Home » “Entre cielo y tierra, nada hay oculto”. La verdad encubierta

“Entre cielo y tierra, nada hay oculto”. La verdad encubierta

“Entre cielo y tierra, nada hay oculto”. La verdad encubierta

Un supuesto tiro sonó a la 1:50 de la
tarde el pasado 26 demayo en una base militar en construcción, en la parte alta del cañón
delcorregimiento de Anaime, vereda Potosí, La Palizada. Según las versionesoficiales, Juan Ricardo,
soldado adscrito al Batallón de Infantería Nº 18 JaimeRooke, quien prestaba servicio militar como
conscripto bachiller, decidióacabar con su vida por una posible ruptura amorosa, propinándose con su
arma de dotación un tiro en la cabeza.

 



Días antes, María Doris Ibarra esperaba con ansiedad a suhijo, a quien le habían
dado una licencia de 10 diez días a partir del 20 deabril. Lo aguardaba junto a su hermana Adriana,
que lo encontró en buen estado,contento: “Sólo le faltaban cuatro meses para terminar su servicio
militar”,precisó.

 

En el transcurso de
la visita a su hogar, Juan Ricardo hablócon su hermana, quien notó cambios positivos con ella, pues
antes, cuandohabitaban la misma casa, tuvieron muchos conflictos. En esta ocasión le expresóque un
superior de apellido Monsalve lo maltrataba con recurrencia; “le botabala comida al piso mientras
desayunaba, lo castigaba con desproporción y lepegaba duro”. Juan le hizo prometer a su hermana que
nada le diría a su madre“para que no se preocupara”.

 

El joven tenía que reintegrarse al Batallón el 30 de abril,pero sólo pudo hacerlo
un día después. Su novia, con quien supuestamente tuvoun distanciamiento amoroso, le preparó ese día
la comida de despedida. Por eso,la versión de las autoridades responsables, según la cual el soldado
llegó malde la licencia –por dificultades de pareja–, no responde a la realidad. JuanRicardo, según
asegura su madre, no tenía motivos para acabar con suexistencia.

 

Aquel último día de abril sería también la
última vez que sufamilia lo vería vivo. En la flor de su vida, le faltaban 29 días para sucumpleaños
número 21.

 

¿Suicidio o crimen?



 

El presagio que
quizá le puso nombre propio al suceso se dioel propio día en que el joven decidió presentarse al
Ejército, ya que a él nole gustaba la policía. Su madre y su hermana le dijeron que se fuera para
LaDorada, “pues allá tenían familiares que podían auxiliarlo”. Sin embargo, el 4de diciembre de
2006, en horas de la tarde, Juan llamó desde Ibagué paradecirles que ya se había incorporado a las
fuerzas oficiales.

 

-¡Qué se podía
hacer!-, afirmó María Doris.

 

De ahí en
adelante se presentaron irregularidades de todotipo. La más visible, que se lo llevaran como
conscripto bachiller a zona decombate, en Cajamarca, acción ilegal toda vez que a los soldados
bachilleres,según la Ley 48 de 1993, no se les puede llevar a estas zonas. Allí lacotidianidad era
difícil: “En una ocasión se comunicó para decir que estababien, pero que cinco compañeros suyos
habían caído en combate”.

 

¿Suicidio?
Las versiones discrepan entre sí. Por una parte,la psicóloga del Batallón llamó el 28 de mayo a la
novia del joven soldado, enhoras de la mañana, y luego de lo sucedido, para comunicarle que el
Batallón notenía cosas personales de él. Pero en la tarde esa misma psicóloga volvió allamarla para
decirle que tenía unos escritos y la dotación personal en procesode investigación.

 

La necropsia de Juan Ricardo se realizó en la
morgue delHospital Federico Lleras Acosta de Ibagué. Luego de tres días de angustia ymucho dolor, su
familia hizo el entierro en Bogotá. Los progenitores y lahermana vieron con estupor las
tumefacciones de su cara y al parecer ningúnimpacto de bala en la sien.

 

En otra versión se afirma que aquel fatídico
día, en el cualle correspondía el rancho al soldado, éste se dirigió a la carpa –luego decocinar– y
fue cuando se escuchó el estruendo. Pero otro testimonio relata quese quitó la vida mientras
cocinaba.

 

Lo anterior no se explica si
se toma en cuenta, como añadióAdriana, que “el 27 de mayo supuestamente hicieron una reunión todos
los queestaban con él. Ellos debieran saber qué sucedió: ¡Por qué se contradicentanto! Siempre que
uno les pregunta, tratan de evadir las preguntas”.

 

Auscultando en el desierto

 

Después del hecho, el Batallón se comprometió a dar uninforme a los 15 días, con
detalles del supuesto suicidio, pero un mes despuésla familia no había recibido informe alguno. El
silencio frente a lasinconsistencias del caso ha sido total.

