Escribo este texto como un académico e investigador que ha buscado contribuir al desarrollo de una postura crítica desde los oprimidos. Este tipo de posturas son adquiridas en el medio de una historia que no deja de ser contingente: encuentros con injusticias estructurales, con libros, con maestros que marcan ciertos precedentes, etcétera. Lo cierto es que una de las pasiones que me mueven en la vida es la de comprender y, en muchos casos, esta pregunta nos invita a no solo mirar qué ocurre con nuestros adversarios, sino también en nuestros propios campos de sentido, en nuestro lugar de construcción de preguntas e hipótesis en las que queremos contribuir, como académicos de izquierda, en la construcción de un horizonte estratégico para la acción política.
Por supuesto, estamos en un punto de inflexión de las derechas a nivel global que ha tocado a Colombia. Asistimos a procesos muy avanzados de concentración y acumulación del capital, ligado al avance de la intensificación de la producción –a través de la automatización algorítmica de la IA y las redes sociales– y de la pérdida de empleos. Pero también, hemos llegado a un punto que me gustaría llamar, a modo de hipótesis, de “completitud del capitalismo”. Desde mi punto de vista, el ascenso de la extrema derecha en Colombia puede comprenderse desde un capitalismo que no ha devenido poscapitalismo, tecnofeudalismo, capitalismo gore, sino la finalización de la generalización de la forma valor en las relaciones sociales. Sé que existe la tentativa de hablar de fascismo, de necropolítica, etcétera. No quiero desmeritar este tipo de análisis, sin embargo, creo que, si nos quedamos allí, no comprenderemos la nueva forma de terror en la que está situada la humanidad en nuestro presente.



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