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Dos años de evaluación del Ministerio de CTI

Dos años de evaluación del Ministerio de CTI

Dos años en términos de políticas públicas es mucho tiempo. Dos años de gobierno de Iván Duque es aún más tiempo. Duque propuso la creación del Ministerio de ciencia y tecnología, para sorpresa de la comunidad científica y académica, y de buena parte de la sociedad. El tema comenzó con el escándalo de la ministra nombrada. Y más recientemente con dos demandas jurídicas por su creación. Evaluamos el fenómeno.

Antes de su posesión Iván Duque anunció, con sendas visitas a la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, la creación del Ministerio de ciencia y tecnología, un anhelo antiguo de la comunidad científica. Por fin la ciencia tendría una voz en la historia de más de 200 años de vida republicana. Duque se posesionó el 7 de agosto de 2018.

Transcurridos tres meses, en diciembre de 2018, el recién posesionado firma la creación del Ministerio de la ciencia, la tecnología y la innovación, que fue la transformación de Colciencias –y de paso su disolución– en un nuevo ministerio, el cual surgió con presupuesto cero.

Mabel Gisela Torres, investigadora de raíz chocoana y con un doctorado de la Universidad de Guanajuato –México–, fue nombrada como la primera responsable del nuevo ministerio, un nombre que, según se supo después, fue propuesto por Marta Lucía Ramírez, la vicepresidenta. El nombramiento de Torres fue sorpresivo para la comunidad científica pues su nombre era muy poco conocido en el país, sus publicaciones muy limitadas y su índice h inexistente. (Webometrics sólo tiene en cuenta un índice h que sea superior a 10, para los registros a partir del 2017).

Pues bien, a raíz de algunos pronunciamientos de la nueva ministra, el nombramiento fue objeto de crítica por parte de la comunidad científica nacional e internacional, llegando al punto que las dos más prestigiosas revistas científicas en el mundo, Nature y Science tuvieron que pronunciarse acerca de la polémica generada por Torres. Según ella, el cáncer puede curarse con base en una bebida de café basada en un hongo (ganoderma). Nunca, hasta el día de hoy, la ministra ha aportado una prueba contundente sobre sus afirmaciones. Mal comienzo para el ministerio, para ella y para Duque.

A pesar de las críticas Duque decidió mantener en su puesto a Mabel Torres. En su desempeño, y hasta el momento de escribir este artículo, sus actividades han sido, todas de muy bajo perfil. El ministerio se ha limitado a realizar diversas reuniones regionales –en Bogotá, Medellín, y otras ciudades y regiones– tratando de estudiar y de diagnosticar las capacidades instaladas, a la vez que hace algún proselitismo, muy tímido y deficiente, en favor de la ciencia.

De otra parte, como una preparación para la creación del ministerio, Duque convocó una segunda Misión de Ciencia y Tecnología mal llamada “Misión de los Sabios”, cuyo propósito era el de elaborar un documento marco que sirviera para establecer una política gubernamental y de Estado en ciencia y tecnología. El informe fue entregado en diciembre y enero de 2019. Luego de varias revisiones y mejoras puntuales, se puso en circulación una versión abierta pero no publicada a la que tuvieron acceso los miembros de la comunidad académica y científica. El Informe puede ser consultado en la página web de Minciencias. A la fecha, como se había previsto, el Informe fue simplemente un canto a la bandera: es decir, un acto inútil. La verdad es que se ratifica que los gobiernos y las élites colombianas han sido históricamente ignorantes con respecto a la importancia de la ciencia y la tecnología, e indolentes con el conocimiento y la vida.

Un documento más que queda en las papeleras o en los anaqueles.

Ciencia, educación, violencia y crisis

La principal crítica que recibió el Informe de la segunda Misión consistió en el abandono total de la importancia de la educación. Sin una educación de calidad en los niveles básico y de secundaria es imposible la formación de científicos e investigadores. De la misma manera, siguió imperando ampliamente la política de transferencia de conocimientos y el modelo de transferencia de tecnología. Al cabo, el Informe pasó sin pena ni gloria. Y llegó en un mal momento, sociológica e históricamente hablando.
En efecto, los dos años de gobiernos de Iván Duque han estado marcados por dos hechos capitales: el asesinato masivo, continuado y sistemático de líderes sociales –por tanto, la continuidad del paramilitarismo–, y la crisis de corrupción sistemática de su gobierno y de los miembros de su partido, el Centro Democrático. La agenda nacional se le salió de las manos a Duque, quien nunca tuvo ninguna iniciativa sobre ella, y el tema pasó al país real: esto es, al periodismo independiente, a los problemas de justicia, a las protestas sociales, con diferentes asesinatos y crímenes, a la crisis de la educación, en fin, a la deslegitimación de las instituciones por parte del propio Estado, cuyo ejemplo más conspicuo es la Fiscalía.

En medio de esta situación irrumpió la crisis del covid-19. Nunca se volvió a hablar de ciencia, tecnología y conocimiento. Contradictoriamente, la crisis del covid-19 tendió luz sobre la importancia de la investigación, en este caso, específicamente en biomedicina y ciencias próximas, como virología, bacteriología y otras. Como resultado de diversos factores que tienen en común la improvisación, la ignorancia y la corrupción, Colombia aparece en la lista con más contagios en el mundo, con menos pruebas realizadas, más mortandad, y mayor colapso del sistema sanitario.

