
La conducción del bloque debía ser traspasada el sábado pasado de Uruguay a Venezuela, pero las objeciones de Paraguay, Brasil y Argentina dificultaron el proceso y el bloque regional quedó expuesto a la acefalía.
Argentina, Brasil y Paraguay expresaron ayer su oposición a la asunción de la presidencia pro témpore del Mercosur por parte de Venezuela, en un contexto de tensión que puede complicar los planes del bloque sudamericano para establecer nuevos acuerdos comerciales con Europa y la Alianza del Pacífico. La conducción del bloque debía ser traspasada el sábado pasado de Uruguay a Venezuela, pero las objeciones de Paraguay, Brasil y Argentina dificultaron el proceso y el Mercosur quedó expuesto a la acefalía.
La falta de acuerdo llevó a Uruguay a comunicar el viernes pasado que dejaba la presidencia, tras lo cual Venezuela anunció el sábado que asumía su turno de conducción, aun sin que mediara un acuerdo entre los socios. El sábado, la Cancillería venezolana remitió una nota a los demás países socios del Mercosur en la cual anunció que asumía la presidencia pro témpore del Mercosur, un día después de que Uruguay anunciara que se retiraba porque había cumplido el período de seis meses. “Tenemos a bien informar que, a partir del día de hoy, la República Bolivariana de Venezuela asumirá con beneplácito el ejercicio de la Presidencia Pro Tempore del Mercosur, con fundamento en el artículo 12 del Tratado de Asunción y en correspondencia con el artículo 5 del Protocolo de Ouro Preto”, afirmó el documento distribuido por Venezuela.
Brasil se ha limitado a comentar, por voz de su presidente temporal Michel Temer, que no está exactamente oponiéndose a que se transfiera la presidencia a Venezuela, sino que ese país debe cumplir con determinados requisitos internos para su integración plena. Hasta el momento solamente Bolivia, que está en trámite de adhesión plena al bloque regional, expresó su reconocimiento a Venezuela. El presidente de ese país, Evo Morales, saludó la presidencia pro témpore venezolana y consideró que esta crisis “fue otro ataque a la integración económica por instrumentos del sistema capitalista”.
Paraguay rechazó de inmediato la comunicación venezolana y el domingo, a través de un vocero de la Cancillería, Argentina declaró que “ningún país puede asumir la presidencia pro témpore sin traspaso”, a la vez que propuso “una reunión de coordinadores para solucionar este problema”.
A su vez, el gobierno interino de Brasil también se opuso a la asunción de Venezuela, según declaró a la prensa local el canciller José Serra.
Venezuela “no va a presidir, no tiene condiciones. El gobierno venezolano no logra hacerse cargo ni de Venezuela”, dijo Serra en declaraciones al diario Correio Braziliense, de Brasilia. Según Serra, “fue un error la entrada (de Venezuela) al Mercosur y se está demostrando que fue fruto de un golpe”.
El canciller interino se pronunció así al comentar el ingreso de Caracas al bloque, que se produjo cuando Paraguay, que se oponía a la iniciativa, estaba suspendido porque sus miembros consideraron que se se había derrocado mediante un golpe parlamentario al presidente Fernando Lugo, en 2012.
En Caracas, en tanto, el presidente de la Comisión de Política Exterior de la Asamblea Nacional (parlamento), el diputado opositor Luis Florido, hizo un público un documento que circuló entre los socios del Mercosur y cuya autoría atribuyó a la Cancillería argentina. En esa comunicación, la Argentina expresa que la presidencia del bloque “no puede ser asumida ni ejercida hasta tanto se concrete su traspaso por el Consejo del Mercado Común, bajo el formato y las formalidades del caso”.
También advierte que la inédita situación en la que cayó el bloque “puede derivar en una parálisis de sus trabajos”.
En Montevideo, el canciller de Uruguay, Rodolfo Nin Novoa, admitió en una declaración pública que “la situación del Mercosur es muy grave” y dijo que cree que habrá nuevas señales “el día que Venezuela convoque alguna reunión”.
A su turno, el canciller de Paraguay, Eladio Loizaga, dijo que Argentina, Brasil y Paraguay mantienen un contacto permanente en busca de una salida a la grave crisis institucional del Mercosur y agregó que responderá a la carta de Uruguay en la que comunicó que deja la presidencia pro témpore del bloque, y a la de Venezuela, en la que anuncia que asume ese cargo como corresponde por la rotación semestral. “Estamos en contacto permanente para ver cómo avanzamos; la Argentina presentó un proyecto y estamos trabajando para encontrar el camino que nos conduzca a la normalización de la presidencia del Mercosur”, declaró Loizaga en rueda de prensa.
La inédita situación llega en momentos en que el Mercosur se prepara para profundizar las negociaciones con la Unión Europea en busca de cerrar amplios acuerdos sobre comercio.
También influye la voluntad de algunos de sus socios de apuntar a estrategias de asociación con la Alianza del Pacífico, integrada por Chile, Colombia, México y Perú. El presidente argentino, Mauricio Macri, estuvo como invitado especial en la última cumbre de presidentes de la Alianza del Pacífico y se mostró a favor de alentar todos los espacios posibles de integración y comercio entre ese bloque y el Mercosur.
Las objeciones protocolares son independientes de las políticas. Paraguay, con mayor vigor, Brasil y la Argentina han denunciado al gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro por la baja que, a su juicio, afectó a la calidad de la democracia en el país caribeño, donde se han denunciado múltiples violaciones de derechos humanos y persecución de opositores políticos.
Esas resistencias están en sintonía con los cambios de signo ideológico en los gobierno de varios de los países que conforman el Mercosur.
