Martínez es el jefe de redacción de El Faro, el medio de comunicación que ha iluminado las partes más sombrías del régimen de excepción de Nayib Bukele en El Salvador en los últimos años. Desde el exilio en México publicó este año Bukele, el rey desnudo (Anagrama), que ofició de disparador para esta conversación con Brecha, en la que advierte: «Si usted quiere eso que llaman el modelo Bukele, tiene que aceptar que el día que se lleven a su hijo, que es inocente, usted no se va a quejar».
—Asiete años del comienzo del primer gobierno de Bukele, ¿cuál es la situación hoy?
—Él ya controla todo el Estado. En El Salvador no hay más contrapesos. Y esto no es un decir, no es una creencia. Bukele impuso a su fiscal general ilegalmente, impuso a los magistrados de la Sala de lo Constitucional, modificó todo el sistema electoral, ha hecho varias modificaciones que, básicamente, lo que hacen es que para un partido de la oposición –que son minúsculos ya– sea mucho más difícil conseguir meter un diputado, por ejemplo, o un alcalde. Bukele ya reformó la Constitución, ya reformó la forma en la que se reforma la Constitución. La carta magna ya no es más una Constitución, sino un libro de los deseos de Nayib Bukele. Ya hay más de 53 periodistas en el exilio, según la Asociación de Periodistas de El Salvador. Hay decenas de presos políticos y, según el grupo de expertos de Naciones Unidas,1 hay, a estas alturas, indicios fuertes que permiten concluir que en las cárceles del régimen y en el régimen mismo se han cometido crímenes de lesa humanidad. Y, finalmente, 2 de cada 100 salvadoreños están en las cárceles; todos ellos en juicios secretos, cuyos expedientes son secretos y sus procesos son secretos. Hay juicios masivos de hasta 900 personas en una sola sala, personas que no se conocen entre sí. Dicho esto, Bukele sigue sosteniendo una enorme popularidad, sigue siendo alguien que en las encuestas sale igual de querido que de temido. En la encuesta que hizo la universidad jesuita [Universidad Centroamericana José Simeón Cañas], Bukele y su régimen tuvieron arriba del 80 por ciento de popularidad. Pero cuando a la gente le preguntó si pensaban que podían sufrir alguna represión si hablaban mal del gobierno, cerca del 63 por ciento dijo que sí. Eso es amor con miedo. En términos de independencia electoral, El Salvador ya está en todos los índices electorales de América abajo solo de dos países: de Venezuela y de Nicaragua. En Nicaragua ya decretaron que ni siquiera hay elecciones; con eso podés imaginarte el barómetro.
—Cada vez son más los políticos de la región que elogian la política de seguridad salvadoreña. Algunos hablan de importar el modelo a sus países; otros se limitan a hablar bien de algunas aristas de la política. ¿Pensás que es posible importar una parte del modelo Bukele sin todo lo que trae aparejado?
—Bukele logró en El Salvador exterminar a las pandillas. Eso es un hecho. En El Salvador no hay más pandillas como las conocíamos. Bukele, con su régimen de excepción, las desarticuló. La pregunta es: ¿a qué costo? El modelo Bukele fue pesca con dinamita. El régimen de excepción es eso. Claro que vas a pescar algunos peces de los que querías, y vas a matar a un montón de la fauna marina. Bukele lo que hizo fue desatar los poderes del Estado represivo para que capturen a quien fuera. Encarcelaron a 97 mil personas en menos de un año. En las cárceles se permite la tortura, se amplió el proceso hasta siete años para que pases preso sin tener una condena, se sustituyó a todos los jueces. Es decir, en cualquier sistema que conservara contrapesos y el debido proceso, el 50 por ciento de la gente capturada en el régimen estaría libre, con lo cual no sería elmodelo Bukele: sería un modelo eficiente de persecución del crimen. En 2024, cuando Bukele asumió su segunda presidencia inconstitucional, violó cuatro artículos de la Constitución que no podían ser más claros, donde se afirmaba que alguien no podía estar más de cinco años en el poder, ni un día más. ¿Por qué a [Daniel] Noboa, que dice haber importado a Ecuador el método Bukele, no le sirvió, no le funcionó? Yo te respondo por qué: porque el método Bukele no es un arquetipo de ideas. Primero empezó con un pacto con las pandillas –aunque fuera secreto y está comprobado hasta por las autoridades estadounidenses que sancionaron a dos funcionarios– y luego terminó con un régimen de excepción. Bukele, más que ideas, tiene ocurrencias. La única regla del modelo Bukele es: todo el poder a un hombre. A Noboa no le funcionó porque él no tiene todo el poder.
