
Desde comienzos de los noventa se ha consolidado la presencia creciente de las denominadas “empresas multinacionales de naciones emergentes” (Emne). Aquí un análisis de las multinacionales latinoamericanas bajo una perspectiva histórica.
Las empresas multinacionales surgieron a fines del siglo XIX en el marco de la primera globalización, se expandieron a partir de la segunda posguerra y en la década de 1980 se constituyeron en uno de los vectores clave de la integración de la segunda economía global. En su mayoría provienen de las naciones más desarrolladas, pero desde comienzos de los noventa se ha consolidado la presencia creciente de las denominadas “empresas multinacionales de naciones emergentes” (Emne). Entre ellas hay un fuerte predominio asiático pero también una representación no despreciable de firmas latinoamericanas –las “multilatinas”–, que en 2011 figuraban con nueve entre las 100 mayores Emne.
Si bien las Emne han incrementado drásticamente su presencia en la economía global desde la década de 1990, la internacionalización de empresas de países emergentes se inició varias décadas antes. Diversos autores han contribuido a la identificación de distintas oleadas de inversión extranjera directa (Ied) proveniente de países emergentes: la primera se inició durante la década de 1960 y tomó mayor impulso en los setenta. Fue protagonizada principalmente por empresas de Hong Kong, Brasil, Singapur e India, y en menor medida por firmas de Corea del Sur, Taiwán, Argentina, México y Venezuela. Se trató fundamentalmente de inversiones destinadas a naciones vecinas, con la finalidad principal de eludir barreras a la importación y de abastecer a los mercados internos de los países de destino, que en general tenían un nivel de desarrollo menor. La segunda oleada tuvo lugar en la década de 1980, y fue protagonizada por empresas asiáticas provenientes de Hong Kong, Taiwán, Singapur y Corea del Sur. Su finalidad predominante fue mantener la competitividad de las firmas en los mercados locales y externos. La tercera oleada se produjo a partir de la década de 1990. Desde entonces se fue ampliando significativamente la presencia de las Emne en el escenario internacional. Entre 1990 y 2009 el estoc de Ied proveniente de economías emergentes se multiplicó por 18, y su participación en el total se duplicó, pasando del 7 al 14 por ciento. Además de los cambios cuantitativos, fue modificándose el destino de las inversiones de las Emne, que incrementaron su presencia en los países más desarrollados.
El contexto de la segunda globalización explica en parte la expansión de las Emne. La emergencia de una economía mundial integrada, en la que las empresas multinacionales toman sus decisiones de inversión, proporciona las bases para su florecimiento. La liberalización del comercio internacional provee una plataforma fundamental para su desarrollo. En paralelo a la apertura de los mercados, la economía global funciona como una red caracterizada por interacciones directas entre las empresas, configurando una networked global economy.
La revolución de la tecnología de la información y las comunicaciones ha reducido los costos e incrementado los beneficios de la internacionalización, facilitando la deslocalización de actividades. La segmentación de los procesos productivos, favorecida por el cambio tecnológico, ha contribuido a la conformación de cadenas globales de valor. Las políticas públicas, por su parte, han generado economías más abiertas y desreguladas, incentivando los intercambios de bienes y capitales.
En los países emergentes las políticas de apertura y desregulación, generalizadas desde los noventa, redundaron en escenarios más competitivos, que impulsaron a su vez estrategias ofensivas por parte de firmas locales frente al avance de empresas multinacionales que disputaban sus mercados internos. Muchas empresas de países emergentes fueron forzadas a adoptar –para poder sobrevivir– estrategias innovadoras que incluyeron la internacionalización, profundizando tendencias previas o iniciando la expansión más allá de sus fronteras. Los tratados regionales, por su parte, también actuaron como vectores de la internacionalización de las Emne, en particular en lo que concierne a las multinacionales latinoamericanas. Al mismo tiempo, el retiro de las “empresas multinacionales de naciones desarrolladas” (Dmne, por sus siglas en inglés) de algunos sectores maduros de actividad abrió oportunidades que fueron explotadas por las Emne, que en numerosos casos adquirieron a sus competidoras de los países más desarrollados. En el universo de las multilatinas se encuentran empresas líderes mundiales en la minería (la brasileña Vale) y en las industrias del cemento (la mexicana Cemex), del acero (la brasileña Gerdau, las argentinas Tenaris y Ternium), del petróleo (la brasileña Petrobras) y de alimentos (la brasileña Jbs Friboi en carnes, la argentina Arcor en golosinas).
