Home » Congreso de los pueblos, un referente y un ejercicio de “gobierno y de poder”

Congreso de los pueblos, un referente y un ejercicio de “gobierno y de poder”

¿Por qué el Congreso de los Pueblos, o de cómo dar cuenta de la realidad del movimiento social y del país?

La agenda por emprender es inmediata. Ante una crisis social con 22 millones de pobres, 7.5 millones de indigentes, más del 20 por ciento de niños desnutridos y miles de campesinos sin tierra, indígenas sin tierra, con pueblos en riesgo de extinción, perseguidos y desplazados de sus territorios, como siempre, apetecidos por las multinacionales, requerimos un sistema de gobierno y un modelo de producción diferente al actual. Una forma de economía y una democracia donde las mayorías cuenten con espacios y mecanismos para participar y decidir de manera real sobre sus vidas. El Congreso de los Pueblos con sus plenarias trimestrales y comisiones ‘permanentes’; con sus sedes y sesiones regionales, como esfuerzo colectivo por un nuevo país, nos debe permitir hacer realidad la coordinación y acción conjunta, sin pretender la negación de cada uno de los proyectos políticos particulares, pero sí, pretendiendo su disposición a pensar la acción antioligárquica, desde una lectura dinámica de país y de región, en común con el sector propio y con los otros.

Cuando proponemos dar cuerpo al Congreso de los Pueblos, invitamos a todas las organizaciones populares para que en su conjunto construyamos la instancia de dirección estratégica, que tanta falta hace a los humildes en su esperanza y a los sectores alternativos. No sólo para resistir, una acción que hemos hecho durante décadas. Sino para revolcar la sociedad actual.

Un Congreso que construya dentro de las mayorías sociales la idea certera de la existencia de una opción popular para dirigir los destinos de la nación, integrada por todos los sectores sociales. O al menos, por su mayoría.

El Congreso de los Pueblos, complejo en su propósito, avanzará y se constituirá en el proceso mismo. No nace de un solo golpe o evento. Se legitima en sus diferentes instancias participantes y locales, regionales o representativas en el orden nacional. Poner en marcha una concepción de este tenor es ejecutar en la práctica un ejercicio de la política que resume en las mayorías el poder. Y crea los espacios requeridos para que así sea. No sólo reclama la participación popular sino que ante todo la propicia.

Para esta proposición nos concita un convencimiento: hacen falta unas dinámicas que potencien la participación de las mayorías sociales, que hagan de todo aquel humilde que tan sólo buscan como fuerza de trabajo o voto para legitimar el estado de cosas: el factor fundamental de la democracia y de una nueva sociedad.

Por tal motivo, debemos propiciar mecanismos y agendas con acceso al sentir y a la conciencia de esas mayorías. El más directo y viable: la potenciación de las diferentes expresiones de lo social. Un recurso que aunque siempre hablado, implica ahora, disponernos con tesón para que el conjunto de los movimientos sociales superen 1) la defensiva que los limita y caracteriza y, 2) la derrota táctica en que están/estamos sumidos. Y de este modo, pasen/pasemos, a la ofensiva.

Proceso más urgente de encarar, toda vez que desde hace cerca de veinte años hemos visto cómo el movimiento social, que en los años 80 del siglo XX tuvo momentos y coyunturas favorables de movilización por sus reivindicaciones y la conquista de su papel histórico, pasó a la defensiva y años después a su disminución con expresiones de derrota.

Defensiva, dispersión y derrota. Tres características resultantes de variedad de circunstancias, entre las cuales es necesario retomar hoy y aquí:

  • La aceptación del recetario neoliberal por parte de la clase dominante, y su inmediata aplicación, que aún no cesa;
  • la crisis del socialismo “realmente existente” y con él, los referentes de sociedad y poder posibles;
  • la desmovilización de la guerrilla de origen urbano y su consecuencia, entre otras, de relegitimización del estado, de su aparato represivo y de la institucionalización de las luchas, así como la cooptación de una parte nada despreciable de la dirigencia social y política alternativa;
  • la extensión rural y urbana como profundización del paramilitarismo con aplicación de su plan de copamiento y control nacional; pero también,
  • la incapacidad y predominios vanguardistas con     desaprovecho en los años 80, para consolidar un proceso de unidad democrática, social y popular y su localización y referente visible en todo el país mediante un liderazgo nacional, legítimo e incluyente.

Aunque duela, vayamos a los inicios de la década del 90 del siglo XX. Desde entonces, a pesar del cese del “estado de sitio” y de una nueva Constitución perdimos la iniciativa. Confundimos el rumbo. Nos atomizamos hasta el grado de luchar cada uno por sus intereses particulares y nada más; con la perspectiva de poder refundida, comprometiendo todo el espacio a las luchas puntuales o inmediatas. Como conscuencia y resultado de este proceder: derrotas por doquier, mayor dispersión, mayor confusión. Son veinte años de atomización, de pérdida del sentido colectivo y confusión en el rumbo estratégico. Déficits de alguna manera paliados, en estos últimos años, por los triunfos populares en los países andinos.