 

Este hecho no es una excepción. Los suicidios
en las fuerzasmilitares son un verdadero currículo oculto. La psicóloga del Batallón deSanidad de
Bogotá, ubicado en Chapinero, al preguntársele sobre acontecimientosrelacionados con suicidios,
respondió que “las estadísticas sobre estos casosson de reserva de las fuerzas militares”, porque
–según ella–, “si se revelan ala luz pública, pudiera aumentar la tasa de suicidios, y esto no les
convieneni al país ni al Ejército”.

 

Los
organismos de vigilancia del Estado tampoco ofreceninformación precisa. Al preguntar sobre estos
hechos en la Defensoría delPueblo en Bogotá, la respuesta es contradictoria: “Si no se presenta
ningúncaso que se relacione con violación de los Derechos Humanos, estasinvestigaciones son omitidas
por la Defensoría”.

 

Lo anterior
contrasta con un informe oficial, difundido porCaracol Radio el 12 de julio, en el que se registra
un número de 38 soldadosque se han suicidado en lo corrido del año. Son sucesos que involucran
ajóvenes entre los 18 y 22 años, soldados rasos y solteros. Precisa el documentoque el mayor número
se presenta en las regiones de Antioquia, el Eje Cafetero yCundinamarca, y refiere que el 95 por
ciento de las causas de suicidio se debea decepciones amorosas.

 

Son jóvenes arrancados de sus hogares por la
obligación dela libreta militar para poder trabajar o estudiar en la universidad, o tal vezen busca
de algún peso para mejorar la situación de su familia.


En todo caso, muerte de prácticamente
adolescentes, en elmejor momento de sus años. Estos decesos reclaman duelo y memoria,
parapermitirles a sus familias superar lo indeseable. Pero también, para procesaresta realidad ante
toda la sociedad, para que estos actos no se vuelvan arepetir, bien si tienen como causa la
tristeza, la soledad, bien si son frutode violencia en el propio Ejército.

 

Las víctimas piden justicia. Quizá los
responsables escuchenen su conciencia el clamor de sus voces, el tono quebrado y afligido de
MaríaDoris, madre de Juan Ricardo: “Yo quiero seguir adelante con el caso; quieroque se sepa la
verdad acerca de lo sucedido. Necesito saber qué pasó con él,cuáles fueron los motivos que lo
llevaron al suicidio, porque estoy segura deque no fue así. Quiero que se descubra la verdad”.



El dolor de una madre

 

La aflicción que sobrelleva María Doris no tiene límites.Mauricio Gómez Ibarra,
otro de sus hijos, falleció por negligencia del Estado ysu precario sistema de salud. Primero lo
habían atendido en el Hospital deBosa, pero como éste carece de la infraestructura tecnológica que
se requierepara la realización de operaciones del corazón, tuvieron que remitirlo alHospital
Cardiovascular “Niño de Cundinamarca”, donde le realizarían unacirugía muy delicada.

 

“No le prestaron ninguna atención. Yo fui
casi todos losdías y nunca le vi la cara a un médico, a una enfermera”, dijo María Doris.“Hablé con
una mujer sentada en un escritorio y le dije: -Sí, él ya trae todopara la operación“, agregó.

 

La funcionaria respondió que tocaba repetirle
los exámenespor ética del hospital, y “simplemente no le hicieron nada”. El lunes 21 demayo del año
pasado, mi esposo contestó el teléfono. Le dijeron que tuvo unparo cardíaco, que intentaron
revivirlo, pero mentiras, él ya había fallecido.Murió a las 6:30 de la mañana”, enfatizó María
Doris.



Servicio militar  

Varias son las
motivaciones que inciden en el reclutamientode jóvenes para la guerra. Una de ellas tiene que ver
con la importancia de lalibreta militar para poder aspirar a un trabajo o para un cupo
universitario.Colombia ostenta en la actualidad un 12 por ciento en la tasa de desempleo, másun 60
por ciento de subempleo. Esto se suma a que las Fuerzas Militares son unade las mayores
instituciones que ofrecen empleo en todo el país.

 

El derecho al trabajo y al estudio hace parte de losprincipios básicos
constitucionales y priman sobre los deberes patrios, como elservicio militar obligatorio. El
artículo 18 de la Carta Política argumenta afavor de la libertad de conciencia, como derecho
fundamental, de modo quedebieran omitirse los constreñimientos para la prestación de este
servicio.

 

En cambio, un servicio social
alternativo, conadministración autónoma a las fuerzas militares, puede permitir un avance,socavando
la lógica de la guerra como única posibilidad de elección de vida paralos jóvenes
colombianos.

Información adicional

Autor/a:
País:
Región:
Fuente:

Leave a Reply

Your email address will not be published.