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Sin “Contraloría social”: la unidad nacional por la paz no llega

La coyuntura cambia y demanda de todas las organizaciones, expresiones políticas o sociales, consecuencia con su(s) giro(s). La abierta intervención de Estados Unidos en el conflicto criollo y su amenaza sobre la subregión son una de ellas. La decisión uribista de atornillarse al Ejecutivo es otra. Esta y aquella crean demandas. La unidad es una de las urgencias. La contraloría de la unidad por paz justa que la haga posible, otra.

…llegar hasta donde dios se esconde
 y al mismo dios arrebatarle el rayo.
Poema “Delirio”. Juan Bosch*

En defensiva estratégica, aunque las farc y el eln fueron alejadas de decenas de cabezas municipales por el gobierno Uribe, en una guerra irregular esta condición no significa el fin de su amenaza implícita. El término de su capacidad para organizar operaciones tácticas, con consecuencias de ingobernabilidad y hostigamiento militar contra las tropas y la Policía, con parcial efecto estratégico en la opinión y en la correlación de fuerzas entre la sociedad y el poder, entre paz y guerra. Además, con más leña al fuego tras el robo de Panamá y la aprobación del llamado ‘plan Colombia’, nuestra nación enfrenta un “tercer ‘gran’ momento” de intensificación de la intervención militar extranjera, que le otorga aspectos de legitimación a la guerrilla.

Ante el aumento de ingredientes al fogón, decía nuestro editorial “Los retos ante las bases de los Estados Unidos”, en la edición anterior: …que el Encuentro Nacional Popular, como principal esfuerzo de los movimientos sociales, entre en una nueva fase de reivindicación –por vida digna– y que el reto de la dirigencia política se concentre en designar un Promotor con Contraloría de la Unidad por la Paz Justa en cada comunidad y colectivo político y social… En cada lugar donde raspe, camelle, sobreviva, viva, trabaje o se rebusque o luche por la justicia cada uno…de los colombianos. “Contraloría de la Unidad” urgente, porque alcanzar la unidad, además de constituir una vocación y un compromiso con el pueblo, exige: debate, supervisión. Requiere medir la correlación de fuerzas sin subjetivismos y sin eludir que el enemigo y su variante ‘uribista’ –aún con fracturas que se agravan– ha logrado la ventaja.

Al respecto, cabe agregar: no todos los colombianos somos culpables de la guerra. Pero, de que no haya paz justa sí lo somos, y en el campo civil y popular, y de la resistencia: unos más que otros. Culpables por el sectarismo y el interés estrategista, vanguardista, personal, localista, o de grupo u organización. Peor aún, cuando más rápida es la velocidad de la guerra y el poder, y lenta la comprensión social y de las dirigencias (insurgente, social-alternativa y de oposición) acerca del papel de la unidad nacional y de las tareas necesarias para doblegar la guerra y el modelo neoliberal en el que se sustenta.

En llave: el conflicto social, la guerrilla y la oposición por ‘democracia radical’ molestan…

Obligan a extranjerizar una decena de bases militares, navales y aéreas. Así, en las mesas del mando militar colombo-estadounidense-israelí, que opera desde agosto de 2007 –con órdenes de coordinación con ‘oficiales’ mercenarios de operaciones ‘encubiertas’–, y en sus mapas de objetivos y misiones, el conflicto interno se intensifica y busca un punto de aceleración y prisa. “Golpe final”. Un afeite del tiempo de definición y desenlace –prontitud acorde con el tiempo del mundo que pone al gobierno de Obama en la prioridad bélica para Afganistán e Iraq, con Irán, Corea del Norte y Palestina, como riesgos y blancos, sin dejar de contar, un golpe de estado en Honduras (que tiene costo político y se orienta hacia un efecto de socavamiento contra los procesos de Venezuela, Ecuador y Bolivia)–, y por eso, sus bombardeos y disparos no tienen decencia, honor, respeto por nuestra soberanía ni límites. De este modo, el presidente Uribe “pide bajas” y más bajas a sus oficiales, como reloj despertador de creatividad criminal ayer: –“Cooperativas Convivir”–, y hoy: –cientos, miles, de ‘falsos positivos’. Pero… en el Club Militar y en los cuarteles, algunos oficiales hablan de las dificultades para un ritmo rápido.

