Home » El pluralismo como agenda filosófica

El pluralismo como agenda filosófica

Temas
como el “Encuentro de Nuestras Culturas” y “Tolerancia” inspiraron los dos
congresos anteriores, realizados en España y Perú, respectivamente. Esta vez,
los propósitos del espacio académico fueron todavía más radicales en cuanto a
la vigencia y la actualidad del tema: el Pluralismo. ¿Qué implicaciones tiene
para la filosofía –y más específicamente en el ejercicio de “pensar en
español”– asumir como prioridad reflexiva la pluralidad? ¿Cuáles son las
problemáticas que se abordan desde esta perspectiva?

 

De
entrada, surgen dos posiciones para el debate: los defensores del universalismo
y los defensores del relativismo. Una discusión que, desde la Grecia antigua de
Platón y Aristóteles hasta la modernidad, inquieta a los filósofos. Los
primeros advierten que existen valores universales que nos han identificado
como humanidad, haciendo énfasis en que las diferencias características de las
diferentes culturas deben ser supeditadas a la única y común condición de seres
humanos, sin importar los rasgos diferenciales. Una sospecha recae sobre esta
postura cuando advertimos que esa universalidad ha sido proyectada, no pocas
veces, por un tipo específico de valores culturales para hacer dominantes hacia
el resto de la humanidad, hasta el punto de violentar la integridad de los
pueblos no occidentales.

 

El segundo grupo, los relativistas, cuestionan las
posibilidades de alcanzar la verdad absoluta, en ocasiones llegando al punto de
rechazar todo intento de postular unos acuerdos de índole universal que
permitan consensos y entendimientos para la superación de los conflictos
generados por las múltiples culturas, en contextos de globalización. Se les
acusa de ser permisivos ante cualquier manifestación cultural sin importar si
atenta o no atenta contra la dignidad de un ser humano.

 

Es
evidente que la discusión es de implicaciones no sólo filosóficas sino asimismo
antropológicas. Ante este problema, el profesor Manuel Reyes Mate, en una
entrevista realizada durante el Congreso, apuntó lo siguiente: “Si el concepto
de pluralismo llevara consigo la renuncia a la pretensión de universalidad (que
es lo que proponen muchos multiculturalismos), haríamos un mal negocio. La
filosofía ha experimentado lo frágil de un universalismo que haga abstracción
de las diferencias (se esfumó tan pronto como aparecieron los nacionalismos).
De ahí la urgencia de pensar de nuevo valores universales pero que tengan en
cuenta las diferencias, las experiencias vividas, las interpelaciones,
etcétera. Esa universalidad, respetuoso con el pluralismo, tiene que ser algo
parecido a la responsabilidad universal”. Surgen sobre el terreno la moral y la
ética. Lo que hace pensar no sólo en el mundo de las ideas sino principalmente
en el mundo de lo social. Esto es, dar respuesta práctica al asunto en
abstracto sería insuficiente, puesto que urge la aplicación de la teoría en lo
cotidiano: la construcción de una pedagogía que bregue por la construcción de
unos acuerdos mínimos entre sociedades, para llegar a unos máximos.

 

Pensar
el pluralismo apunta directamente hacia las estructuras fundacionales de la
racionalidad instrumental en Occidente, de un pensamiento ilustrado, pilar de
una modernidad que hoy se encuentra en estado crítico. El reto es, en el
contexto social, encontrar otras formas de dar solución a los conflictos,
propiciando el diálogo entre culturas y sujetos diversos y no la negación del
otro. Establecer los criterios para una modernidad que vaya más allá del mero
proceso de modernización, que valide otras racionalidades, no sólo la
instrumental que tanto daño ha causado y tantas flores pisoteadas ha dejado a
su paso.

 

* Integrante del
Semillero de Investigación en Pensamiento Filosófico-Político de la Universidad
Tecnológica de Pereira.

Información adicional

Autor/a:
País:
Región:
Fuente:

Leave a Reply

Your email address will not be published.