
El Presupuesto General de la Nación tendrá un bajonazo significativo en el año 2016 como resultado directo de la caída de los precios internacionales del petróleo, el recurso natural que mayores ingresos genera al Estado colombiano. El precio de los hidrocarburos también ha afectado otros ámbitos económicos lo que permite prever una fuerte contracción de la economía nacional durante los próximos meses.
De azul a gris. El desenvolvimiento de la economía colombiana en el último año cambia sus tonalidades, generando serias dudas sobre el supuesto blindaje que los economistas del Estado le atribuían a la misma, que parecía solfear con soltura en medio de los altibajos de la crisis económica mundial, que a pesar de reformas e intervenciones de toda índole, aún no deja a un lado el respirador artificial.
“Economía sólida”, la “excepción de la región”, así, con expresiones de este tipo, los voceros del alto Gobierno insistían, una y otra vez, en los buenos aires que soplaban en Colombia. Declaraciones que iban más allá, afirmando a finales del 2014 que la economía local crecería en el 2015 un 4.3% por ciento, cálculo que rebatido por la realidad tuvo que ser reajustado tan solo un mes después al 3.6% por ciento ajuste que se aproxima a los cálculos que para el 2015 realizaron los organismos multilaterales como el FMI (3.0%) y la Cepal (3.4%).
En el umbral de la crisis, y a pesar de las evidencias, los voceros oficiales insisten con sus palabras en ocultar la realidad. Pero como dice la sabiduría popular, “no es posible tapar el sol con un dedo”.
La realidad
De acuerdo al economista Álvaro Sanabria, en su artículo para la edición Colombia del mensuario Le Monde diplomatique, “La economía colombiana: entre el azar y la pasividad“, uno de los rasgos característicos de nuestra economía es el carácter marginal comportado por sus productos en el tráfico mercantil mundial. Recuerda en su análisis, además, la excesiva dependencia hacia el sector de las exportaciones dinamizado a partir de la venta de productos cuyos precios y demandas en los mercados internacionales han generado períodos de bonanza y estancamiento.
¿Qué significa esto? Que en su historia el funcionamiento económico del país ha estado estrechamente vinculado a coyunturas emergentes por la cotización de materias primas especificas en mercados exteriores capaces de generar ciclos de dinamismo económicos que usualmente han llegado a su fin generando impactos y largos períodos de estancamiento. El último de estos productos es el petróleo, cuya hora fatídica se anuncia ya produciendo temores, evidenciando los síntomas de una crisis que se aproxima al tiempo que el Gobierno insiste en minimizar.
En la misma publicación el profesor Sanabria expone: “La vulnerabilidad fiscal es uno de los asuntos más espinosos para los países dependientes de recursos naturales. En el último Marco Fiscal de mediano plazo del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, el gobierno central estima que un incremento de US$ 1 en el precio referencia del Brent generaría ingresos para la nación por cerca de 530 mil millones de pesos para el 2016”. En ese mismo sentido, una disminución de cerca del 50% en el mercado internacional puede generar serios impactos sobre los planes fiscales del Gobierno, sobre la cantidad de dinero disponible para el financiamiento del Estado y de la inversión pública en el país.
En la misma edición del periódico Le Monde Diplomatique el investigador Libardo Sarmiento sostiene: “La caída en los precios del petróleo tiene efectos fiscales para la economía. El presupuesto del 2015 fue realizado con un precio promedio de US$ 97 dólares, pero con el comportamiento del crudo, ese precio cayó a cerca de US$ 50 dólares el barril, por cada dólar que caiga el barril son 300.000 millones de pesos de hueco que le abre al Estado Colombiano”. Esto significa que el Gobierno central debe tomar medidas tributarias si en años posteriores no quiere enfrentarse a una seria disminución presupuestal.
La crisis se manifiesta en otros ámbitos complejizando la situación: en la publicación referida Sarmiento expone que para el año 2015 se estima que el crecimiento de la economía colombiana sea del 2.8%, inferior al crecimiento estimado de la economía mundial de 3.3%; la producción manufacturera cayó en un 3.6 por ciento, en los cuatro primeros meses del 2015, la producción industrial descendió un 2.4% y para el año 2016 el crecimiento estimado del PIB será apenas del 2%. Como si esto fuera poco la balanza comercial experimenta un déficit que tiende a crecer: en el primer cuatrimestre las importaciones cayeron en un 8.1% mientras que las exportaciones cayeron un 28%. A todo lo anterior se suma una caída de la inversión extranjera en 14%, a una devaluación permanente de la moneda (depreciación de valor respecto al dólar) producida, de acuerdo a Sarmiento, por problemas fiscales (que tienden a ampliarse) y de la balanza comercial y cambiaría. El precio del dólar se mantiene por las nubes, y tiende a seguir subiendo sin traer mayor prosperidad al país pues no han aumentado las exportaciones y el peso sigue perdiendo poder adquisitivo, incrementándose el precio de mercancías, maquinarias y equipos que no son producidas en el país.
