En el artículo publicado en Le Monde diplomatique,edición Colombia, octubre 2025, titulado “¿Por qué Israel guarda un silencio cómplice?”, de Gideon Levy, periodista del diario Haaretz de Tel Aviv (1), asegura que, ante el genocidio perpetuado por el sionismo al pueblo palestino en Gaza, la sociedad israelí asume un silencio aterrador. Salvo alguna parte de la población, la gran mayoría se mantiene en una burbuja de indiferencia, obnubilada por las mentiras mediáticas. Preocupante situación. De modo que, la destrucción de Gaza, los asesinatos, la hambruna, el exterminio de un pueblo, no le están diciendo nada a la ciudadanía de Israel, la cual vive aún con el relato de ser víctimas del Holocausto, que han comparado, de forma exagerada, con los ataques del 7 de octubre de 2023 por el grupo Hamas. Victimización que da licencia para ejercer toda forma de violencia y cometer vejámenes al que se atreva a criticar la actuación del Estado israelí. En nombre del Holocausto causan múltiples holocaustos al pueblo palestino; justifican las persecuciones, legitiman las acusaciones de antisemitismo al que levante su voz contra el genocidio; dan vía libre a los asesinatos.
Dicho discurso victimista es el que actualmente se mantiene vivo y usable en la sociedad israelí, e incluso al exterior de su territorio. Las masacres y los bombardeos llevados a cabo en Gaza son aceptados, pues la gran mayoría de israelíes los consideran “necesarios” y apropiados”. En palabras de Gideon Levy, “Muchos israelíes, probablemente la mayoría, consideran ahora que ‘no hay inocentes en Gaza’”. según una encuesta del centro Achord, afiliado a la Universidad Hebrea de Jerusalén (agosto de 2025), el 62 por ciento de los israelíes y hasta el 76 por ciento de los judíos israelíes comparten esta creencia. Esta afirmación, repetida una y otra vez durante los últimos dos años, se ha ido extendiendo poco a poco, y ahora es frecuente oír también que ‘no hay palestinos inocentes’, es decir, que los palestinos de Cisjordania también merecen ser castigados” (2).
La víctima se justifica, exalta su poderío frente al otro, lo despoja de dignidad, lo aniquila. El que fue víctima de la atrocidad histórica, ahora se convierte en verdugo, amparado en la legitimidad de su barbarie. Hay, entonces, que hacer caso omiso a los suplicios de los gazatíes, reza el credo genocida; hay que someter a los “subhumanos”, abandonarlos en su dolor, exterminarlos. Y los medios de comunicación de Israel lo divulgan entre una población anclada en un discurso de odio. “Cualquier expresión de empatía, preocupación y, por supuesto, cualquier intento de ayudar a Gaza se ha convertido en sospechoso en el país, y en ocasiones incluso ilegal. Los árabes israelíes (el 20 % de la población) están amordazados, reducidos al silencio. Muy rápidamente, algunos de ellos fueron detenidos por publicar mensajes de compasión en redes sociales, otros perdieron su trabajo (…) La población judía no se libra: muchos activistas de izquierda han sido detenidos por mostrar su solidaridad con Gaza”, comenta Levy (3).
En medio de estas atrocidades, las persecuciones a voces disidentes son frecuentes. Los encarcelamientos de militantes de izquierda no se hacen esperar y la burbuja mediática crece, se expande cubriendo todas las sensibilidades ciudadanas que gravitan sólo alrededor de la liberación de los rehenes israelíes en manos de Hamas. Las manifestaciones en contra del gobierno de Benjamin Netanyahu únicamente tienen como objetivo que se ponga fin a lo que ellos llaman “la guerra” y la vuelta de los cautivos. Lo demás: el bombardeo a escuelas, a hospitales, la destrucción de todo el complejo urbano de Gaza, el asesinato de más de 70 mil personas, los 170 mil heridos, los casi 250 periodistas y 1800 profesionales de la salud ultimados, los cerca de 9.500 palestinos aún bajo los escombros o sin localizar, la hambruna, el desplazamiento, la Flotilla Global Sumud con ayuda humanitaria para los habitantes de Gaza y su posterior secuestro en aguas internacionales por las fuerzas israelíes, el sufrimiento del pueblo palestino les es indiferente, se lo consume el silencio (4).