¿Para qué el Congreso de los Pueblos, o de cómo retomar la iniciativa por parte del movimiento social?

Es simple. Se trata de construir y ganar un colectivo como punto referente, que encauce los dispersos esfuerzos de todos.

Congreso de los Pueblos, que ayudará a precisar el cómo, el para qué, el porqué, el cuándo, el dónde, el con quiénes, etcétera, del pendiente esfuerzo popular que los habitantes de Colombia, en todo su territorio, debemos emprender. Esta realidad nos abre un inmenso reto. Un desafío del cual proviene el propósito del Congreso de los Pueblos: ¿cómo actuar y con cuáles consignas para recuperar la iniciativa política y propiciar la articulación en un haz de las luchas sociales?

Si de verdad queremos que en nuestro país tome cuerpo una perspectiva de gobierno y poder diferente a la dominante, no hay duda que el reto frente a nosotros es diáfano: debemos crear espacios, mejorar métodos, proyectar propósitos, concretar prácticas, para crear confianza y comunicación entre todos y todas. Una suerte para que el conjunto de organizaciones comprendamos que el mayor objetivo a emprender, en la actual coyuntura, es la disposición y la lucha por la articulación en objetivos comunes de nuestros esfuerzos.

Es por este fin que cuando nos preguntamos el punto por llegar, o el punto que nos permita construir el Congreso de los Pueblos, precisamos: ir con una dirección estratégica meridiana, antioligáquica, hacia una convicción y un acumulado que nos permita en el mediano plazo dar forma a un  “estado mayor del pueblo”. Similar al organismo que en su historia reciente y para su victoria de gobierno con Evo, conformaron y llaman los compañeros bolivianos.

Un “estado mayor” que ejercite la dirección cercana, sentida, amada por la gente, legítima, y del cual y con el cual podamos vivir un proceso de intensa exigencia y acción política. De reorientación del rumbo para que el movimiento social asuma y arribe a un nuevo estadio: pasar de la situación defensiva a la de iniciativa y constante acción. A una nueva dinámica que permita a todas las voces inconformes, confrontar como un solo cuerpo al actual régimen político, y pararle el macho al Estado neoliberal. Y como desarrollo y concreción de esta capacidad estratégica, obtener consensos para el logro de una «dirección táctica oportuna».

Una característica y condición necesaria en la conducción de la lucha social, para evitar más desaprovecho y pérdida de las oportunidades que la lucha de clases exacerba cada tanto, y con el recobro de una puntualidad para exigir, denunciar y proponer, promover y potenciar el liderazgo popular en cada momento y ante cada arrebato de un derecho o víctima de la represión. De este modo, fortalecer la iniciativa y ganar y llevar confianza a cada comunidad de nuestro país. Mostrar así, el qué y cómo hacer (que implica consignas puntuales y/o precisas); pero también, con retoma de la elaboración teórica y del fundamento de las mejores cualidades de nuestro ser nacional. No de otra forma es posible romper los efectos culturales del neoliberalismo: la desconfianza para con el otro, el temor hacia el vecino, el individualismo extremo, el afán de lucro, el interés monetario ¿con cuánto voy? ante cada relacionamiento social, etcétera.

Además, y al mismo tiempo, buscar las prácticas políticas que lleven a que todas y cada una de las organizaciones sociales y políticas busquen la manera de superar el interés de grupo. La lectura inmediatista según la cual el mundo ‘gira’ sobre el proyecto político de cada uno, y de cada sector. Fardos estos que impiden emprender los acercamientos y reconocer las cualidades y potencialidades de las otras organizaciones, pequeñas o grandes.

¿Cómo hacer realidad el Congreso de los Pueblos, o el camino a transitar para alcanzar un propósito común?

El Congreso de los Pueblos debe ganar una capacidad de acatamiento y dirección que indique con avances de unidad o unanimidad el punto a llegar: poder autónomo de la comunidad y la gente, doble poder, democracia profunda. Como también: la manera de politizar y proceder en las acciones y luchas cotidianas; y en las articulaciones –el método–; el sentido del tiempo o de la oportunidad para orientar cada movilización y cada lucha. De convocatoria y legitimidad para concentrar a fondo las fuerzas populares y de la comunidad colombiana en el exterior, en cada momento dado de la lucha política.

Para que este Congreso resuma en sus sesiones una verdadera representación del ser y el sentir social, y por su conducto ganar una legitimidad suficiente para orientar y ser escuchado en las luchas del pueblo, debe propiciar la superación de la inercia de conformismos y cooptación que lleva dos décadas e impedir que estas se consoliden como dominantes en la mente y la acción de la comunidad.

