
La violencia ha engendrado una inmensa red de proyectos sociales y solidarios en todo México. Sus nombres y sus oficios son diversos, así como sus actividades son múltiples, complejas, amorosas, desesperadas e inteligentes.
México es noticia diaria para todo el orbe. Así lo propicia el ritmo de la confrontación armada desprendida desde la industria del narcotráfico, potenciado por el poder del norte, y asumido por el gobierno local, como estrategia geopolítica de sometimiento y control, pero también, y esto en el plano local, como mecanismo para desunir, atomizar y generar desconfianzas y miedo entre vecinos, rompiendo la disposición para luchar por un mundo regulado por lógicas distintas a las del capital.
Pero más allá de tales pretensiones y cruda realidad, en México las comunidades populares no se han quedado pasivas paralizadas por el terror. Se mueven y transcienden.
Es así como, originadas por una voluntad férrea de sobrevivir dignamente a la violencia, han crecido las organizaciones espontáneas, las cofradías, hermandades y asociaciones decididas a denunciar y resistir los atropellos, vengan de donde vengan. Vecino con vecina, cuadra por cuadra, comunidades enteras, como en el municipio autónomo de Cherán, han decidido convertirse en barricada contra talamontes, tratantes de personas y narcotraficantes que secuestran a las mujeres purépecha para la violación sexual, y raptan a los jóvenes para obligarlos a trabajar para ellos. Para defender sus bosques y su gente, se han negado a reconocer a las autoridades del Estado y aceptar representantes de partido político alguno (1).
Desde 2006, en las regiones de La Montaña y Costa Chica de Guerrero, un sistema de justicia indígena comunitaria derrota los niveles de violencia, restituyendo paz y posibilidad de proyectar el propio futuro a me’phaa, ñuu savi, nahuas y afromexicanos. La Policía Comunitaria, a través de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC-PC), ha diseñado métodos de reeducación y rehabilitación social de quien comete un delito en las 70 comunidades de los municipios de Iliatenco, Xalpatláhuac, Metlatónoc, Cochoapa el Grande, Zitlaltepec, Azoyú, Tlapa de Comonfort, Malinaltepec, Atlamajalcingo del Monte, Copanatoyac, Marquelia y San Luis Acatlán. Los órganos represivos del Estado ya no son bienvenidos en la región (2).
Intimidados por los sicarios del cartel del Golfo, que el martes 10 de julio de 2012 irrumpieron en su pueblo para “brindarles protección” contra Los Zetas, muchos de los habitantes del municipio de Güémez, Tamaulipas, emprendieron un éxodo para salvar su vida. Pero quienes se quedaron coordinan hoy la resistencia en organizaciones como Ciudadanos de Tamaulipas Cansados, al tiempo que denuncian la complicidad de las autoridades con los carteles de la droga (3). Paralelamente, en Guadalajara, la ciudad de México, Monterrey, Cuernavaca, Morelia, Saltillo, Veracruz, Chilpancingo, Torreón, Tamaulipas, Chihuahua, Toluca y otras ciudades del país se organizan campañas y se constituyen organizaciones para exigir un alto a la persecución y las agresiones contra los defensores de los derechos humanos. Nuestra Aparente Rendición emprendió una campaña de periodismo a ras de tierra para generar reflexión, conciencia crítica, debates acerca de las denuncias y los datos que reporta en su portal “de paz y diálogo”, como lo define su fundadora, Lolita Bosch.
El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad ha organizado varias marchas desde abril de 2011 por México y Estados Unidos, desde cuando encarnó una respuesta de la sociedad civil a la violencia que se vive en ese país como consecuencia de la guerra contra el narcotráfico. Comenzó a tomar forma a partir del 26 de abril de 2011, cuando el poeta Javier Sicilia –cuyo hijo Juan Francisco, junto con otras cinco personas amigas, fueron asesinados por personas vinculadas a la delincuencia organizada– llamó a los mexicanos a manifestarse contra la violencia, tanto la que producen los grupos criminales como la de los cuerpos de seguridad del Estado. En mayo de 2012, doscientas organizaciones civiles realizaron una cumbre ciudadana por la paz. Cientos de grupos de familiares de desaparecidos o asesinados, y de personas hastiadas del clima de inseguridad vital recogen datos, reportan violaciones, levantan casos que difunden a los medios de información.
