Economía geopolítica de la crisis organica del capitalismo

Escribo estas líneas desde el sentido común. La idea es escapar de alguna manera de la trampa del lenguaje teórico y técnico convencional. A quienes se ocupan de los asuntos económicos, se nos exige rigor teórico y técnico. Tal exigencia esconde un propósito ideológico. Es una suerte de imposición cultural. Leer, expresar y pensar debe ser una elección libre y el lenguaje que empleemos debe acercarnos. Pero los términos en que se nos exige hablar y como representemos la realidad económica nos son impuestos. El lenguaje es desprovisto de la neutralidad de medio, para convertirse en un medio de dominación de clase, patriarcal y excluyente.

Les invito a hacer el esfuerzo por entender qué es la modernidad capitalista. Pero antes, hagamos una breve reflexión en torno a la infalibilidad de la teoría económica. La teoría neoclásica se sostiene en la ‘falsa idea’, de que el objeto de la economía es lograr la asignación eficiente de los factores, la distribución del ingreso y alcanzar el bienestar para las mayorías.    

Los indicadores macroeconómicos a nivel global dicen, que solo el 2% de las personas a nivel mundial ostenta la propiedad de cerca del 76% de la riqueza mundial. La cartografía económica muestra una distribución global de la riqueza y los beneficios diferencial e inequitativa, entre los países del centro y periféricos. La distribución de la propiedad y del ingreso es marcadamente diferente si se trata de un país desarrollado o uno subdesarrollado.  Colombia continúa siendo uno de los países más inequitativos del mundo; el nivel de concentración de la riqueza es abrumadora, el 48% de los ingresos anuales se concentra en 1975 sociedades y algo menos de 25 mil persona naturales. Cerca del 48% de la riqueza y el ingreso se concentra en el 3,6% de la población. El coeficiente de Gini para 2025 se ubicó en 0,531, lo cual indica que el nivel de concentración de la riqueza tiende a aumentar, a pesar del leve descenso registrado en los últimos tres años.

Entre 1970 y 1990 se produjo una nueva división internacional del trabajo, se trató del reacomodamiento del mercado mundial. Con la caída del muro de Berlín (o el socialismo real) la División Internacional del Trabajo que venía gestándose desde mediados de los 70 da forma al modelo neoliberal, la consolidación de la relación centro –periferia, subdesarrollo-desarrollo, etc., y a la globalización y la implantación de la ideología del libre mercado. La estética de la economía capitalista en los países de América Latina en el contexto de la liberación económica toma la forma reeditada del libre mercado, el desmonte de las barreras comerciales y la reestructuración de los Estados Nacionales. Mientras tanto, la estetización de la economía avanza en la  explotacion de las emociones y la experiencia sensorial, ahora y siempre convertidos en valor económico y competitividad en los mercados modernos.

El neoliberalismo debe entenderse como un modelo estético de la economía de mercado, que aparece en un momento en el que la economía capitalista necesitaba renovarse y consolidar su hegemonía global. La consigna de guerra, nada justifica la existencia del Estado benefactor y de intervención. ¡No se justifica!

En el simposio de “Geopolítica en la época de los monstruos”, que se celebró en la semana del 23 de octubre en la  Universidad de Kioto, Japón, la economista marxista Radhika Desai exhortó a los allí presentes a darse cuenta de que las elites mentían deliberadamente, las elites, en las que incluyó a los científicos e intelectuales. Ellos y ellas “nos mienten”, dijo. Y nosotros le mentimos a la humanidad.

Creo que todos coincidimos con  Radhika en que realmente estamos engañados, ignoramos y no estamos realmente informados, la humanidad no conoce y no esta enterada de las monstruosidades que han cometido las elites capitalistas. Nos han hecho creer “que solo existe una filosofía general de la economía y una teoría económica. Nos han hecho creer, que los enfoques se dividen entre los que proclaman la vigencia el núcleo duro de la teoría neo-walrasiana y los que defienden la vigencia de los postulados de Keynes”. A mi modo de ver allí está la trampa, en la que hemos caído impávidos las y los estudiosos, los intelectuales de la izquierda. Nos hemos creído el “cuento” del fin de la historia.