Cuando Venezuela entró al Mercosur, en 2012, Paraguay estaba suspendido por el proceso que desembocó en la destitución de Fernando Lugo. Entonces, la Argentina era gobernada por Cristina Fernández de Kirchner y Brasil por Dilma Rousseff.
Hoy, cuando se discute el derecho venezolano a asumir la presidencia pro témpore del bloque, la visión política en la conducción de los países del Mercosur ha variado. Macri está en la presidencia argentina, Michel Temer lleva un mandato interino en Brasil y Horacio Cartes se muestra como el mayo oponente al traspaso desde el gobierno de Paraguay.
Buscan dinamitar el bloque regional
Por Juan Manuel Karg * El objetivo es cada vez más claro: detrás de las intenciones de los gobiernos de Paraguay y Brasil de que Venezuela no asuma la presidencia pro témpore del Mercosur hay mucho más que un posicionamiento sobre la situación interna del país caribeño. La finalidad del tándem de cancilleres Loizaga-Serra sobrepasa con creces a Maduro, más allá de que efectivamente busquen su salida durante el año en curso: el realineamiento conservador intenta además congelar el funcionamiento cotidiano de esta instancia regional que, con origen estrictamente comercial en la década del 90, se movió a un accionar político –y con conducciones posneoliberales– a raíz de la última década y media regional. Fue muy claro sobre el tema el vicepresidente del Parlasur, Daniel Caggiani, del Movimiento de Participación Popular, espacio de José Mujica dentro del Frente Amplio, quien dijo que al no haber alteración del orden democrático en la Venezuela bolivariana, cualquier otra intepretación sobre los sucesos en aquel país podía abrir paso a una “flexibilidad” en torno del funcionamiento de las democracias de la región. Caggiani hace alusión a la irregular situación en Brasil en torno del impeachment contra Dilma Rousseff, luego de que los peritos del Senado determinaran que no hay crimen de responsabilidad en el accionar de la mandataria suspendida. También alude a la reciente condena a los campesinos por los hechos de Curuguaty en Paraguay, lo que provocó que diversas organizaciones de DDHH pusieran el grito en el cielo ante lo que consideran la consumación de nuevos “presos políticos” en el país, hecho que prácticamente pasó inadvertido en la prensa regional. Y, por supuesto, Caggiani también se refiere en ese sentido a la arbitraria detención de su compañera de bancada por la Argentina, la dirigente social Milagro Sala, en una causa que cambia de carátula permanentemente, demostrando que la única finalidad es que siga detenida y no la búsqueda de justicia. El objetivo de fondo para dinamitar el Mercosur es uno solo: esta instancia es hoy la barrera principal para que Brasil y Paraguay giren hacia el Pacífico. Sin el Mercosur, o con esta instancia en agonía, será mucho más fácil justificar el abrupto giro hacia el arco de países que han firmado el Acuerdo Transpacífico (TPP). Argentina fue pionera en esta estrategia: ya se integró como observadora de la Alianza del Pacífico, llenando de elogios a esta instancia en todas las entrevistas y discursos donde esto sea posible. Los recientes viajes de Macri a Chile y Perú, y la efusiva recepción a Peña Nieto –“esta es tu casa” aseguró el presidente al cuestionado mandatario esta semana en la Casa Rosada– ilustran con creces que la cancillería de Malcorra busca esa nueva orientación. Pero Argentina se topa con la misma barrera: para ingresar a la AP/TPP debería implosionar el Mercosur, bajo la figura de “flexibilizarlo”, y luego firmar al menos dos TLC para buscar ser miembro pleno. Cuando los gobiernos de izquierda, nacional-populares y progresistas tuvieron una nítida hegemonía en la conducción de las instancias de integración fueron cuidadosos por el equilibrio de fuerzas a nivel regional. A pesar de los berrinches de cierta prensa hegemónica, estos gobiernos no abusaron de esta condición para confrontar a otros modelos: el conservador Sebastián Piñera, que organizó la cumbre de la Celac en Chile luego de la realizada en Venezuela por Hugo Chávez y antes de la conducida por Raúl Castro en Cuba, puede dar cuenta de ello. Había una “unidad en la diversidad”, que no sólo era un discurso sino que se verificaba en la práctica. Pero los recién llegados Cartes, Macri y Temer comenzaron a cambiar esas reglas. Asistimos, entonces, a una especie de “empate catastrófico” entre ambos bloques (posneoliberal y conservador) que pone en riesgo severo el funcionamiento cotidiano no sólo del Mercosur sino también de Unasur y Celac. De acuerdo con esta perspectiva, estas nuevas administraciones van por todas las instancias que intentaron (y aún lo hacen, a pesar del pantano temporal) un ordenamiento autónomo de nuestras sociedades, sin injerencia del hegemón de turno. La búsqueda de dinamitar el Mercosur es sólo un primer paso en ese objetivo: realizar una reconfiguración conservadora no sólo al interior de nuestras sociedades, sino también en torno de los procesos de unidad que en América latina y el Caribe se han dado en los últimos quince años. El “no hay alternativa” que se aduce fronteras adentro, buscando reimplantar el neoliberalismo a gran escala, también intenta ser el mensaje en relación con la política exterior: el viraje hacia la AP/TPP sería la única opción posible ante la proliferación global de acuerdos de “libre comercio”. Se aduce la necesidad de no quedar afuera del mundo. Como la historia demostró –y probablemente seguirá demostrando– es un argumento falaz, que busca desterrar creativas experiencias para retornar al “statu quo” de una integración monitoreada (y capitaneada) desde el norte, con asimetrías que tienen gran impacto posterior fronteras adentro, y que nos han conducido a las crisis económicas y políticas más grandes de la historia de nuestro continente.
* Politólogo UBA / Investigador CCC @jmkarg
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