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Colombia, economía de mal en peor

Colombia, economía de mal en peor

La semana concluye en Colombia con dos noticias que resumen el mal momento que vive el país, y la grave situación que sobrellevan millones de sus habitantes.

La primera recordó a todos los connacionales que el empleo sigue en pique. En efecto, el Dane informó que a julio el desempleo ya cubre al 12,6 por ciento de la población y que otro 58 por ciento está en la informalidad. Es decir, en los actuales momentos tenemos la escándalosa cifra de 13.347.740 personas en condiciones de desprotección y violación de sus derechos laborales y humanos: dos de cada tres trabajadores padecen de ‘neoesclavismo’ o exclusión.

Noticia que explica en parte, y refuerza, otra que el mismo Dane había confirmado días atrás: en Colombia existen alrededor de 20 millones de ciudadanos pobres y 7,5 millones de habitantes en condición de indigencia (aquellos a quienes el ingreso no les alcanza ni para comer). Noticia que a su vez refuerza lo informado por la Cepal para el 2007: En relación con los niveles de pobreza, en 2007, el valor promedio del indicador para América Latina y el Caribe fue de 34,1 por ciento. En Colombia, de acuerdo con la misma fuente estadística, el nivel de pobreza fue de 46,8. La pobreza extrema o indigencia fue del 8,1 en el promedio de los países de la Región; en Colombia alcanzó 18,2.

Situación que no podía ser distinta, pues el modelo económico en boga, y el conjunto de medidas políticas impulsadas por el uribismo y aprobadas por el Congreso, favorecen –sin ninguna vergüenza– a los más ricos. Políticas que hacen evidente, una y otra vez, la ausencia de un verdadero proyecto de país, y la supeditación de lo nacional a los intereses internacionales del capital.

No es casual por tanto que el empleo decente esté casi desaparecido de la escena nacional, y que con el paso de los años, las curvas del PIB y el desempleo tiendan a ser divergentes y asimétricas: durante las crisis se amplifica el desempleo; después, en las fases de ascenso y auge económico, los retardos en la generación de empleo tienden a ser mayores, y reducidos los volúmenes de nuevos puestos de trabajo decente. ¿De dónde proviene este resultado? De un modelo económico de carácter rentístico, especulativo y concentrado, dominada por una financiarización perversa al servicio del capital transnacional.

Otro elemento refuerza este carácter de la economía y esta realidad social: la distribución del ingreso, la concentración es ahora más injusta respecto a 20 años atrás: en 2008, el coeficiente de Gini (mide la desigualdad en un rango entre 0 y 1, cuando se acerca a uno la desigualdad es mayor) fue de 0,59 –se mantiene sin cambios desde 2002–, mientras que en 1991 tenía un valor de 0,54.

Industria y comercio no levantan cabeza

La otra noticia la hizo pública el viernes 18, al confirmar que la industria y el comercio siguen en pique.
De acuerdo con la entidad estatal, en julio de este año la producción industrial cayó 6,5 por ciento. El mal momento de la actividad manufacturera se explica en la menor producción de las industrias de hierro y acero (-30,8 por ciento); confecciones (-23,9); vehículos automotores (-26,3); papel, cartón (-11,9); y minerales no metálicos (-6,3 por ciento).

Por su parte, las ventas del comercio al por menor cayeron 4.7 por ciento hasta julio. El informe del Dane indica que 11 de 16 grupos de mercancías presentaron variaciones negativas, entre ellos: vehículos y motocicletas, lubricantes y utensilios de uso doméstico. Reflejo, por demás, de la reducción de las ventas a los mercados vecinos, cada vez más distantes por la política militar defendida por el gobierno que encabeza Álvaro Uribe, entre ella, la política de ataque preventivo, ahora –con las bases militares al servicio de los Estados Unidos– en mayor riesgo de ser aplicada.

Por su parte, la Asociación Nacional de Industriales también dio a conocer los resultados de la Encuesta de Opinión Industrial, en donde se indica que la producción cayó 7,7 por ciento entre enero y julio.
Los subsectores de menor desempeño fueron aparatos de uso doméstico, vidrio, caucho, autos y autopartes.

Economía, industria y empleo, que sintetizan una tendencia evidente en el país: “Los sectores reales de la economía, donde se producen los bienes y servicios que satisfacen las necesidades humanas, sólo generan el 38 por ciento del empleo del país. Por posición ocupacional, el trabajo asalariado participa únicamente con el 44 por ciento del total del empleo nacional; el resto son trabajadores por cuenta propia, y personas que laboran a cambio de comida y peones. Los patrones o empleadores tan solo representan el 5 por ciento. En el último año, esta estructura, antes que cambiar, se fortalece en medio de la crisis de los sectores real y moderno de la economía; en efecto, solamente el sector terciario genera empleo, y en la categoría ocupacional de trabajadores por cuenta propia o sin remuneración (43% trimestre móvil mayo-julio de 2009)” (Libardo Sarmiento Anzola).

Así, y de acuerdo a las mismas cifras oficiales, la brecha entre ricos y pobres se ahonda en Colombia, y el modelo económico en boga hace agua. A la par, sucede lo mismo con el conjunto del modelo político, ahogado en medio de las más cruda corrupción, concentración del poder y ejercicio de la violencia.

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