hacer la cuenta alegre de que el profesionalismo educativo murió, o dejó de tener significación y vigencia. En principio, hemos caído sin aviso, en una época donde volvimos a cero técnico: abandonamos todo un régimen de producción basado en celuloide para el cine y la fotografía y volvimos a cero de buenas a primeras, para aprender el oficio.

Estamos desestimando lo que la humanidad ya sabía sobre el arte de la fotografía o del cine, y los negocios transnacionales del audiovisual han, no solo, inducido e impuesto un modelo monolítico y monopólico de la producción de audiovisual, sino que han dejado la apariencia de que no necesitamos estudiar y saber, lo que la humanidad ya había refinado, sobre el arte de la fotografía y el arte del cine.

¿Dónde está la diferencia entre la imagen de oportunidad y el producto profesional? Para la foto de oportunidad la máquina trae incorporado un mecanismo que te ayuda a cuadrar una iluminación mínima para un resultado promedio de foto de ocasión. No está mal. Pero estos resultados de oportunidad, no sustituyen el producto profesional de esa persona que ha necesitado el tiempo indispensable para tomar una serie de decisiones, y conseguir un resultado con aspiración profunda estética y de creación de relato visual. 

Solo mencionar el concepto profesional del llamado instante decisivo que identificó así Cartier Bresson: toda la preparación, la educación del ojo y del manejo técnico de la máquina para registrar el momento sublime de un motivo ante la cámara. Cualquiera toma desde cualquier ángulo, cualquier motivo o evento, sin pensar dos veces ni un tiro de cámara, ni un ángulo de toma, ni mucho menos planificar la composición. Estas son decisiones de quien se forma toda su vida para lograr imágenes producto de esa planificación de decisiones, para capturar el motivo en el momento justo y de la manera justa; ese instante decisivo que solo el ojo educado y la paciencia educada, le permiten al fotógrafo, imágenes únicas de momentos únicos. Esto no depende de la técnica ni del aparato tecnológico; esta imagen por instante decisivo depende exclusivamente del humano educado para capturar a través de las decisiones técnicas, una creación de imagen. 

Es decir cada concepto de la dictadura de Pahé tiene su esencia y su encanto: el periódico impreso es insustituible como selección de temas, como artículo manipulable y portátil de información y como naturaleza de la profesión de comunicar a través del lenguaje escrito y la fotografía; la escuela presencial ha sido insustituible desde su mismo origen, si se quiere hablar del taller renacentista típico del siglo XIV al siglo XIX, o si se quiere hablar del origen mismo de la Universidad occidental, o de la escuela de formación de la Academia de Platón: el contacto presencial entre el mundo del maestro y el mundo del aprendiz. ¿Qué decir de la esencia y del encanto igualmente del teatro? Que desde su origen en oriente o en occidente, el teatro es presencial, con la estructura de un escenario y un auditorio, es insustituible por esa bondad esencial de quien comprende esa naturaleza de espectáculo vivo. ¿Entendía Pathé la naturaleza insustituible en su esencia del periódico, de la escuela y del teatro? Solo tenía formación para cazar negocios a ultranza, no para cultivar lo ontológico propio de actividades que en su especificidad histórica, tanto han aportado a la evolución civilizatoria de la humanidad.

Hoy, estamos en el punto en que debemos elegir entre la dictadura Pathé del audiovisual unificado, generalizado, excluyente industrial y monopólico, de solo un tipo de películas comerciales, que hablan de un solo tipo de sociedad, que sustituya el contacto presencial cada vez más, que sustituya la misma presencia humana en las tareas de cada actividad, reemplazando al humano por la máquina robótica electrónica, o, no desconocer ese avance electrónico y de Inteligencia artificial, pero priorizar lo humano, priorizar la presencia humana del individuo como trabajador, como epicentro de interés de un modelo humanizante y no deshumanizante de sociedad.

(1) Sadoul, Georges; Historia del cine mundial; Siglo Veintiuno Editores; México; 2002; capítulo III; p. 46 

(2) Sadoul, Georges; ibíd., pp. 35 y ss

Información adicional

Un medio masivo como epicentro de un modelo de sociedad:
Autor/a: Ricardo Méndez Morales
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