La época de las vacas flacas está llegando. Todos los indicadores que así parecen preverlo, recrean un panorama macroeconómico que repercutirá, a pesar de la subjetividad de sus variables, en la calidad de vida de los colombianos: incremento del desempleo, de los precios de los alimentos y productos básicos, aumento en la tasa de interés, probables reducciones en los programas de subsidios gubernamentales, entre otras. Tendremos menos capacidad adquisitiva en Colombia pues el peso se está devaluando y de mantenerse la inflación, superará ampliamente lo modestos efectos que sobre la capacidad adquisitiva producen los pírricos incrementos anuales del salario mínimo. Todo en apariencia sigue su curso normal, no hay mayor preocupación de la población a la que comienza a faltarle el dinero con que endeudarse: la cartera del sector financiero es del 13% en 2015 de acuerdo al Dane (el promedio en años anteriores era del 30%), por otro lado la cartera vencida de la hipotecas por vivienda está aumentando a tasas del 3.3% anuales desde el 2014, lo que significa que muchos colombianos se están quedando sin pagar la cuota de vivienda ¿Qué pasará con la burbuja inmobiliaria y el prolijo ejercicio de la especulación que había potenciado?
Precio del barril Brent

Disminuyen los recursos del Estado
El miércoles 29 de julio Mauricio Cárdenas, Ministro de Hacienda y Crédito Público, radicó ante el Congreso de la República el proyecto de Ley de Presupuesto General de la Nación (PGN) para el año 2016 por un monto de 215.9 billones de pesos, con un incremento del 2.5% frente al presupuesto gastado durante el año 2015 estipulado en 210.6 billones. Algunas de las particularidades de este informe fueron detalladas por el Ministro en el Congreso quien afirmó: “La caída de la renta petrolera nos pone ante una nueva realidad económica y un nuevo escenario fiscal. Un gobierno serio y responsable, como ha sido esta administración, debe preservar el equilibrio en las finanzas públicas que consolide los avances logrados en materia económica y social”.
El Gobierno debió plantear modificaciones sobre la marcha: incrementó la meta de recaudo de la Dian en 4 billones de pesos, los mismos que piensa obtener a través de medidas encaminadas a combatir el contrabando, la elusión y la evasión fiscal; a la par que reduce los costos de funcionamiento, recorta el presupuesto de inversión.
El presupuesto para el 2016 contempla gastos de defensa y seguridad por un monto de 18.2 billones, en el sector justicia por 7.6 billones –con incrementos respectivos respecto a la vigencia del 2015 del 5.4% y del 10.7%. Los recursos destinados a transferencias para inversión ascienden al monto de 43.3 billones de pesos (+9.3% respecto al 2015), otras transferencias 47.7 billones (+7.8%), operación comercial 2 billones de pesos (+11.2%), amortizaciones de la deuda 26.4 billones (-6.5%), intereses 22.3 billones (+17.6 billones), 40.6 billones de pesos de inversión (-10.7%).
¿Cómo será repartido el dinero entre los sectores de gasto público?
Por sectores, las cinco asignaciones presupuéstales de mayor monto para el año 2016 son: Educación con 31 billones de pesos (+6,0% respecto al 2015), defensa y Policía con 30 billones (+8,3%), trabajo con 25.1 billones (-3,4%), salud y protección social con 20.9 (+10.5%) billones, hacienda con 15 billones de pesos (21.4%). Estas cinco asignaciones representan el 56.5% del presupuesto. Bajo las circunstancias de escasez que han sido descritas, asumiendo el hecho de que el presupuesto del 2016 será más bajo que el del 2015 (gracias a la inflación) surgen cuestionamientos frente a las cifras: es difícil entender como en las condiciones de austeridad que han sido propuestas por el mismo Gobierno el presupuesto de defensa antes de contraerse tenga previsto un incremento entre el periodo del 2015 – 2016 del +4.4% de lo que se aumentó durante el 2014 – 2015, mientras la educación por el contrario incrementará -1.8% respecto a la vigencia anterior. Lo mismo ocurre para el trabajo que entre el 2014 y 2015 había incrementado un 9.2%, entre el 2015 y 2016 no crecerá y será reducida en 3.4% su asignación presupuestal. El sector salud, a diferencia de los anteriores tendrá un incremento de +4.7% respecto al periodo de 2015 y 2016, mientras que el sector hacienda tendrá una variación del -5.8% respecto al incremento entre 2014 – 2016.
Las cuentas presentadas por el Gobierno las ha estructurado a partir de un juego numérico sencillo para convencer a la opinión publica de que a pesar de la austeridad, sigue comprometido con el gasto social: “La austeridad inteligente significa realizar un ajuste en el gasto con prioridad social y apoyo al sector privado para impulsar la inversión. Tenemos una regla fiscal que nos dice por un lado ‘ajústese el cinturón’, así que todo espacio que quede debe utilizarse para hacer una transición ordenada y sin traumatismos”, dijo el funcionario en presentación realizada en el Bloomberg Summit de Bogotá.
