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“Vivir dignamente del trabajo”, meta de la negociación de las FARC con Santos (I)

“Vivir dignamente del trabajo”, meta de la negociación de las FARC con Santos (I)

La Habana, 16 de septiembre. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) van al diálogo con el gobierno del presidente Juan Manuel Santos con una “expectativa positiva”, pero con una meta basada “en el realismo”: que se pueda “vivir dignamente del trabajo” y hacer política de oposición “sin que eso implique ser objetivo militar”.

Así lo resume en una entrevista con La Jornada Luis Alberto Albán Burbano, más conocido como Marco León Calarcá, uno de los plenipotenciarios rebeldes a las conversaciones que empezarán en Oslo el próximo 8 de octubre.

Revela que los contactos para esta negociación empezaron apenas llegó Santos al gobierno, en agosto de 2010. El entonces jefe guerrillero Alfonso Cano lanzó una propuesta, hubo un intenso intercambio de mensajes y luego los arreglos para la fase exploratoria en La Habana (febrero-agosto de 2012), todo en secreto riguroso.

En esos dos años murieron en acción Jorge Briceño o Mono Jojoy, uno de los principales jefes militares de la guerrilla (septiembre de 2010), y Cano (noviembre de 2011).

“Necesariamente hubo impacto” en esos momentos, recuerda Calarcá. “Los acuerdos se tambaleaban. Pero después de respirar mil veces decidimos mantener en alto la que ha sido nuestra bandera, la bandera de la paz, por encima del dolor, de la dureza de los golpes.”

Las FARC se fundaron en 1964, pero su núcleo estaba alzado desde los años 50. Como quiera que se le mire, es la guerrilla más antigua del mundo.

Aunque han estado en otros intentos de pactar la paz con diferentes gobiernos colombianos, los más importantes fueron el que culminó en 1984 con el presidente Belisario Betancur y los tres años de discusiones (1999-2002) con Andrés Pastrana.

Éste sería el tercer esfuerzo más serio. “No estamos diciendo que de los diálogos salga la revolución socialista”, dice Calarcá. “En eso somos claros, somos realistas. Pero sí estamos diciendo que salgan posibilidades de vivir y entre ese vivir hacer política, ser de oposición sin que necesariamente eso implique ser objetivo militar.

“El problema es que en Colombia no se puede hacer política de ninguna manera”, apunta el líder rebelde. Sin embargo, “vamos a quedarnos con el beneficio de la duda; tenemos una expectativa positiva. Esa expectativa la hemos tenidos en los emprendimientos anteriores.

“Esperamos que haya una buena solución, pero eso depende de la voluntad del gobierno y de que se entienda a ese pueblo que está clamando por la paz.”

Tras la primera negociación surgió la Unión Patriótica (UP), fuerza civil a la que se sumaron antiguos guerrilleros. Pero pronto sus miembros empezaron a ser asesinados por paramilitares y fuerzas públicas.

Así murieron miles de activistas, decenas de concejales, alcaldes y congresistas y los candidatos presidenciales Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo. La organización se extinguió, los ex guerrilleros volvieron a las montañas y la paz se frustró.

En el segundo caso, el diálogo se realizó en una “zona de despeje” (desmilitarizada) de Colombia, en la localidad de San Vicente del Caguán. Pasó por vaivenes y estancamientos hasta que colapsó, entre virulentas acusaciones de las dos partes.

–¿Por qué creen que no se repetirá la experiencia de la UP?

–Las circunstancias no son las mismas –responde.

“No vamos a cometer los mismos errores. La UP fue una muestra de confianza, una plataforma para un movimiento político que iba a experimentar, que logró un gran respaldo popular en muy poco tiempo, pero asustó a la extrema derecha.”

Ahora “habrá que mirar hasta dónde es la confianza, las condiciones que hay. Eso dependerá de la discusión y mucho del desarrollo de las fuerzas políticas y sociales del país y de la solidaridad internacional”. Explica que por eso no está decidido si las FARC se convertirían en partido, se unirían a otras formaciones o cómo sería su inserción en la vida civil.

“Hay una conclusión dolorosa y es la experiencia. De ahí hay que sacar lo mejor para no repetir”. Además “pensamos que hay una actitud de la gente que ya no soporta más y quiere luchar por sus derechos. Hay gran explosividad social y eso muestra que la situación es insostenible”.

–¿Y la diferencia de ahora con el Caguán?

Pastrana escribió en un libro que el Caguán “sirvió para hacer la reingeniería de las fuerzas militares”, sostiene Calarcá. Cuando Estados Unidos aprueba el Plan Colombia (2001), el proceso “empieza a desmoronarse”. El gobierno trata de ganar tiempo “con la idea de aniquilarnos militarmente. Cuando ya tienen las condiciones con que ellos consideran que nos pueden aniquilar, entonces acaban con el proceso”.

El dirigente rebelde acepta que las FARC también ganaron tiempo. Reconoce que trabajaron en otros objetivos (atención a enfermos, formación de personal), pero asegura que para ellos “lo fundamental era el proceso”.

–Ahora, ¿cómo ven a Santos?

–No hay de verdad ninguna propuesta seria para resolver los problemas de las mayorías –estima. Resume el panorama colombiano como un amasijo de conflictos sociales, alto nivel de corrupción, asesinatos de activistas sociales y un crecimiento que sólo favorece a los más ricos. Sin embargo, confirma que hay un avance en el diálogo y “ahora viene la parte crucial”.

Información adicional

Hacer política de oposición sin ser objetivo militar, otro fin: Marco León Calarcá
Autor/a: Gerardo Arreola
País: Colombia
Región: Sur América
Fuente: La Jornada

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