En este contexto, Álvaro Uribe Vélez se convierte en el primer expresidente de Colombia con justificadas acusaciones por parte de la Corte Suprema de Justicia y le ordenan detención domiciliaria. Esta es una historia en marcha. En cualquier caso, el tema es que el país político no piensa, en absoluto, en ciencia y tecnología; y menos aún en el Informe, y la Ministra pasa de agache, como se dice popularmente. Todo, total mediocridad. Lo cual se corresponde perfectamente con la historia del país en este plano y contexto.
Dos años perdidos, y dos muy largos años por delante, aún

El tiempo corre en contra de Iván Duque, de su partido, sus ministros y funcionarios, en fin, de todo el equipo de gobierno a todos los niveles y en todas las escalas. Duque aparece ante los medios, cada día, descuadernado, ignorante; ha perdido el respeto del país, y buena parte de la comunidad internacional. Nunca ningún presidente había enfrentado una situación semejante. Sin embargo, hay que decir que de acuerdo con algunas encuestas, quizás manipuladas, su popularidad es superior al 60 por ciento. Esto de las encuestas es un tema que debe ser tomado cum granu salis (con beneficio de inventario; hacia un lado, o hacia el otro).

Es tal el desgaste de Duque, su partido y los estamentos de gobierno que los dos años que quedan por delante parecen eternos para una buena parte del país nacional –en Colombia no existe una figura como el impeachment, que si hay en los Estados Unidos, la cual sería deseable incorporar en el futuro próximo, para así sumar elementos para superar la imperfecta democracia colombiana.

El gobierno que aún rige, dejó en evidencia una verdad histórica: la falta de preparación, la ausencia de cuadros políticos por parte del gobierno y el Estado, la improvisación y el narco-estado como ejes dominantes de la política criolla.

Todo parece indicar que la actividad principal del Ministerio ha quedado concentrada en la realización de diversos foros: unos, dedicados a los lineamientos para una política nacional de apropiación social del conocimiento, y otros, centrados en aportes a la política de investigación a partir justamente de los foros de apropiación social del conocimiento.

La enorme dificultad es el carácter artificioso del Ministerio desde su fundación. Esto conduce a la siguiente consideración.

El futuro inmediato del Ministerio y de la ciencia en Colombia

La ley que creó este ministerio es la 1951 del 2019. Sin embargo, de entrada, todo fue mal concebido y mal gestionado. Hasta el punto de que la Corte Constitucional ha admitido una demanda en contra de la creación del mismo. Se trata de la demanda presentada por parte de la Comisión Colombiana de Juristas, y la otra por parte de los propios trabajadores del ministerio. Veamos.

El primer argumento de demanda afirma que la creación del Ministerio fue inconstitucional debido a que la creación de ministerios es prerrogativa exclusiva del gobierno nacional, pero la norma fue en realidad el resultado de una iniciativa presentada por un congresista. Sobre toda la norma reina un vicio de procedimiento. Adicionalmente, se demandó el criterio mismo de que el Ministerio se crea con presupuesto-cero.

La Comisión Colombiana de Juristas afirma que la enseñanza y la producción científicas no pueden estar limitadas por criterios presupuestales.

La realidad es que la razón por la que Duque propuso que fuera de presupuesto cero es debido al enorme déficit fiscal del Estado. Un problema estructural y sistemático, que remite a las reformas fiscales en marcha; otro motivo de escándalos y protestas sociales.

Incluso funcionarios del Ministerio, reunidos en Asocolciencias (Asociación de Trabajadores de Colciencias) le pidieron a la Corte Constitucional que suprima la norma 1951 de 2019. El número de funcionarios es insuficiente para el buen funcionamiento de una entidad como un ministerio.

El futuro de esta instancia pende de un hilo. Y con él, buena parte de la ciencia y la tecnología en el país. Todo sigue funcionando y avanzando inercialmente, no más.

Incapacidades administrativas y políticas

Los dos años transcurridos para las políticas de ciencia y tecnología durante este gobierno evidencian la ausencia de un pensamiento a largo plazo, el desconocimiento total del valor del conocimiento, en fin, ignorancia sobre las conexiones entre educación, ciencia, tecnología, investigación y políticas sociales.

Sin embargo, la verdad es que este balance no muestra que el error no es únicamente de Duque. Ello sería desconocer el funcionamiento del Estado, del gobierno y de la política. El descrédito del hoy residente en la Casa de Nariño es el resultado de todo un partido político –el Centro Democrático y sus aliados en el Congreso y en los gremios económicos–, de todos los equipos de asesores –jurídicos, políticos, de comunicación y de educación y ciencia y tecnología–, la ausencia de preparación y la ignorancia de Duque hacia abajo, hasta el último escalón de responsabilidad, incluidos ministerios y todos sus equipos de asesores, consultores, funcionarios y contratistas. Una crisis sistémica y sistemática. Como nunca había sido tan evidente en los más de 200 años de vida republicana.

Es por ello que los dos años que quedan de gobiernos serán para un importante porcentaje del país, eternos. Y para los movimientos sociales, las fuerzas políticas, el sector educación, y la comunidad académica y científica dos años de zozobra e inercia. El reto que esta realidad desprende no es menor: cabe desde ya pensar en las elecciones de 2022, y en formas de acción colectiva novedosas e imaginativas; todo, en medio de una crisis de salud pública que demanda flexibilidad y audacia para no abandonar el espacio social, económico, político y cultural al establecimiento.

Proceder así, mientras que Duque abandona las políticas sociales y de conocimiento, fortalece al Esmad, las fuerzas de policía y de seguridad.

Más de lo mismo.


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Información adicional

Autor/a: Carlos Eduardo Maldonado
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