La realidad del Chocó y sus gentes, más allá del folclorismo como el poder central continúa avistando esta parte del país, solo superable con la persistencia de construir dignidad por los pueblos que habitan la región más biodiversa del mundo.
El Chocó es un departamento al que bien le queda la denominación designada por el maestro Orián Jiménez, como un paraíso del demonio1. Este, territorio de exuberante biodiversidad con acceso a los océanos Pacífico y Atlántico; de caudalosos y cristalinos ríos; de majestuosas selvas; de colores, olores y sabores; de una humanidad indígena y afrodescendiente humilde, cálida y rebelde; es este el territorio amado, dignificado, pero también, el territorio deseado, expoliado, saqueado, violentado. Como dirán aquellos que solo han visto en el Chocó la despensa de riquezas para el capital, es “la mejor esquina de Colombia”.



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