El día amaneció un poco triste pero Manuela, la chiquitina de sólo tres años, insiste en que la lleven a los jueguitos del centro comercial Puerta del Norte en Niquia (Municipio de Bello). La niña se distrae un buen rato en la rueda, los caballitos, se para feliz a ver los carros chocones, sale con su tía Julia, comen una porción de pollo asado, lo comparten para las dos porque no hay para más. Nela, como le dicen cariñosamente, pide que la lleven a montar en las escaleras eléctricas, corre alegremente y feliz, porque le encanta este plan.
Al llegar al otro costado del centro comercial, Manuela se encuentra con su programa favorito. Sus ojitos brillan de la alegría. Un payaso, sin preguntar, se sienta en primera fila y ella está muy atenta. Aquél, vestido con colores muy llamativos: amarillo, como el de nuestra bandera; rojo, igual a nuestro tricolor, y blanco como la paz que aún no tenemos en el país. Empieza la gran función, se presenta el exótico payaso Ronald, pero… ¡oh, sorpresa! Su apellido es McDonald’s. Julia cae en la cuenta… claro: una multinacional haciendo publicidad. El payaso cumple con su trabajo, reúne a todos los niños que encuentra. Éstos, felices, corren emocionados a sentarse en el piso. El payaso canta y baila con unas hermosas jovencitas que venden su imagen y, por supuesto, la de McDonald’s, para poder sobrevivir en un país donde sobreviven los fuertes; los débiles, los pobres, los de la calle, arrastran su vida como pueden.
El payaso trae un invitado: Torcuato, muñeco payasito que sabe mucho de dinosaurios, y saca unos de plástico para llamar la atención de niños y adultos. Ronald monta un concurso. Los chicos se pelean por participar y los adultos no se quedan atrás. Se premia a los ganadores, pero no con comida de McDonald’s; el premio es cualquier muñequito barato que se compra a bajo costo; siguen los concursos y los niños embelesados, ensimismados con semejante espectáculo. Se les canta una canción de la firma que representa, en la cual se habla de un país lleno de paz y alegría, ¿De cuál país hablará? De lo que Julia sí está completamente segura es que Colombia no es. Tal vez exista para la multinacional el país de las mil maravillas y ese es Colombia. Sí, esas maravillas son para ellos porque sacan jugosas ganancias en el país de la guerrilla, el narcotráfico, el paramilitarismo, el hambre, la miseria.
Al caer la tarde, todos los niños salen con la publicidad de la dichosa multinacional. Como dice Ignacio Ramonet, “las cosas son tan simples como el agua. En esta era de globalización de la comunicación, la información es una mercancía. Por tanto, circula según las leyes del mercado. Lo que implica que las ‘empresas informativas’ distribuirán aquellas informaciones que son más demandadas, según la regla normativa del capitalismo de la ley de la oferta y la demanda”.
Tanto a los adultos como a los menores les quedó claro que “hay que comprar McDonald’s para vivir alegres y en paz”. Pero detengámonos a pensar de dónde obtiene los alimentos que vende esta multinacional –transgénicos– y cómo uniforma sabores –llevándolos a la total simplicidad–, acabando con la riqueza de sabores de cada país, pero además, cómo laboran sus empleados –sin derecho a sindicalizarse–, o cómo trabajan aquellos dónde hacen los muñecos y otras promociones que periódicamente entrega esta empresa: sometidos a salarios de hambre, sin descanso ni derechos laborales básicos.
Así, entre el payaso que vende lo que no es, y la realidad, hay una gran diferencia, la misma que tenemos que establecer para saber qué consumir y por qué, de tal manera que podamos y tomemos la decisión de impedir que se oriente a los niños y niñas hacia un consumo innecesario e indeseado.
El lado oscuro de McDonald’s*
La investigación de un periódico de Hong Kong descubrió que los juguetes que la multinacional de hamburguesas McDonald’s regalaba en sus promociones en el país asiático son elaborados en China por adolescentes de entre 12 y 17 años. Las menores trabajaban sin descanso de 7 de la mañana a 11 de la noche, todos los días de la semana, a cambio de un sueldo miserable al día y una habitación de
McDonald´s, la cadena de comida rápida más grande del mundo, tiene más de 26.000 establecimientos y casi millón y medio de empleados en el mundo. Para 2008, registró una facturación de 3.500 millones de dólares. Hay 1.750 restaurantes en 19 países de América Latina. Pero, ¿qué significa trabajar en McDonald’s? En la publicación del diccionario Merriam-Webster se incluyeron los términos “McJob” y “McTrabajo”, explicados como pocas y malas perspectivas laborales. El término “McJob” fue acuñado por el novelista estadounidense Douglas Coupland, para describirlo como “trabajo poco prestigioso, de poca dignidad, poco beneficio y sin futuro en el sector de servicios”.
La cadena McDonald’s utiliza todos los medios para invadir las esferas más privadas de nuestra vida cotidiana. Nuestras identificaciones nacionales, deseos y necesidades humanas se han convertido en mercancías con fines comerciales. Incluyendo la mezcla de publicidad con educación. Efectivamente, McDonald´s, junto con diversas compañías, escogieron las escuelas públicas como un nuevo lugar para la comercialización y el consumo infantil. McDonald’s ha desarrollado un núcleo de anuncios infantiles llamados “fragmentos de la vida”, en los cuales se representa a un grupo de preadolescentes entablando conversaciones auténticas’ en torno a una mesa cubierta con hamburguesas, papas fritas y batidos, ligando directamente sus productos con la identidad juvenil e infantil: charla, amigos, buen ambiente, naturalidad y hamburguesas McDonald’s, la fórmula completa de la felicidad.
Sin embargo, desde el punto de vista cotidiano, McDonald’s no alienta comidas familiares largas, placenteras e interactivas. Los asientos y las mesas están diseñados para ser incómodos hasta el punto de que los clientes coman rápidamente y se marchen. La lección para los niños está clara: la política no importa. La naturaleza benigna de la producción capitalista, con su ausencia de conflictos serios de todo tipo, es una tapadera para una realidad mucho más salvaje. Los operadores de la tienda hablan de la fe en McDonald’s como si fuera una religión. No hay sitio para la crítica o la disensión en McDonaldlandia, donde no pueden ni siquiera sindicalizarse los trabajadores.
* En base al artículo “El lado oscuro de McDonald’s y otras grandes empresas”, tomado de Autogestión/Solidaridad.net/David Jimenez/Rebelión.



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