Indignarse, vencer el miedo, restaura la confianza
Más Música, Menos Balas, en Acapulco, intenta recuperar espacios perdidos por causa del miedo y reactivar un estilo de vida libre para una generación de nuevos públicos hacia la cultura. Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos y Desaparecidas en Coahuila, como lo dice su nombre, es una organización de familiares con personas desaparecidas de manera forzada en el estado de Coahuila, que tiene el objetivo de localizarlas con vida y ponerle alto a la práctica de la desaparición forzada. Berlín vía México es una plataforma para concientizar a la gente en Alemania sobre la situación que vive la población mexicana. Autogestión Comunitaria para la Equidad Social, en la ciudad de México, apoya a la población vulnerable en situación de pobreza extrema con atención y programas de organización y desarrollo comunitario. El Ciam Cancún, dirigido por Lydia Cacho, promueve la práctica de conductas pacíficas para resolver sanamente los conflictos familiares, e impulsa instrumentos sociales y jurídicos para erradicar la violencia contra las mujeres mediante una educación para la paz. CreeSer, en Monterrey, intenta construir una cultura de paz que transforme las situaciones de violencia en oportunidades de desarrollo, a través de acciones formativas dirigidas a personas y comunidades. Pozol Colectivo, en Tuxtla Gutiérrez, se dirige a migrantes y jóvenes, en centros de readaptación, para romper el cerco mediático y apoyar causas en las cuales los derechos humanos sean primordiales.
Y así, por centenares, se conforman contingentes, radios comunitarias, comités, sociedades, laboratorios, talleres, que asumen la construcción de una democracia radical, defendiendo la vida; esto es: llorando las muertes, enojándose ante las desapariciones, construyendo memoria, logrando asilos políticos para periodistas y activistas de los derechos humanos perseguidos por el narco, atendiendo a las víctimas, tejiendo una y otra vez las redes que trozan los cuchillos de la violencia.
El silencio mataría dos veces a los asesinados. Por tanto, hay que escuchar a las personas que dicen sus nombres, y hacerse eco de sus vidas y su derecho a la justicia. Hay que enviar cartas a las autoridades en sobres vacíos, con el nombre de un asesinado como remitente. Hay que invitar a los transeúntes a bordar con hilo rojo la huella del delito en un pañuelo. Hay que pintar en los mapas de las ciudades la denuncia de las decapitaciones. Hay que construir casas para derrumbar la pobreza del desamparo. Hay que sembrar de cruces rosas el desierto, para que nunca más una mujer sea asesinada por el simple hecho de ser mujer. Hay que darle un nombre y una historia a todos los cadáveres que aparecen en las fosas clandestinas que se descubren en ocasiones.
Son las denuncias de los vecinos lo que hoy escribe la historia cotidiana de México. Ellos han visto carros con hombres armados que aprehenden transeúntes, estudiantes, cargadores, campesinos, obreros, a la salida del trabajo; mujeres y hombres secuestrados que luego aparecen en las notas de prensa como delincuentes abatidos por la policía.
Creyéndoles a mujeres asustadas que vencen su pánico, a hombres que desafían la creencia construida por las autoridades de que nadie les hará caso, a ancianos y niñas acostumbrados a que no se les tome en consideración, agrupaciones de recolectores de datos, como Menos Días Aquí y Tú y Yo Coincidimos en la Noche Terrible, entre otras, facilitan que más grupos de acción contra la beligerancia de los hombres en armas inventen su forma de coadyuvar a la paz.
Los blogs de estos grupos se atreven a difundir las noticias que decenas de periodistas y testigos buscan divulgar: que la tortura es una práctica utilizada por varios cuerpos policíacos, el Ejército y la Marina en todo el país, por ejemplo, como lo señaló Javier Enríquez Sam, director del Colectivo contra la Tortura y la Impunidad. El blog de la ya mencionada Nuestra Aparente Rendición es un espacio colectivo que convoca a escritores, artistas, académicos, científicos, psicólogos, periodistas, víctimas, activistas y otros colectivos a trabajar intelectual, práctica y artísticamente por el conocimiento, la comprensión, el respeto y la paz en México. Allí se insiste: “En el sexenio de Felipe Calderón, la tortura aumentó mil por ciento. Fabrican delincuentes. La clave de la permanencia y el aumento de esos actos es la impunidad. Nunca se ha juzgado a un torturador en este país”4.
Nuestra Aparente Rendición (NAR), dentro y fuera de la red, es un proyecto que acopla a personas que en una tierra dolida encuentran el tiempo de pensar, más allá de la coyuntura, porque hacen de la escucha respetuosa una práctica política. Sin protagonismos ni figuras centrales, NAR se ha convertido en una comunidad que rompe barreras disciplinarias, sociales y generacionales. Reunidos por Lolita Bosch y Alejandro Vélez Salas, alrededor de 20 voluntarios trabajan permanentemente en escuchar, organizar y difundir la voz de centenares de anónimos contadores que donan la memoria de los muertos a un país cansado de callar. Así ha nacido su programa de conteo-nombramiento Menos Días Aquí, cuyo blog http://menosdiasaqui.blogspot.com es seguido por universidades y ONG alrededor del mundo.