—Concretamente, ¿cómo es el patrullaje territorial de las fuerzas de seguridad hoy en El Salvador?
—El Salvador es desde hace años un Estado policial. Hace un par de años redujo en 130 millones el presupuesto de educación y salud para otorgárselo al Ejército. Una de las primeras cosas que hizo fue ganarse a los militares, tenerlos de su lado, y también controla el comité de ascensos [encargado de decidir sobre las promociones militares]. Es decir, Bukele decide quién se convierte de almirante en contralmirante, quién pasa de coronel a general, etcétera. Bukele controla todo. Las calles están llenas de militares, de policías; un Estado donde el Ejército ya cumple una función de seguridad ciudadana.
—¿El Ejército tenía tareas de seguridad en gobiernos anteriores?
—Había lo que llamaba patrullas conjuntas: tenía que ir un policía y podían ir dos militares, sobre todo en el año 2015. Con Bukele ya el Ejército está plenamente integrado, o sea, tenés al ministro de la Defensa [Nacional], que es un militar, un contralmirante, con un fusil patrullando las calles y siendo filmado por dron. Ahora, El Salvador es, sobre todo, un Estado policial porque la policía puede llevarte porque sí. Cuando empezó el régimen, como eran conscientes de las tropelías que iban a cometer, lo primero que impusieron fue lo que en El Salvador se llama reserva total, una orden judicial de que no se puede revelar ningún caso de arresto, ningún fragmento de lo que se está juzgando, de las pruebas, en ningún momento. Eso, quien lo revele puede incurrir en un delito. A nosotros [El Faro] no nos importan las reglas del régimen. Entonces, obtuvimos 690 expedientes. En muchos de esos expedientes solo decía: «Mostró nerviosismo». Eso es todo lo que decía. Había otros en los que solo venía el número de documento único de identidad. Es decir, no habían hecho el esfuerzo esos policías y soldados ni siquiera de escribir un reporte de una línea diciendo por qué carajo habían agarrado a esa gente. Eso es un Estado policial, es un Estado donde la Policía, el Ejército, los cuerpos de seguridad tienen muchas más herramientas para capturarte que vos para defenderte.
—En tu libro más reciente marcás dos discursos: el del 4 de febrero y el del 1 de junio de 2024, cuando Bukele asumió su segundo mandato. ¿Por qué te parece importante destacarlos?
—Yo creo que en algún momento me puse demasiado concesivo con Bukele. Creo que Bukele ya había acumulado todo el poder en mayo de 2021, cuando ilegalmente destituyó al fiscal que lo estaba investigando. Todos esos fiscales están ahora en el exilio, los que investigaron la corrupción y los pactos de Bukele con las pandillas. Yo creo que, ahí, cuando controlás todo el poder, sos un dictador. Yo marco esos dos momentos porque esperé hasta los últimos momentos, cuando se eliminara cualquier formalismo administrativo de la democracia republicana. Cuando Bukele compite en las elecciones de 2024, él ya viola la Constitución, cuatro artículos. Si ni la Constitución está por encima de vos, ya no hay nada.
—¿La primera muestra del perfil autoritario de Bukele no fue la pantomima de toma de la Asamblea General en febrero de 2020? Fue antes de tener el control parlamentario en 2021 y de saltarse la Constitución para ser reelecto.
—La Asamblea seguía oponiéndose a él. Todavía había una Corte Suprema de Justicia, que en 2020, por ejemplo, decretó que muchas de sus decisiones en la pandemia eran inconstitucionales. Todavía había unos frágiles contrapesos, pero había. Había muchas alcaldías en poder de otros partidos. Creo que la de la toma de la Asamblea, cuando la usurpa con militares y con gente que lo filmaba desde todos los ángulos, y con drones, es la imagen más sincrética de Bukele. Eso es Bukele: mucha publicidad, Dios, militares y esa entelequia a la que él llama el pueblo. Ahí estaban todos los elementos con los que Bukele ha construido su poder.
—En el libro relatás también cómo la toma de la Asamblea Legislativa terminó siendo impulsada por memes…
—Nosotros publicamos esa historia, la investigamos durante más de un mes en El Faro y la documentamos. Él toma la Asamblea Legislativa para escapar de una narrativa en redes sociales que no le convenía. Yo creo que tiene una gran habilidad como publicista. Logra que la gente vea hacia donde él quiere que vea. Te pongo un ejemplo: el Cecot [Centro de Confinamiento del Terrorismo]. En El Salvador hay 22 cárceles; ¿por qué el mundo solo quiere ver una? Porque es la que Bukele les enseña. Bukele quiere que el mundo la vea y el mundo la ve, y llegan de Estados Unidos youtubers y periodistas que creen que tienen una exclusiva. Cada vez que entran les dan un safari humano sin hacer una pregunta y les sacan a pandilleros a dar entrevistas con el torturador a la par. Y los periodistas creen que están haciendo una entrevista interesante.
