El teniente coronel Guillermo Lora, en su discurso ante los altos mandos militares del 28 de octubre del 2000, con ocasión del juramento de bandera de los cadetes de
“La falta de credibilidad de los colombianos en todas las instituciones del Estado, la injusticia social, la desigualdad de oportunidades, la corrupción de los dirigentes, el desempleo, la crisis económica, la inseguridad, la percepción de que nadie tiene idea de hacia dónde va el país y una guerra que parece no tener fin, son males que desde hace mucho tiempo vienen socavando nuestro sistema de vida y el Estado de Derecho de que hace gala nuestra Constitución.
“En secuencia diabólica que ha venido taladrando nuestro espíritu y horadando nuestras esperanzas, día a día nos vemos bombardeados por noticias que nos causan agresión y nos conmueven a todos por igual. El pueblo colombiano necesita un cambio radical en todos los campos, y es a la juventud, en primer lugar, a la que le corresponde impulsar esta tarea de renovación”.
“Hay que darle al pueblo algo más que pronunciamientos condenatorios, más que palabras de aliento, algo más que palabras como libertad y democracia en términos abstractos. Es obligación de todos construir una existencia decorosa para cada colombiano.
“El pueblo todo, nosotros todos, debemos comprometernos. El pueblo colombiano debe asumir su propio liderazgo, porque sólo el pueblo tiene en sus manos los medios adecuados para buscar sus derechos y hacerlos respetar. El pueblo tiene derecho a su legítima defensa. Nadie está autorizado para tomarse su nombre, y a nombre de él traer muerte y destrucción.
“Esta es tarea que no sólo le compete a los civiles sino también –tomando como ejemplo al general Bolívar– a quienes, como militares, debemos asumir una posición decidida ante el destino de nuestra patria. Nuestro deber y nuestra responsabilidad es comprometernos en la liberación de Colombia llevando en mente el juramento de Bolívar cuando exclamó: ‘No daré reposo a mi brazo ni paz al espíritu hasta que haya libertado de las cadenas de la esclavitud a los pueblos oprimidos de América’”.
Hay que recordar que los mandos militares cortaron la transmisión de la intervención de Lora por Señal Colombia. Esas palabras me llevaron a recordar mi breve tiempo en el ejército, prestando servicio militar.
En la revista Cromos del primer semestre de 1946 hay una corta nota del periodista y escritor Manuel Zapata Olivella. Relata que fue a los locales del partido comunista, en
En 1944, yo tenía 20 años; era jefe de redacción y editor del periódico Clase Obrera, órgano del Partido Comunista Obrero, uno de los sectores en que se había dividido ese partido en su Congreso anual. Augusto Durán, barranquillero, senador de la república, era el director de Clase Obrera y su dirigente principal. Nos apoyábamos en los sindicatos del río Magdalena (
En 1945 decidí ingresar en el ejército para desarrollar una labor política, como antes lo habían hecho los socialistas, lo que está bien documentado en Los años escondidos, libro de María Tila Uribe. Me ubicaron en
Tres meses después de mi ingreso en el ejército, le solicité al enfermero que me prestara su máquina de escribir. Sorpresa grande para muchos: un soldado que sabía escribir a máquina (aprendí a escribir con dos dedos, como trabajador de
Pero la situación política me preocupaba. Para estar en Bogotá, cerca de los acontecimientos, pedí mi traslado a
Hoy rememoro las figuras de algunos militares: el entonces coronel Gustavo Berrío Muñoz, quien no aceptó el rutinario “permiso para hablar mi coronel”, ordenando en cambio lectura diaria de artículos anticomunistas de la revista Selecciones. Igualmente, el entonces capitán Serpa, que moriría defendiendo el Palacio Presidencial el 9 de abril, quien dictaba deficientes conferencias a los suboficiales, y a quien con imprudencia le dí un libro que podría serle útil. Se molestó y me envió adonde el mayor Cañón, a quien por su figura corporal apodaban “Sobrebarrida con Papas”, quien fue cordial conmigo. También recuerdo a un oficial de mi edad con el que hice buena amistad, que infortunadamente se enfrió porque se negó enfáticamente a aceptar que descendemos de los simios; otro joven, acuerpado, me dijo: “Usted es ruso”; “por qué”, le pregunté; “porque es comunista”.


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