Pero más allá de los impulsos provenientes del contexto, la evidencia histórica indica que la internacionalización de las Emne ha sido también posible gracias al desarrollo de capacidades competitivas que les han permitido posicionarse como jugadoras relevantes en el mercado mundial.
Si bien las multinacionales asiáticas son claramente predominantes entre las Emne, las latinoamericanas, denominadas también multilatinas o translatinas, han ido ampliando su presencia en los rankings internacionales desde fines de la década del 90.
El auge de la Ied desde Latinoamérica en las últimas dos décadas ha sido facilitado por diversos factores de contexto, a nivel tanto internacional como nacional. En lo que concierne al escenario internacional, las multilatinas se han visto beneficiadas, al igual que las Emne en general, por la liberalización y el auge de los intercambios de bienes, servicios y capitales en el contexto de la segunda economía global, al igual que por la revolución de las Tic. Algunos autores han puesto el énfasis en su posibilidad de acceder a los mercados internacionales de capitales, que les permitió reducir el costo del financiamiento y facilitó las adquisiciones en el exterior. En cuanto a los contextos locales, los países latinoamericanos fueron implementando, en diversos momentos y con distintos ritmos, reformas estructurales que implicaron la liberalización y desregulación de sus mercados, la apertura externa y la privatización de las empresas públicas entre la década del 70 y la del 90. Las reformas fueron acompañadas en algunos países por el desarrollo de mercados de capitales locales (como en el caso de Chile), o bien por la oferta de crédito público destinado a sostener la expansión de los campeones nacionales (como en Brasil desde la década de 2000). Contemporáneamente a la liberalización y apertura de las economías, se establecieron tratados de libre comercio, tanto en América del Norte –el Nafta– como en América del Sur –el Mercosur.
La globalización y las reformas estructurales significaron tanto oportunidades como desafíos para las empresas latinoamericanas. La estabilización de las economías locales y la reanudación del crecimiento, tras la “década perdida” de 1980, implicaron la reactivación de la demanda, del crédito y de la inversión. La privatización de empresas estatales, por su parte, abrió a las firmas privadas la posibilidad de acceder a sectores antes reservados al Estado o de adquirir empresas estatales con las cuales previamente competían. Pero al mismo tiempo los mercados internos se hicieron mucho más competitivos y atractivos para las empresas multinacionales en plena expansión en el marco de la globalización. El promedio anual de la inversión extranjera directa en Latinoamérica y el Caribe, medido en millones de dólares, pasó de 20.205,8 en 1991-95, a 70.638,9 en 1996-2000.2 En 2007 cruzó por primera vez la barrera de los 100.000 millones de dólares, y en 2013 superó los 188.000 millones de dólares.3
El ingreso masivo de Emne en América Latina implicó la venta de gran cantidad de firmas locales, pero significó asimismo la consolidación de las empresas latinoamericanas que fueron capaces de competir con grandes jugadores internacionales tanto en sus mercados internos como a nivel internacional.
La Ied procedente de países latinoamericanos creció significativamente desde comienzos de los noventa. Su flujo anual fue en promedio de 10.735 millones de dólares entre 2005 y 2010, alcanzando en 2012 los 49.133 millones de dólares.4 Desde 1999, como ya mencionamos, las multilatinas comenzaron a figurar en los rankings de las 100 mayores empresas multinacionales publicados en el World Investment Report de Unctad.
* Docente en la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de San Andrés (Argentina).
1. Esta comunicación es una síntesis del trabajo de la autora Multinacionales latinoamericanas en perspectiva comparada. Teoría e historia, Universidad de los Andes, Bogotá, 2014. En el trabajo original se pueden consultar todas las referencias que lo sustentan, dado que esta versión no contiene notas al pie.
2. La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2005. Cepal, Santiago de Chile, Onu. 2006.
3. La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2013. Cepal, Santiago de Chile, Onu. 2014.
4. La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2012. Cepal, Santiago de Chile, Onu. 2013.



Leave a Reply