El mundo del trabajo, y el del sindicalismo como resistencia ante los abusos e injusticias patronales, tiene rostros y nombres. Mujeres y hombres. Aunque parezca una diferencia inexistente en estos tiempos «modernos», es real. Persiste. Las mujeres sufren con mayor rigor el desempleo, los malos salarios, el chantaje, el abuso, la inseguridad social, los despidos injustos, las discriminaciones.En el mundo, por cada 100 hombres trabajadores existen 70 mujeres en igual condición. Y las que no pueden trabajar no lo hacen por gusto propio sino por discriminación o por el peso de la tradición cultural, la misma que poco a poco se va rompiendo.De aquellos tiempos en que era extraño ver a una mujer enganchada en cualquier labor extrahogar, a los tiempos de hoy, cuando se les ve en todo espacio y lugar, sobrellevando con sus habilidades y disposición cualquier labor, hay pocas décadas, pero parece toda una vida. Capacidad, habilidad, destrezas, formación, que en mucho son desaprovechadas por la sociedad, que las tiene mayoritariamente relegadas al sector de servicios: según un informe de Naciones Unidas, el 46,3 por ciento de las mujeres que laboran en todo el mundo se ubican en este sector. El mismo en el cual se prohíben los sindicatos o se explota la responsabilidad de las madres (amenazándolas con el despido), impediendo que se constituyan organizaciones solidarias que garanticen dignidad y felicidad en el trabajo.El reto sigue abierto. El sindicalismo también tiene que responder de manera adecuada al desafío naciente de un mundo laboral cada vez más conformado por mujeres y, por tanto, demandante de un discurso que dé cuenta de la cultura, de la individualidad, de las aspiraciones como trabajadora y madre. Realidad profunda y dinámica que tiene particularidades como el mundo de la docencia, donde hay 320.000 profesionales, 220.000 agremiados en Fecode, con una mayoritaria presencia femenina del 75 por ciento. Esta realidad y este debate también deben hacer parte de las discusiones por abordar en las semanas que anteceden a las elecciones de la CUT y de Fecode el próximo 30 de mayo.A continuación (págs. 8,9,10), dos textos que nos acercan a esta reflexión.

Día Internacional de los Derechos de la Mujer

Flores que no halagan

Por: Angélica Chaparro

Las espinas que quedan

Margarita Pérez1 nació en Duitama (Boyacá) hace 43 años. Allí vivió toda su infancia y cursó hasta cuarto de primaria. Luego se vino tras una de sus cuatro hermanas a probar suerte en Bogotá. En 1987, con 19 años, entró a trabajar a Flores Arrayanes, donde se desempeñó como operaria en el área de Bodega o Poscosecha (adonde van las flores después de ser cortadas), clasificando alrededor de mil flores por hora, entre astromelias, claveles y otras variedades, durante seis años.

En el año 95 comenzó a trabajar en otra empresa, cumpliendo la misma labor, y el contraste con una primera buena experiencia en flores fue enorme. “Yo conocía niñas a quienes las echaron porque no podían quedarse las horas extras y les gritaban: se van ya, ya, ya. Groseros, altaneros, y muchas veces a uno le toca agachar la cabeza por la necesidad del empleo”.

Fue allí donde tuvo el accidente laboral que dio inicio a una dolencia en la columna que hoy mantiene la mitad de su cuerpo paralizado. Después de su primera cirugía, ella debía ser reubicada en una labor que le implicara un mínimo esfuerzo físico para recuperarse satisfactoriamente.

La reubicación nunca llegó, la dolencia continuó y se hizo más grave, y despertó de una segunda cirugía sin sensibilidad en la mitad izquierda de su cuerpo.

Hoy está a punto de recibir la pensión por invalidez, después de cuatro años de papeleo y pleitos con la Empresa, el Ministerio de Protección Social y la ARP. Además de esto, los empleadores le deben salarios por incapacidad y el reconocimiento de la indemnización por el grave perjuicio que le causaron.

Por dignidad

“Mi nombre es Diana María Goyeneche Pérez2. Nací en Charalá (Santander), cuna de José Antonio Galán. Mi mamá murió cuando yo tenía 9 años. En mi juventud, viví en la Casa-Hogar de la Joven en Cúcuta y trabajé en una fábrica de calzado desde los 16 años. Luego me gradué como bachiller técnica comercial.

“A los 21 años tuve mi primer hijo, y mi hermano, que trabajaba como supervisor en una finca de flores, me dijo que me viniera a Tocancipá a trabajar. Llegué en 1998 y entré a trabajar en cultivo de clavel, regar, sembrar, empiolar. Luego pasé a poscosecha. Allí me exigían empacar 10 ramos por hora (cada ramo equivale a 25 tallos).