Para así proceder, desde ahora mismo, se debe disponer la mayor voluntad posible, la mayor suma de recursos factibles por parte de todas las organizaciones y personas interesadas en coronar este propósito. Una participación y suma imprescinsibles para jalonar un proceso de reflexión y acción común que hace falta y que nos permita construir en los meses o años por venir: diagnósticos, orientaciones, programas de acción y lucha, en fin, programas de gobierno y sociedad, que lleven a superar la atomización, el localismo, el defensismo, y como resultado, retomar la iniciativa, para construir una sociedad para todos y todas, en justicia, paz, soberanía, libertad, felicidad, armonía con la naturaleza, abierta a la integración regional y la proyección mundial en pos de la igualdad universal.
Los primeros pasos radican en citar de inmediato, reuniones de discusión y construcción de agendas comunes por sector social, gremios, género, identidades territoriales o de clase, etcétera. Reuniones y discusiones que comprometan, como ideal, las direcciones de cada uno de los concitados, e implique en sus deliberaciones y conclusiones al conjunto humano que integra cada uno de los esfuerzos sociales que respondan al llamado.

El propósito es claro: retomar todas las agendas ya existentes, revisarlas, discutirlas, depurarlas, en medio de un ejercicio de debate y acción que haga a un lado prevenciones y seguridades preestablecidas, y con tal modo y método recoger como fruto unos nuevos textos y unas nuevas prácticas que hermanen y muestren al conjunto social que sí hay alternativa política para salir del desastre humano en que nos sume el capitalismo.

Discusión que debe ir estructurando una agenda de país posible, o un programa para el presente y el futuro inmediato, con el cual podamos no sólo agitar y educar, sino y por sobre todo, construir alternativas de sociedad en cada espacio y en todo momento.

Nace como producto de estas prácticas comunes, un programa de país, el mismo que debe ser aprobado de manera mayoritaria por no menos del 80 por ciento de los concurrentes en alguna de las sesiones trimestrales en que funcionará el Congreso de los pueblos. Tener manos y oido para recoger y resumir los procesos deliberativos que programen las distintas experiencias de lo social. Con reconocimiento y potencia, de igual manera, de los distintos liderazgos sociales que irán ganando espacio en cada una de las agendas abiertas y sus acciones.

Las sesiones harán realidad el programa de país, a través de múltiples proyectos o agendas sociales, las mismas que resumirán los debates previos, en lo local y regional, y los proyectos por emprender con cada sector social o en cada territorio local o regional.

¿Quiénes integrarán el Congreso de los Pueblos, o de cómo proceder para que el país escuche las voces de lo social y lo alternativo?

El Congreso de los Pueblo es una tarea y un esfuerzo urgente, en una sociedad desorientada en su quehacer, en tanto, huérfana de liderazgos sociales consolidados y representativos de las distintas luchas y reivindicaciones.

Para reencontrar el camino, para darle cuerpo a esa instancia de dirección estratégica y táctica que tanto urgimos, se debe proceder durante su convocatoria, sesiones y puesta en práctica de las tareas del Congreso de los Pueblos, con la postura y el respeto de que está conformado por organizaciones populares, de carácter diverso.

Si bien, las organizaciones participantes no se diluyen en el Congreso, sí lo asumen como tarea prioritaria.

Durante el Congreso y su proceso las diferencias políticas ni la lucha ideológica y política cesan, aunque mediadas por la aceptación de todos y todas de que el propósito fundamental es llegar a un nuevo estadio en la lucha política en Colombia, con nuevos niveles de coordinación, y de ser factible, de unidad de lo popular; el evento a través de sus pasos facilita unos nuevos métodos y ritmos para abordar tales diferencias y tal lucha. Por tanto, el Congeso de los pueblos no aspira a reemplazar ni los partidos ni las organizaciones de base, pero sí aspira a crear un espacio común para la discusión, el diseño y la orientación del que hacer.

Sus metas mínimas surgen de la discusión y precisión de las divergencias que aún mantenemos en nuestras lecturas de la realidad y en las prácticas que desarrollamos.

¿Cómo y dónde funcionaría, o de cómo hacer posible este propósito común?

El Congreso de los Pueblos debe ser una dinámica que concrete prácticas y ejercicios colectivos tanto nacionales como regionales y locales. Para que así sea, todas y cada una de las organizaciones que lo asuman e impulsen debe disponer delegados para que participen de las mesas de trabajo establecidas en cada uno de los niveles anotados. La depuración de las discusiones que asuman se hará por medio de sesiones plenarias que recojan las dinámicas locales, en lo regional, y éstas en lo nacional, las cuales se entienden son las sesiones trimestrales del Congreso de los Pueblos.

Aunque reconocemos que existen múltiples dinámicas en proceso, no es equivocado decir que desde el día siguiente de su primera sesión, debemos emprender un ejercicio deliberativo, una práctica para reencontrar la multiplicidad de lo social realmente existente en nuestro país. Ejercicio este que deberá tomar cuerpo, como se anotó, en lo local y regional, para llegar a su primera sesión nacional el próximo mes de octubre.

La tarea exige disponer todas nuestras energías. Hagámoslo con total convicción. Las consignas que resumen el esfuerzo a emprender, aseguran que es oportuno y necesario:

¡Por la democracia popular y el desmonte del Estado neoliberal!

¡Congreso de los Pueblos: Legislar por la unidad y la soberanía nacional!

Información adicional

Autor/a:
País:
Región:
Fuente:

Leave a Reply

Your email address will not be published.