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Patrioterismo mata economía. Colombia:

Patrioterismo mata economía. Colombia:

Quizá nada tan paradójico, aunque
resulta más exacto decirque macondiano, que la actual situación del país. Mientras los índices
depopularidad del gobierno se disparan, la economía entra en un proceso dedesaceleración acentuado
que amenaza con agravarse si las condicionesinternacionales terminan reforzando variables que, como
la inflación y larevaluación, se han constituido en verdaderos nudos gordianos para la
políticaeconómica.

 

Que la variación
del gasto de los hogares haya sido de 3,9por ciento en el primer semestre de 2008, cuando para el
mismo período de 2007había sido de 9,54, así como que las ventas del comercio minorista en
losúltimos 12 meses crecieran tan solo un 6,05 contra el 15,14 para el mismoperíodo del año
anterior, son muestras más que fehacientes del frenazo que laeconomía está dando y que no parece
tener incidencia en las percepciones quesobre el manejo de los asuntos del Estado tienen los
colombianos.

 

La famosa frase de Bill
Clinton, “¡Es la economía,estúpidos!”, no parece tener sentido para nosotros si nos atenemos a la
lecturaque desde Colombia se hace de la reunión de Chávez y Uribe en Punto Fijo(Venezuela), que
según esa perspectiva es la manifestación de nuestra‘victoria’ sobre el país bolivariano. Parece que
no nos percatamos, entonces,de que se ha iniciado un proceso de desacoplamiento de las dos
economías,perceptible en el comportamiento de las exportaciones de vehículos y suspartes, que de
representar el 20,8 por ciento en el primer trimestre de 2007 sehaya reducido a únicamente 5 en el
mismo período de 2008, lo cual explica buenaparte del decrecimiento del sector automotor en 27,5 por
ciento. El hecho serefuerza porque el otro destino importante (en la región) de
nuestrasexportaciones industriales, Ecuador, también mostró descensos significativos enla recepción
de nuestras ventas de vehículos y sus partes (pasó de 13,5 porciento en el primer trimestre de 2007
a 10,5 en el primer trimestre de 2008).

 




Con ello se quiere destacar que, para utilizar el lenguajecoloquial, “le estamos
dando una patada a la lonchera”. En el cuadro quemuestra las exportaciones por países de destino,
podemos ver cómo el peso deVenezuela y Ecuador es definitivo en las exportaciones no tradicionales,
siendola nación bolivariana la primera en ese rubro, y Ecuador la tercera; y en elinterior de ese
sector también son primera y tercera en la recepción deproductos industriales. Sin pretender que esa
sea la única causa de la caída dela producción industrial, no es ni mucho menos un factor
despreciable en ladesaceleración de la industria manufacturera, que disminuyó su ritmo en 7
porciento si se compara el último semestre con el mismo período del año anterior.Que Brasil se haya
convertido ya en el segundo socio comercial de Venezuela noes un dato menor en los análisis de
tendencia en el mediano y largo plazo, asícomo que en el proceso de integración del Mercosur se
hayan comenzado a dartransacciones comerciales entre Brasil y Argentina en sus propias
monedas,probándose que los procesos de integración latinoamericana, a los cuales somosajenos, van
por primera vez en serio y terminan por ubicarnos como un paísalejado del ritmo de los
tiempos.

 

Otro factor significativo en
la pesadez del comportamientoeconómico es el de la revaluación del peso, que desde marzo de 2003
muestra uncomportamiento alcista, sin que se vislumbre un cambio de rumbo en el fenómeno.Esto
impacta, además del sector automotor, a las flores y las confecciones, losotros renglones de la
economía más perjudicados con las actuales condicionesmacroeconómicas. Y, lo que es peor: los
intentos esporádicos del Banco de laRepública por contrarrestar el fenómeno mediante la compra de
dólares en elmercado ha terminado por aumentar la masa monetaria, neutralizando los escasosefectos
que sobre la inflación tienen las alzas de la tasa de interés que promulgael Banco. No se puede
desconocer que buena parte de la dinámica inflacionaria,que en junio se ubicó en 7,18 por ciento si
miramos los datos anualizados,proviene del exterior con las alzas de los combustibles y los
alimentos, ya queno debemos olvidar que en la actualidad importamos la casi totalidad del trigo(93%)
y más de las dos terceras partes del maíz que consumimos, por lo cual,con la disparada de los
precios internacionales, nos vemos obligados también aimportar esa parte de la inflación
mundial.