“En 2005 entré a trabajar en Flores Singha como operaria de cultivo. La empresa estaba naciendo. Allí siempre trabajé en cultivo, en labores de corte, y el rendimiento que exigían era cortar 200 rosas por hora, luego subió a 240.

“Allí trabajamos con una excelente ingeniera que tenía mucha calidad humana, sobre todo con las mujeres, pero luego fue reemplazada por el ingeniero César Agudelo, con quien se me presentaron muchos problemas.

“Un día comencé a presentar el síndrome del Túnel del Carpio y tuve que recibir tratamiento por ocho días. Cuando volví, me ubicaron en el cultivo donde tenía que desarrollar labores muy duras, tuve que estar seis meses arrodillada.

“Luego empezó el hormigueo y la inflamación, y aún así no me reubicaron en una labor de menor esfuerzo sino que me mandaron a poscosecha a una labor muy pesada. Por el frío me empeoré; y aunque la Administradora de Riesgos Profesionales, ARP, visitó la empresa y recomendó mi traslado a otra labor, ellos hacían caso omiso. El ingeniero me dijo: ‘Este es un negocio y aquí el que no produce se va…’.

“Finalmente logré la reubicación y me pusieron en el aseo, cuidaba las plantas y limpiaba los alrededores de la oficina. Un día el ingeniero hizo una reunión para proponer que trabajáramos los domingos en lugar de los sábados. Yo les dije a mis compañeros que no firmaran eso porque perdían los dominicales, y eso contaba para la liquidación y cesantías.

“Entonces el ingeniero me dijo: ‘Por norma de la Empresa, y la Empresa soy yo, usted sólo va a lavar los baños y luego se va a parar en frente de la oficina sin poder hablar con nadie’. Mis compañeros lloraban de verme ahí, y a mí me dio síndrome de depresión profunda. Un día vino de visita el dueño de la Empresa y me vio ahí parada y no dijo nada. Así estuve durante cinco días.

“Entonces yo puse la queja en la Personería Municipal por violación a los derechos humanos, y el Personero le remitió ese caso a Asocolflores (Asociación Colombiana de Exportadores de Flores) y al Ministerio de Protección Social. Yo misma le dije al gerente que había demandado a la Empresa. Él me ofreció plata y me dijo que detuviera el proceso. Yo le dije que no era por plata sino por dignidad”.

La lucha por organizarse

Cuando comenzaron a trabajar en las flores, las y los miembros de Sintrasplendor no imaginaron que sus voces y testimonios serían escuchados por muchas personas en Colombia y otros países. Tampoco, que haber logrado que su empresa eliminara el sistema del trabajo en línea los llevaría a una lucha que aún hoy mantiene con C.I. Splendor Flowers, empresa del grupo Dole, en Colombia.

Hace tres años, 25 trabajadoras y trabajadores de C.I. Splendor Flowers dieron origen al sindicato Sintrasplendor, organización sindical autónoma que llegó a tener casi 1.000 afiliadas y afiliados. Sintrasplendor hace parte de Untraflores, sindicato de industria que nació en 2001 con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de las y los operarios, apelando a las leyes que amparan sus derechos laborales y a los buenos resultados económicos que arroja su esmero diario.

La primera batalla de Sintrasplendor fue por el registro sindical, que sufrió todo tipo de obstáculos en el Ministerio de Protección Social pero que finalmente obtuvo a finales de 2005. Entonces comenzó la pugna por la negociación colectiva de la convención. La Compañía, apelando a una vieja práctica antisindical del sector, facilitó la llegada del sindicato Sinaltraflor, reconocido por trabajadoras y trabajadores como sindicato patronal, con la intención de dividir y dificultar la negociación.

En octubre de 2006 volvió a repetirse la historia, muchas veces contada en el sector: la Empresa prefirió cerrar la finca que negociar el pliego de peticiones, aduciendo dificultades económicas.

Con ofertas de indemnizaciones más altas a cambio de su renuncia, Dole dejó sin empleo a 2.300 trabajadoras y trabajadores de Splendor y asimismo a otras decenas en varias de sus fincas de la Sabana de Bogotá. Las y los dirigentes de Sintrasplendor prefirieron acudir a un tribunal de arbitramento y mantener su batalla hasta el final. Hoy, la presidenta del Sindicato aún espera la respuesta del Ministerio sobre este caso.

Con cara gano yo…

Colombia es el segundo exportador mundial de flores, después de Holanda, y el primer proveedor de Estados Unidos.