Asimismo, la constitución de bases de datos en los diversos estados de México tiene el fin de devolver la historia de los muertos y desaparecidos a las personas que no pueden soportar su dolor a solas y que necesitan poner fin a una naturalización mediática de los asesinatos y la violencia. La historia de personas de a pie que mueren cada día reforma la conciencia de la gente; a contracorriente de lo que desean los agentes del miedo.
Quienes reportan el nombre de la vecina asesinada, que informan de disparos en la noche, que cuentan el número de cadáveres exhumados de las fosas clandestinas descubiertas, cuando llegan a detallarles sus historias a las organizaciones y las personas dispuestas a escucharlas, se revelan como lo que son: madres, hermanas, vecinas, amigas, amigos, familiares, conocidos o simples testigos. Entonces responsabilizan de la violencia extrema en el país a muchos más actores que el narcotráfico y las redes de trata: el ejército, los grupos paramilitares y parapolicíacos, la Marina, las diversas policías en connivencia y no con el crimen organizado, los maridos, novios y convivientes de numerosas mujeres, los sicarios contratados por organizaciones diversas, cuando no por sectores de la iniciativa privada o del Estado.
En México ha despertado una conciencia difusa entre las víctimas, sus allegados y la gran mayoría de sus habitantes, de que la brutalidad es un hecho político. Su desmesura pretende que la memoria de las posibilidades de organización, creatividad, producción, se diluya hasta desaparecer. Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro; sobre todo, es un pueblo sin propuesta de cambios.
Organizarse para la memoria es constituirse para la justicia
Las madres de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez desde 1993, según patrones de violencia extrema e impunidad derivada de la omisión en la procuración de justicia, fueron las primeras en organizarse, dando pie a que internacionalmente se reconociera el delito de violencia feminicida. Luego se escuchó la voz de las madres de los migrantes centroamericanos desaparecidos en su travesía por México. Finalmente, el asesinato de un hombre hijo de un poeta hombre desencadenó un movimiento nacional de demanda por la paz que las cientos de hijas de madres pobres no habían podido impulsar. En común, estos movimientos tenían la memoria del nombre de la persona muerta que los impulsa, un nombre individual que se volvía colectivo y se hacia nosotros con los otros nombres. En común tenían la voluntad de memorizar cada gesto de la persona amada para construir con cada guiño, señal, puchero y postura rescatados un gran grito de exigencia de justicia.
El nombre de sus hijas y sus hijos, la historia que habían vivido y que se trenzaba con la historia de despojo, soledad, escasas oportunidades de estudio, marginación típica de las zonas de maquila y de las rutas de migración, pero también la historia de los cientos de jóvenes que, estudiando, se enfrentaban un día a un disparo en la calle, sostuvo el valor de las familias, los amigos, la gente, que salieron para identificarse con ellos y apoyarlos.
Naturalizar la muerte violenta, la desaparición y el olvido nunca estuvo entre las perspectivas de la gente que levantó la voz contra la injusticia. Los nombres de las desaparecidas y los asesinados, de los alcanzados por balas en una fiesta, de las violadas hasta la muerte, han sido rescatados, mostrados, y desde siempre pesan en las palabras de sus madres, que, en un esfuerzo político del dolor y la búsqueda de paz, los han transmitido a las poetas, los activistas de los derechos humanos y juristas, a los artistas, a toda la sociedad que los ha hecho suyos.
Los hechos son tozudos. En México el terror prosigue, pero la sociedad no está dispuesta al silencio ni pasividad.
1 Marcela Turati, “Cherán y su rebelión contra la mafia michoacana”, Proceso, 21 de julio de 2012, http://www.proceso.com.mx/?p=314688: “El municipio autónomo de Cherán se niega a ser parte de la diversificación de negocios de los carteles del narcotráfico, que han sometido con las armas, el dinero y el poder político a las poblaciones aledañas. Los cheranenses no quieren ‘asociarse’ con la Familia Michoacana ni con Los Caballeros Templarios para producir aguacate ni mariguana, se niegan a entregarles cerros para que los dejen pelones o permitir que exploten ilegalmente las minas. Pero están solos: justo ahí, donde el narco mutó en una mafia depredadora de los recursos naturales, el gobierno federal no interviene”. Cfr. asimismo http://www.youtube.com/watch?v=PqjQZOoyAHo.
2 http://f.prometeolucero.com/portafolios/2010/07/12/policia-comunitaria-de-guerrero/.
3 Proceso Nº. 1877, Ciudad de México, 20 de octubre de 2012, http://www.proceso.com.mx/?p=315770.
4 http://nuestraaparenterendicion.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=1491:creció-mil-por-ciento-la-tortura-durante-el-sexenio-de-felipe-calderón&Itemid=127.


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