Matar y rematar. Y, para colmo, extraerle al cadáver hasta el último de sus estertores. Uno de ellos, el miedo y el terror que puede proyectar sobre el cuerpo social.
Se trata de una economía de la muerte del enemigo, proyectando con su cuerpo inerte la imagen del poder vencedor, el mismo que le asegura igual destino a quien se le oponga de manera violenta. En algunas ocasiones, no necesariamente violenta: simplemente a quien se le oponga de manera activa.
En la historia de la humanidad, esa forma de proyectar el poder de quien domina ha estado presente de manera constante, si bien en décadas recientes se ha tratado de minimizar el ejercicio del poder, violento, sobre el cuerpo del enemigo, y en algunos casos del contrario.


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