—¿Y qué pasa con las otras 21 cárceles de El Salvador?
—Al menos en 14 de ellas donde hay presos del régimen el hacinamiento es total. La organización Socorro Jurídico Humanitario ya documentó 537 cadáveres que han salido de ahí desde 2022. Muchos de ellos –como nosotros en El Faro hemos documentado– han salido con señales de tortura. El último que documentamos era el de un muchacho que no tenía ningún antecedente penitenciario, que tenía antecedentes judiciales de haber sido víctima de las pandillas y que sale con un agujero en el pecho que le atraviesa todo el cuerpo. Todas las autopsias firmadas por los forenses del régimen dicen lo mismo: murió por edema pulmonar, que es como decir que te moriste porque dejaste de vivir. Porque el edema pulmonar es el producto de algo, de una golpiza, por ejemplo, que te inundó de sangre los pulmones.
—Hay quien dice que no existe el modelo Bukele, sino el llamado producto Bukele. ¿Cómo lo ves?
—En esencia, lo que tiene es un proyecto autoritario y va a hacer lo que sea para lograrlo. Si es necesario, va a vestirse de rojo y va a decir que el Che Guevara era lo mejor que existía, y que Nicaragua era el modelo que teníamos que seguir en Centroamérica; luego va a decir que es mejor [Donald] Trump y el Heritage Foundation y el movimiento MAGA [Make America Great Again]. Bukele va a hacer lo que tenga que hacer para lograr cumplir la única característica de su proyecto político: conservar el poder absoluto. Entonces, claro, eso te lleva a ser un producto muy alterable y un producto con muchos rasgos vacíos.
—Hablando de lo que vende, te llevo más atrás, a su primera campaña. ¿Qué características del descontento y la impotencia del electorado y de la población salvadoreña creés que logró canalizar Bukele para ser electo presidente? ¿Qué sucedía con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional [FMLN] y Arena, partidos tradicionales de El Salvador, cuando Bukele ganó su primer mandato? ¿Cómo era el sistema político salvadoreño?
—Yo creo que había señales de que Bukele se venía. Lo que pasa es que la población salvadoreña, con toda razón, estaba tan harta de los partidos de la posguerra… Se robaron todo lo que pudieron, nos convirtieron en el país más homicida del mundo varios años seguidos. Nos dejaron, en un momento, en 2015 con una tasa de 106 homicidios por cada 100 mil habitantes. Eso es como que asesinen a uno de cada 970 habitantes. Era una barbaridad. Fueron corruptos; los últimos cuatro presidentes estaban acusados de corrupción. Es decir, la gente estaba harta, los detestábamos profundamente, electoralmente ya nadie los quería, nadie los quiere. El FMLN ahora, que fue un partido que gobernó durante diez años el país antes de Bukele, no tiene ni un diputado. Y su mayor cargo es una concejal de la alcaldía capitalina, que es un cargo con cero trascendencia. Se ganaron lo que tienen porque fueron ineptos y corruptos. Ahora, Bukele, con todo ese poder, pudo haber ocupado su popularidad para otra cosa. Bukele la ocupó para decirle a la gente algo: «Te quité el problema de las pandillas y a cambio solo te lo pido todo». Todo el poder, no quejarte, que me dejes encerrar a quien quiera, que me dejes quitarles derechos civiles y otorgarles prerrogativas a los militares y a los soldados, y mantener ese régimen de excepción hasta cuando me dé la gana.
Esto lo tienen que saber los uruguayos: si usted quiere eso que llaman el modelo Bukele, si usted quiere la forma de Bukele, usted tiene que aceptar que el día que se lleven a su hijo, que es inocente, usted no se va a quejar. No tiene derecho a meter un habeas corpus, porque la Corte Suprema de Justicia no lo va a resolver porque está a favor de Bukele. No tiene derecho a exigir para su hijo que no lo juzguen con otros 900 criminales. No tiene derecho a que el Estado le ofrezca una defensa efectiva. La gente en Uruguay –eso, obvio– anhela una mejor vida, tiene derecho a anhelarla, y cree –yo creo que la gran mayoría con profunda ignorancia– que ese anhelo se lo puede suplir alguien como Bukele.
4 septiembre, 2026


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