 

La mezcla de recesión con
inflación vuelve absurdas lasmediadas contracíclicas, como quiera que el uso del alza de la tasa de
interéspara desestimular la demanda, que se aplica para contrarrestar la inflación,termina agravando
la pérdida de ritmo de la economía y estimulando larevaluación, pues el diferencial de las tasas de
interés con los demás paísestermina atrayendo más capitales de corto de plazo que continúan
abaratando eldólar. Esa revaluación, como es sabido, desestimula a los sectores de
bienescomercializables, lo que en el mediano plazo se traduce en disminuciones de laproducción.
Además, termina por afectar la política fiscal, pues el gobierno nopuede escapar a la presión por lo
subsidios que ya empiezan a exigir losproductores y que ofrece el Estado. Se habla, por ejemplo, de
que los cafeterosestán planteando pedir una ayuda de 50 mil millones de pesos como compensaciónpor
las pérdidas generadas en la revaluación. Es decir, que no intervenir latasa de cambio no sólo
afecta la producción sino que asimismo termina conefectos de cascada sobre el conjunto de las
variables macroeconómicas.

 

Si a esto
sumamos la torpeza en el manejo de las relacionesinternacionales, el panorama no es halagüeño. En
efecto, aún no había bajado laemoción patriotera por el supuesto relanzamiento de las relaciones
bilateralesentre Venezuela y Colombia, cuando las torpes declaraciones del ministro de laDefensa
Juan Manuel Santos, sobre su deseo de que hubiera sinceridad de Chávezen su alejamiento del apoyo a
las farc, provocó fuertes declaraciones de ésteen la V Cumbre de Petrocaribe, donde además apoyó la
decisión del presidenteCorrea de no reanudar prontamente las relaciones de Ecuador con
Colombia.

 

Una interpretación equivocada
del “cambio de actitud deChávez” puede seguir agravando el aislamiento internacional del
Estadocolombiano, dificultando todavía más el manejo de la crisis que se ve venirpara el mundo
globalizado. Los problemas financieros de Fannie Mae y FreddieMac, las dos principales instituciones
de refinanciamiento hipotecario deEstados Unidos, así como la quiebra de Indymac, uno de los más
grandes bancosde préstamos hipotecarios de esa potencia, no son síntomas sino realidades deuna
crisis del capital que al parecer miramos de lado. Que Estados Unidosquiera de pronto huir hacia
delante, provocando una guerra en Irán, pone aChávez (por su pertenencia a la OPEP y su amistad con
el pueblo iraní) en lanecesidad de cerrar “frentes menores”, como es su contencioso con Colombia.
Vertal “cambio” como una debilidad frente a Uribe no deja de ser un exabrupto quepudiera costarle al
país su segundo mercado. Es, pues, esa mentalidadparroquial del actual gobierno y su acrecentado
afán de actuar para la galeríalocal, en su empeño por ocultar su naturaleza extremoderechista,
apoyada en lalógica que llevó a la emergencia y consolidación del paramilitarismo, lo queconduce al
país a un aislamiento imperceptible pero creciente del que, si no sesacude, terminará lanzándonos a
la marginalidad de la historia.

 

Poner
las relaciones internacionales, el presupuesto delEstado y la lógica financiera al servicio de una
obsesión personal, tendrá uncosto que tan solo será pagadero en varias generaciones. Corresponde,
portanto, a los sectores sensatos, una denuncia persistente y sistemática, así seaimpopular, de una
política que está acercando al país a su inviabilidad futuracomo nación en una forma segura y cada
vez más acelerada.

 

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