Después de más de 4 semanas del terremoto que sacudió el occidente colombiano el pasado 10 de agosto, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, una de las ciudades más afectadas, Cali, todavía remueve escombros y busca a sus desaparecidos. Mientras la tragedia permanece en las calles, miles de caleños responden con solidaridad ante la ausencia institucional.
“Solo el pueblo salva al pueblo” fue una de las proclamas más repetidas durante los primeros días de la tragedia. Y no era una consigna vacía: era una realidad. Fueron los ciudadanos de a pie, los vecinos y las vecinas, los jóvenes solidarios, los de la primera línea, quienes llegaron cuando la tierra todavía temblaba para remover piedras, apartar bloques de cemento y buscar, entre el polvo y el silencio, alguna señal de vida.


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