Según la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores), en 2007 este renglón ocupó a 98.641 personas en forma directa y además a 83.533 de forma indirecta. Entre el 60 y el 65 por ciento de quienes trabajan es personal femenino.

Pero a pesar de los buenos resultados para los exportadores, que vendieron 1.000 millones de dólares en 2007, y del constante respaldo político y económico que reciben en tiempos de crisis, las trabajadoras y trabajadores comparten las pérdidas pero no las ganancias: el salario promedio en el sector es el mínimo legal mensual $ 461.500 (230,7 dólares) que, como lo padecen muchas familias, no alcanza a cubrir las necesidades de subsistencia.

La estabilidad está constantemente amenazada por políticas empresariales como la alta rotación y el despido a las mujeres en estado de embarazo, pero también a los vaivenes cambiarios, climáticos o de la demanda, que el año pasado dejaron sin empleo a cerca de 6.000 trabajadoras y trabajadores en sólo dos empresas:Splendor Flowers y Flores de la Sabana.

La contratación a través de las mal llamadas ‘cooperativas de trabajo asociado’ (CTA) y otros intermediarios caracterizan también la oferta de enganche en el sector, lo que facilita incumplir los mínimos legales y dificulta el ejercicio del derecho a la organización de quienes allí laboran. En la floricultura prevalece no sólo la práctica antisindical sino el ocultamiento de ella, a través de la promoción de sindicatos patronales que no representan los derechos de trabajadoras y trabajadores, y negocian a favor de los intereses empresariales.

Las jornadas son extenuantes, especialmente en épocas como San Valentín, cuando pueden extenderse hasta 20 horas, que para las mujeres terminan convertidas en jornadas circulares, debido a que, además, siguen siendo las principales responsables del trabajo doméstico no remunerado, lo que prolonga una o dos horas diarias su jornada y obstaculiza, aún más, sus derechos a la organización y la participación.

Las exigencias de rendimiento oscilan, según la variedad y la empresa, entre 250 y 300 tallos por hora en cuanto a corte, y 1.250 a 1.500 en clasificación, lo que agrava los riesgos ocupacionales, tanto físicos como químicos y biológicos, que representa el trabajo en esta actividad.

El gremio exportador asegura que el 15 por ciento del sector está sindicalizado, pero casi el total de este porcentaje obedece a sindicatos de corte patronal cuyos representantes han negociado pliegos de peticiones a espaldas del conjunto de afiliados y no han defendido a trabajadoras y trabajadores por despidos injustos y otras sanciones. Como en otras luchas que dieron origen a la celebración del Día de los Derechos de la Mujer, los derechos de los  trabajadores y las trabajadoras de las flores están por concretarse, y debe persistirse para hacerlos realidad.

*     Corporación Cactus.

1    El nombre de la trabajadora ha sido cambiado para proteger su identidad.

2    Tanto el nombre como los hechos que relata la trabajadora han sido divulgados bajo su consentimiento y con su autorización.


Amanda Rincón Suárez

En salud, el Magisterio corre el riesgo de perder su régimen especial

Por: Equipo desde abajo

Amanda Rincón Suárez, actual directiva de Fecode y candidata al Comité Ejecutivo de la CUT Nacional en las elecciones que se realizarán el 30 de mayo, explica la lucha que están dando en el Magisterio por conservar el régimen especial en salud. Se requiere más movilización para conservar los derechos.

En los últimos 10 años, quienes trabajamos en la docencia hemos visto reducidos nuestros derechos. Estabilidad laboral, salario, edad de jubilación, son algunas de estas pérdidas. Pero el Gobierno, acorde con las demandas de la banca multilateral, pretende arrebatarnos más derechos, lo que pudiera lograr si no estamos en constante ánimo de accionar y movilización.

Ahora, el Gobierno pretende arrasar con el régimen especial del Magisterio en salud, y para lograrlo, insiste en modificar de nuevo los términos de referencia. Si así sucede, si lo consigue, de inmediato le aplica a todo el sector la Ley 100 o régimen general de seguridad social.

Es así como desde el 27 de diciembre de 2007, el consejo directivo del Fondo Nacional de Prestaciones Sociales del Magisterio (FNPSM) debate sobre los términos de referencia. El Gobierno insiste en su propuesta de regionalización con mínimo dos contratistas que el mismo proceso determina, sin establecer umbral ni evidenciar la calificación que  les daría estos contratistas.

El objetivo gubernamental va más allá: de igual manera, pretende separar salud ocupacional del resto de la atención médica o de los otros elementos constitutivos de este servicio. Busca así golpear la integralidad de la atención a que tenemos derecho, sin aceptar el aumento de la unidad per cápita para garantizar la calidad, oportunidad y eficiencia en el servicio.