El neoliberalismo y su violencias nos derrotaron ideológicamente, al movimiento obrero, campesino y popular. Nos han privado de pensamiento crítico, pero más terrible aún, del deseo de pensar.

Nuestra conciencia teórica fue condenada a no ser. Los técnicos del Banco Mundial, FMI, OCDE, etc., dicen con insistencia que el capitalismo es el único orden social y económico posible. Que el rol del Estado Nación es determinante para alcanzar la estabilidad económica o mantener al crecimiento la tasa de ganancia. Que en el mercado y no en el Estado se funda la esperanza de bienestar de la sociedad democrática. Y que, el rol del Estado en la economía consiste justamente en garantizar la estabilidad económica para que el mercado pueda cumplir la función social de distribución de los beneficios del producto social. Quienes estamos aquí sabemos, que no es así. ¿Verdad?

Lo dicho antes me permite decir que la discusión sobre el presupuesto de 2027 debe dirigirse, desentrañar su propósito ideológico y político. Quiero darles una noticia, el presupuesto muestra un ligero viraje en la política fiscal. Después ustedes entenderán por qué digo que es ligero. Lo importante, por lo pronto, es que nos demos cuenta que el presupuesto tiene un componente ideológico. El coste neto del ajuste fiscal recae sobre las rentas de trabajo (formal e informal). El gobierno pasado lo intento, somos testigos de eso, trasladar la responsabilidad y el coste fiscal a los capitalistas. No lo logró. Primero. la correlación de fuerzas, de siempre, ha sido desventajosa. Hubo ingenuidad, se perdió de vista que el poder fiscal del Estado no es potestativo únicamente del gobierno. Y que el gobierno presupuestario no solo depende de cómo opera la correlación de fuerzas y la división de poderes del Estado, sino, además, que las reglas del modelo económico son del orden constituciónal. Que la deuda o el déficit fiscal limitó el espacio de gestión presupuestario por parte del gobierno.

Saben, comparto la opinión de quienes afirman que es necesario pensar en términos de la economía política y no meramente en términos de la teoría. Pues, no se trata solo de sacar de la pobreza a la población peor situada. También de liberarla de la necesidad y la opresión.

Los economistas y tecnócratas, los trabajadores, los campesinos, las mujeres, etc. creen en la “monstruosidad” de la misión civilizatoria de occidente, en la democracia, en esas cosas como que el capitalismo tiene rostro humano. Obvio que lo tiene, y su rostro humano hoy es el fascismo. El fascismo es una creación humana. Las monstruosidades toman, también, la forma de fenómenos como la colonización, el pillaje, el genocidio, las más sofisticadas formas de dependencia económica, como la deuda externa. Pregúntense, ¿con qué finalidad el gobierno a dispuesto volverse a endeudar con el FMI?

Quiero proponerles algo, que pensemos la realidad en términos de economía geo-política. Es necesario entender y comprender qué esconde ese orden que se configura a partir del deseo de dominio imperial “gringo”. Voy a decir que el fascismo es la manifestación sintomática de la crisis organica del capitalismo: crisis civilizatoria y climática. Tenemos que adentrarnos en la economía geopolítica de la crisis orgánica del capitalismo. Es clave que nos ocupemos de manera urgente de revisar críticamente ¿cuál ha sido la trayectoria del capitalismo desde el origen a su fin, o la crisis orgánica? Es decir, ahora. El sistema está dando muestra de incapacidad para sostenerse en pie, solo puede hacerlo por la fuerza (el Escudo de las Américas, la guerra ilegal contra Irán, la intromisión-manipulación de los procesos electorales, invasiones, etc.) 

La crisis –orgánica– está en curso: un gobierno de extrema derecha que decide volver a ser acreedor del FMI y adherir al Escudo de las Américas son prueba de ello. No perdamos de vista, que el dominio imperial es militar y económico. No es otra la forma como el imperi puede hacerse, ya no solo al dominio de los yacimientos de minerales críticos y recursos estratégicos como el agua, sino también al dominio territorial y de los Estados-Nación. Las elites representadas en el gobierno De la Espriella están entregando lo que quedaba de soberanía del Estado-Nación y el territorio, y eso se está materializando en la perdida sistemática de autonomía fiscal del Estado. El gobierno no gobierna la política económica, como tampoco la política de seguridad y defensa. El decreto de presupuesto, la Ley de emergencia y de rescate fiscal, son instrumentos de política macroeconómica orientadas al ajuste, bajo la vigilancia del FMI, la Secretaria de Estado y del Tesoro de los EE.UU.