Precio del barril de petróleo

¿Tuvo que apretarse realmente el Estado el cinturón?
Lo que no dijo el ministro es que algunas de las reducciones presupuestales más dramáticas que tiene el PGN recaen sobre los sectores de deporte y recreación con -40.4% (176 mil millones menos), agropecuario con -38.5% (1.5 billones menos), ciencia y tecnología con -20.0% (67 mil millones menos), ambiente y desarrollo sostenible con -18.9% (128 mil millones menos ), vivienda, ciudad y territorio -10.7% (400 mil millones menos), transporte con -18.2% (1.3 billones menos). Da el Gobierno un poco más para la salud, pero quita deporte y recreación, agrodesarrollo, innovación, cuidado ambiental, transporte, vivienda y ciudad.
A pesar que el Gobierno diga que tuvo que “apretarse el cinturón”, es evidente que sigue priorizando sus instrumentos de estabilización política y de gobierno por encima de la inversión social; es así como en el año 2016 estos sectores recibirán de asignación adicional: Defensa y Policía 2.3 billones adicionales , Rama Judicial 253 mil millones adicionales, Fiscalía 355 mil millones, Justicia y el Derecho 302 mil millones, organismos de control 129 mil millones, Congreso de la República 37 mil millones, inteligencia 7 mil millones adicionales. De manera aparentemente contradictoria con la lógica demostrada, destinarán alrededor de 53 mil millones de pesos adicionales para creación de empleo público, pero gran parte de estos empleos ¿no son instrumentalizados para fundamentar un sistema político erigido sobre enormes clientelas?
Aunque con el presupuesto presentado para el 2016 el Gobierno asegura los recursos mínimos para su funcionamiento y estabilidad –a costa de que los colombianos y colombianas seamos quienes en verdad tengamos que apretarnos el cinturón– los recursos no le sobran, por lo que tendrá que implementar medidas que le contribuyan para asegurar su sostenibilidad a mediano plazo. A partir de lo expresado por el Ministro de Hacienda en medios de comunicación, es evidente que la estrategia financiera la centrarán en el fortalecimiento del recaudo de la Dian, en modificar las reglas de juego a las entidades sin ánimo de lucro que generan ingresos superiores a los 100 billones de pesos al año, impulsar la política extractiva de recursos naturales y profundizar la política de privatización de empresas del Estado. Aún quedan dos empresas por privatizar que pudieran aportar jugosos recursos al funcionamiento del Estado, y no al futuro del país, como han osado argumentar: Isagen y Ecopetrol.
De azul a gris cambia el panorama económico nacional. En medio de la crisis que avanza a pasos agigantados el Gobierno insiste en no tocar los billones de pesos generados por la banca y el capital financiero en el país, dos de los subsectores más prósperos en los últimos años: solo en el primer trimestre del 2015 los bancos ganaron (en pesos) 2.77 billones, las corporaciones financieras 267.000 millones, las compañías de financiamiento 121.870 millones y las cooperativas financieras 17.810 millones. Como buenos neoliberales prefieren quitar el dinero a los ciudadanos y preservar la arquitectura de la acumulación.
Las consecuencias inmediatas de estas transformaciones no son menores. Un directo afectado de esta realidad podría ser el futuro de la paz en el país, pues los acuerdos firmados hasta ahora en la mesa de conversaciones de La Habana (Política de desarrollo agrario integral, participación política y solución al problema de las drogas ilícitas) necesitarán de amplios recursos para que puedan ser implementado, y será difícil contar con ellos si no hay una alteración dramática de las circunstancias económicas actuales. El estado de cosas evidencia que algunas de las claves con que desatar el nudo gordiano pueden encontrarse en la estructuración de políticas orientadas a disminuir la descomunal estructura burocrática de los tres poderes, modificar el régimen de acumulación, priorizar la inversión social y crear una arquitectura de tributación que obtenga dinero de quienes más acumulan. Pero, ¿será capaz el Gobierno de renunciar a su carácter y encarar esta realidad?
RecuadroEn descensoEl precio internacional del petróleo ha tenido un descenso sostenido desde mediados del 2014 cuando los barriles de WTI y de Brent llegaron a los US$ 106 y US$ 115 respectivamente, precio considerablemente más alto del que han tenido durante el mes de julio y agosto del 2015 periodo en que han oscilado entre US$ 45 y US$ 46 para el WTI y entre US$ 56 – US$ 50 para el Brent. Está dinámica de caída abrupta de los precios ha sido generada por varios factores en el orden económico internacional relacionados con la sobreabundancia de hidrocarburos en el mercado gracias al incremento de la producción petrolera en los EE.UU. y en países de la Opep. |



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