Los resultados electorales del 21 de junio, a contramano de las tendencias recientes en el país, “latinoamericanizaron” la política nacional. El gobierno entrante se alinea ideológica, política y aspiracionalmente con la reciente ola de gobiernos de la nueva derecha en la región, así como con facciones del bloque hegemónico Maga estadounidense, bien sea por alianza o por sumisión. ¿Qué esperar y cómo reorganizar los procesos democráticos ante estas transformaciones?
Son múltiples las preocupaciones que con razón se levantan desde diversos sectores sociales ante los probables retrocesos en derechos sociales, políticos, económicos, ambientales e incluso humanos que parecen ser las banderas de la administración entrante. Ante esas incertidumbres materiales, resulta difícil poner la atención en la declarada “contrarrevolución cultural”, principio político fundamental de la nueva administración.


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