Dicen en secreto: que al ingresar a la zona de retaguardia estratégica de las farc, donde se supone que persiguen al guerrillero Alfonso Cano, por su puerta natural que hace de muralla, el Cañón de Las Hermosas, en los municipios de Chaparral (Tolima) y Roncesvalles (Valle), que tiene más ancho al sur con la Cordillera del Parque Natural de Los Picachos; y que se extiende profunda por el oriente hasta el nacimiento del río Yarí y sus llanos, hay soldados que mueren de ataque cardíaco. Y cuentan, en voz baja: que para avanzar días de camino, con una dotación no mayor de 80 kilos, les hace falta apoyo con operaciones de comandos aerotransportados, que les lleven y les pongan adelante la logística y las provisiones. Comentan: que necesitan ayuda para respirar y ver en la niebla. Y revelan que, después de 45 años de bala y 10 de ‘plan Colombia’, apenas hace poco el ejército pudo subir a lomo de mula un largo cañón de artillería pesada.

En todo caso, la sociedad colombiana no está dormida. Los factores de su larga lucha son múltiples aunque dispersos. Por tanto, el entorno [Casa Blanca-Pentágono-Uribe-latifundio armado] acusa debilidad ante una Patria con:

  • Resistencia social urbana que no se doblega ante el terror.
  • Pobreza en aumento y un desplazamiento campesino que atiborra capitales y constituye un factor de internacionalización y retaguardia social en Venezuela, Ecuador, influyente en toda la comunidad exterior.
  • Inconformidad que en una franja alcanza la expresión de “oposición” de izquierda y de pequeñas movilizaciones de sectores sociales, y que en las elecciones pasadas alcanzó 2’763.000 votos.
  • Una insurgencia que, aun con violaciones al Derecho Internacional Humanitario, y limitada ramificación urbana, es un actor político imposible de no ser tomado en cuenta.

Sin “unidad y liderazgo nacionales” no habrá paz justa ni movimiento social en ascenso

Con respecto a la “unidad”, hace falta una renovación de pensamiento y de lenguaje, en cada barrio, vereda, partido, movimiento, comunidad, sindicato, organización; campaña electoral, para remediar por fin a la Nación. Y para remover –con los necesarios acercamientos de mayoría– el obstáculo más enorme para permitir “ser gobierno y ser poder”.

Por tanto, dejar como está, sin hacer nombramientos o designar, en repetición y uso de la tradición, “un encargado o secretario más de la unidad” –¿sin una función de supervisión o de control?– haría parte de un lenguaje común. Todos, absolutamente todos, proclaman, dicen: que les interesa, que trabajan o les importa la unidad. En el mejor resultado, acaece sólo como subordinación electoral o admisión de hegemonía. Como tal dedicación por la unidad no es a fondo ni tiene rumbo, nuestra propuesta de debatir sobre una función contralora social, activísima, proactiva, permite –ojalá, la motivación de jóvenes– que incluso una persona que desde la base, con sabiduría, presienta la unidad y que no haya encontrado eco ni consecuencia en las actuales estructuras políticas o de la insurgencia, asuma, instigue a los dirigentes, y resulte contralor de los militantes que se desinteresan de la unidad. De la unidad de verdad.

En función de esa “contraloría por la paz justa”, se abre un debate inmediato: ¿Voto, referendo, por la paz? o ¿Candidato único para “ser gobierno y ser poder”?

*Poeta. Presidente dominicano. Derrocado en 1965 con intervención militar de Estados Unidos.


Obligar a una segunda vuelta

Uribe asegurará los fallos de la Corte y la Procuraduría. Con excepción del uribismo cómplice, todo el resto de la Nación: (i) el Polo Democrático Alternativo, (ii) el movimiento social, (iii) la opinión independiente, (iv) la insurgencia, (v) la inconformidad militar, (vi) el abstencionismo, y (vii) las tendencias democráticas, o de base, tanto liberales como (viii) conservadoras; quedaron ante la misma tarea y el mismo desafío: en busca de la paz justa, derrotar el referendo. Urgido de un tercer período, tras siete años sin poder cumplir su promesa electoral y anunciar la cancelación del riesgo estratégico de la guerrilla para la gobernabilidad, hoy el Presidente –con 10 bases extranjerizadas, apuesta hasta 2019– combina todas las formas de lucha –institucionales y parainstitucionales– y de intervención extranjera: ahora, con el ejército de los Estados Unidos –y ya no sólo la asesoría, la tecnología y la aviación del Comando Sur– y organismos de inteligencia sionistas y europeos, y “mercenarios de agencia” con domicilio o ‘encubiertas’. Sin avance en un Encuentro Nacional Popular y de la Memoria, en unión con un “liderazgo de unidad nacional”, no se podrá forzar a Uribe a una segunda vuelta.

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