Quiero decirles que no existe algo así como un sistema fiscal justo, o un modelo tributario justo. No son posibles en economías de tipo capitalista, menos aún en las economías periféricas. La buena noticia en medio de esta tragedia es que justamente el examen critico de la economía política de los impuestos nos provee de elementos para la explicación de cómo funciona la economía capitalista y por qué el Estado–Nación (como monopolio de las armas y monopolio fiscal) juega un rol definitivo en la estabilidad de la tasa de ganancia. Esto es, que el capitalismo necesita del Estado, pero un Estado neo-corporativista y confesional. Diferente al Estado corporativo nacionalista de Mussolini, el nuevo es multinacional-imperial.

Recordemos que el imperialismo impulsa un nuevo orden corporativo del Estado, el gobierno del Estado es privado. Ahora, el capitalismo, en esta etapa de crisis orgánica, no puede existir sino bajo el cuidado del imperio; y el imperialismo de hoy, y de siempre, necesita de Estados nacionales que se ocupen del control policial de la disidencia social. Estados policías, porque necesita conjurar las contradicciones de clase, mientras el imperio se encarga de la resolución de las tensiones entre las naciones enemigas y amigas.

El Estado, finalmente, está para gestionar las contradicciones dentro del sistema, y esas contradicciones son entre quienes ostentan la riqueza y las mayorías que están excluidos o expulsados del sistema. Los gobiernos y elites nacionales saben bien que detraer y expropiar el excedente de producción mediante impuestos, bajos salarios y el incremento de la tasa de explotación, en las actuales condiciones, implica necesariamente el ejercicio de la violencia “legitima” contra la violencia “revolucionaria”.

La porción de la plusvalía que se destina al pago de impuestos y la que expropia el capitalista al trabajador, es producida por los y las trabajadoras. La concentración de la riqueza no es solo el indicador de la desigualdad económica, sino de que el sistema no puede operar de otro modo sino mediante la expropiación de la vida de los y las trabajadoras. Haber reducido la pobreza monetaria fue un logro monumental del gobierno anterio, pero, pregúntense, quiénes fueron los que al final financieron la reducción de la pobreza. Es claro, el pueblo trabajador.

El objetivo del capital es, siempre ha sido el mismo históricamente: mantener e incrementar la tasa de ganancia o acumulación. Bien, ¿y cuál es el nuestro?

Quiero finalizar, diciendo que la contradicción se ha trasladado al campo fiscal, específicamente al campo tributario. Que la discusión sobre la política tributaria toma relevancia especial debido al giro que se está produciendo en la política fiscal de este gobierno. La disputa por la distribución de la plusvalía mundial se está haciendo aún más intensa pero también más violenta. Créanme, se trata de una disputa geopolítica y de clase, en la que los países dependientes no cuentan con la capacidad para defender los excedentes de producción nacional, porque de antemano ya han cedido su soberanía sobre la política, los instrumentos y la gestión fiscal del Estado-Nación.

Pero bueno, no todo está perdido, y no precisamente porque Lula haya logrado la reelección y ganarle el pulso geopolítico a Trump. (que no es poca cosa). El resultado de las elecciones en Brasil amplia el compás de espera (¿o de agonía?). Ese compás de espera debemos aprovecharlo para organizarnos, reunirnos a pensar y luchar, e ir más allá de la resistencia. No los invitaría a pensar en un nuevo modelo económico, no, sino a pensar y construir otro modo de producción. Los invito a pensar en términos geo y biosfero-estratégicos.

Es decir, fijémonos el objetivo de romper con la modernidad capitalista. Lo cual implica cuestionar el orden del sistema antropocentrismo en el que se funda el capitalismo, y pensar en un orden fundado en el biocentrismo, en torno a la vida.  Una nueva economía política, o mejor, una economia geopolítica de la vida. 

Gracias.

Por: Juan Carlos Agudelo R.

Plataforma Anticapitalista

Información adicional

Autor/a: Juan Carlos Agudelo R
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Juan Carlos Agudelo R

Leave a Reply

Your email address will not be published.