Asimismo, tampoco resuelve el respeto a la cobertura que se traía con la atención a padres y madres de docentes. El Gobierno insiste en ofrecer el servicio a quienes coticen, y este valor, en vez de bajar, sube de $ 96.000 a $ 120.000.

Ante estos propósitos, Fecode mantiene su propuesta de departamentalización con un solo contratista. El Gobierno anuncia que aumentaría las regiones de 8 a 10, precisando un solo contratista para el Tolima, departamento que se crea como región; la otra la constituyen los cinco departamentos ubicados en la Orinoquia y la Amazonia, la misma que estaría administrada por la fiduciaria.

Lucha que enseña

Objetivos oficiales que nos han obligado a tensionar fuerzas. Como resultado de las jornadas de protesta y movilizaciones realizadas durante el mes de febrero y comienzos de marzo, el Gobierno ha flexibilizado algunas de sus pretensiones, y Fecode precisa su disposición al diálogo, teniendo como fin garantizar la integralidad y la mayor cobertura del servicio con calidad y oportunidad.

La Federación ha propuesto, por ejemplo, que de mantenerse las regiones habrá solamente dos contratistas en las más grandes y que deben establecerse con claridad los criterios de evaluación para los mayores porcentajes en calificación, lo cual permitiría que el magisterio sea el que defina de acuerdo a los mayores puntajes. Pero aún no hay nada definido.

Hay que precisar que en la Federación hay total claridad en que por ningún motivo negociaremos la integralidad del servicio, y como elemento importante exigiremos una red con muy buena infraestructura y con sedes de atención exclusiva para el Magisterio. Seguimos planteando 1,5 de la Unida de Pago (UPC) y sin discriminación por grupos etarios.

En las semanas por venir habrá luz al respecto o nuevas jornadas de protesta. De por medio hay un derecho trascendental para los docentes y sus familias: la salud como derecho humano y como condición indiscutible para una vida de calidad.


Recuadro

Reforma al régimen de salud del magisterio

“Quieren multiplicar sus ganancias y romper el gremio”

Aunque el régimen de salud del magisterio nunca fue excelente, si tenemos que decir que era bueno, sobre todo el que tuvimos antes del Acuerdo No. 04 del 22 de julio de 2004. Pero a partir de entonces cambiaron las reglas del juego. ¿Qué se propone la nueva política en el manejo de la contratación?

1. Destruir nuestro Régimen Especial de Salud, al incorporar la libre selección y la contratación con más de una entidad. Una vez se seleccione la entidad, la permanencia mínima es de un año.

2. Romper la unidad del gremio.

3.  Distraer recursos destinados ha atender la salud de docentes y sus beneficiarias-beneficiarios, en gastos de mercado y mercadeo.

4. Convertir la salud del magisterio en un mejor negocio, estableciendo la competencia, la que para el capital siempre es desleal.

5. Regionalizar los contratos, es decir, un contrato para varios departamentos.

6. Contratar hasta con tres (3) proponentes en una misma región, con lo cual –de concretarse– se dificultará la reclamación frente a la oportunidad, accesibilidad, calidad, eficiencia y eficacia, por parte de quienes se afecten o de sus organizaciones sindicales.

7. Modificar los Términos de Referencia, para suprimir la atención y servicio como beneficiarias y beneficiarios a los padres-madres de docentes casadas-casados que tengan hijas e hijos.

8.   Impedir la acción efectiva de los Comités Regionales de Fondo, porque para desarrollar el Acuerdo 04 del 22 de julio de 2004, se expidió el Decreto Nº 2831 de 2005, con el cual se modificó el Decreto Nº 1775 del 90, suprimiendo la función de certificar a las empresas contratistas, medida que se les obligaba a cumplir con los términos de referencia, respetando la cobertura y atendiendo con oportunidad y calidad. También se le eliminó la posibilidad de recomendar al Consejo Directivo del Fondo, sobre una u otra entidad oferente de acuerdo con un estudio minucioso que se hacía de cada una de las propuestas. Los Comités regionales dejan de ser organismos de Evaluación y Control.

9.   Con la “Libre elección”, elegir sobre lo elegido, quien realmente decide es el Consejo Directivo, por que al calificar las propuestas, define quien puede participar y ser elegible. El control y la calidad de los servicios no es responsabilidad del gobierno, sino de la mano invisible del mercado. Las empresas contratistas invierten cuantiosas sumas de dinero en publicidad y promoción, que luego recortan en calidad y oportunidad de servicios.

Información adicional

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Fuente: Periódico desdeabajo

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