Ante la muerte de más de 20 mil niños gazatíes, uno se pregunta: ¿no hay ninguna sospecha por alguna fracción de la ciudadanía israelí, de que allí se está cometiendo uno de los crímenes más atroces de los últimos tiempos? Ignorancia o conocimiento, lo seguro es que sí hay mutismo controlado, o quizás, aceptación y convencimiento de ser el “pueblo elegido”, a costa del sufrimiento de uno que debe ser “desterrado”. Castigo para los que no acepten la imposición de nuestra verdad y consigna, repiten los supremacistas; expulsión del templo para el que hable a favor de los palestinos; confinamiento para el que no comulgue con nuestro relato de víctimas perpetuas de la historia. El cartel de antisemita y de terrorista se le colgará en la cruz mortal.
Entretanto, la Unión Europea y la OTAN callan. El cinismo y la hipocresía son fantasmas que los abrigan con sus vagas y miedosas declaraciones ante el aniquilamiento. No basta con que algunos países reconozcan un Estado Palestino. Faltan acciones reales en contra del Estado de Israel, entre ellas, condenar el genocidio, apoyar a la Corte Penal Internacional que emitió orden de arresto contra Netanyahu, dejar de proveer armas, suprimir visas a gobernantes sionistas, no autorizar atracar en sus puertos barcos cargados de armamentos para Israel. Sin embargo, solo se escucha un desafiante negacionismo siniestro y aquella perversa, repetida y ya no creíble frase de “Israel tiene derecho a defenderse”.
Según Benoît Bréville, director de Le Monde diplomatique de París, ignorar o hacerse el de la vista gorda es una actitud cínica cuando el ejército israelí arroja “bombas indiscriminadas, destructivas y poco precisas, en barrios densamente poblados. Ha destruido casi por completo las infraestructuras sanitarias de Gaza, sus plantas desalinizadoras, sus edificios públicos, sus maternidades y la mayoría de sus panaderías” (5). Borrar la Franja de Gaza, exterminar al pueblo de Palestina y apoderarse de sus territorios es el primer punto anotado en la agenda de los dirigentes sionistas.
Con una ONU infructuosa para detener el genocidio, y con un Consejo de Seguridad en el cual Estados Unidos, con Donald Trump al frente, veta todas las decisiones cuando van en contra de Israel, los senderos están libres para que el sionismo fascista lleve a cabo lo que desde siempre ha deseado. Empero, con esta terrorífica empresa está cavando como sociedad su propia tumba. Israel, como argumenta de nuevo Gideon Levy, “está camino a convertirse en un Estado paria”. Su cantinela victimista la aísla cada día más de la comunidad mundial. “Encerrados en un mundo aparte, desconectados de la realidad, los israelíes no pondrán fin a esta barbarie por sí mismos. Por lo tanto, corresponde al resto del mundo salvar a Gaza” (6). Sí, nos toca a los pueblos del mundo salir en busca de Gaza y, tal vez, parafraseando los versos de César Vallejo, tendremos que decir: ¡Niños del mundo, si Palestina cae –digo, es un decir– si Palestina cae, salid niños del mundo, id a buscarla!
1. Levy, Gideon. “Por qué la sociedad israelí apoya un genocidio”. Le Monde diplomatique, octubre 2025, Edición Colombia. pp, 24, 25.
2. Ibid, p.25.
3. Ibídem.
4. “Cuando a veces les muestro a mis amigos los horribles videos de Gaza –y no faltan–, su reacción es casi pavloviana: ‘´ ¿’Quizás sea falso? ¿Quizás haya sido generado por inteligencia artificial? ¿Quizás se ha filmado en Afganistán?’ La negación es un escudo que protege a la sociedad israelí de enfrentarse a la realidad” (Levy, Gideon. “Por qué la sociedad israelí apoya un genocidio”. Le Monde diplomatique, octubre 2025, Edición Colombia, p. 25)
5 Benoît Bréville, “Los culpables y sus cómplices”,Le Monde diplomatique, octubre 2025, Edición Colombia. pp., 40-37.
6 Levy, Gideon. “Por qué….”, op. cit. p. 25
*Poeta y ensayista colombiano.




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