Home » Los retos que nos plantea el capital para ser poder hoy

Los retos que nos plantea el capital para ser poder hoy

Mi intervención iba a girar alrededor del título que tiene la invitación que nos hicieron, detallar por tanto los cambios sufridos por los referentes ideológicos y políticos, pero el enfoque que le dio mi compañero de mesa a su intervención –por una confusión con el tema al cual fuimos convocados– me obliga a cambiar de enfoque. Estas son, por tanto, unas ideas que presento a manera de provocación, para iniciar el debate que tendremos el 20 y 21 de este mes.

 

Tratándose del debate de perfiles ideológicos lo más importante es ubicar el contexto internacional en el cual estamos. Aclarar, de entrada que el neoliberalismo antes que un programa ideológico es un programa político del gran capital que derrota a los trabajadores y a los pueblos oprimidos hacia 1980-81, en particular con los gobiernos de Teacher y Reagan.

 

Para decirlo en términos de la política y del debate político marxista, esta circunstancia impone una correlación de fuerzas a favor del capital a escala internacional; la misma que hasta ahora no ha cambiado. Toma forma ésta en el 80 con la no negociación de la huelga del carbón en Inglaterra, que llevó a un desconocimiento de las organizaciones sindicales a escala internacional, y tuvo otras expresiones fuertes como la caída del gobierno sandinista en Nicaragua, la negociación de la guerra en El Salvador, y todo lo vivido en África después de la Revolución de los Claveles en Portugal.

 

Esa correlación de fuerzas, desde el punto de vista de clases, crea un mercado mundial del trabajo, es decir vivimos un momento político totalmente diferente al vivido antes de los años 80, por lo cual tenemos que hablar de otro tipo de contexto, de otro tipo de situación política y otro tipo de realidad de los trabajadores y, en general, de los sujetos que luchan contra el capital.

 

Transformaciones sustanciales

 

En el mundo del trabajo estos cambios en la correlación de fuerzas logran crear un mercado mundial del trabajo, vía externalización de empresas, es decir, fragmentaron la cadena productiva y la volvieron filiales de producción y captura de trabajo por la vía de subcontratación a escala internacional. Es decir, propician una fractura de cadena que permite, manteniendo unidad de mando gerencial vía computarizada, descentralizar producción, lo que permite una captura de plusvalía 24 horas al día.

 

Esta transformación es fundamental: mientras los trabajadores asiáticos duermen, los de occidente laboran y al contrario, hay una posibilidad de captura de trabajo utilizando la idea de los bajos costos laborales. Aquí debemos incluir la situación de los migrantes, quienes por un lado, como el caso Lampeduza, se trata de impedir que entren a Europa y, por otro, capturan trabajo barato acompañado del proceso de maquilación, las reformas laborales, la flexibilización y la derrota de los derechos que habían logrado los trabajadores en el mundo del trabajo.

 

Proceso de hegemonía y control mundial que se amplía con la neoliberalización de la Unión Soviética y de sus países satélites, lo que entrega cerca de 500 millones de trabajadores más al capital internacional, obreros, bien capacitados, que tenían sistema de educación y salud gratuita; en pocos años China, con su ingreso en el 2000 a la Ocde, también agrega otros 500 millones de trabajadores.

 

Naciones Unidas reconoce que el 75% del comercio mundial es entre filiales y matrices, ya no es entre países, esto muestra el peso del capital corporativo transnacional, lo que plantea un dilema: las formas de respuesta tradicionales de los trabajadores y los pueblos vigentes hasta los años 80 del siglo XX, ya no sirven para este nuevo contexto internacional de organización corporativa del trabajo, esto es, ya no se puede responder con sindicatos nacionales. El dilema es que mientras el capital se transnacionalizó, los pueblos –por la inercia política– siguen pensando el estado-nación como el problema central. Esto refleja que las transformaciones económicas son mucho más rápidas que las evoluciones culturales de los pueblos.

 

Este tipo de resistencias están asociadas a otro problema importante: la subjetividad política. El neoliberalismo logró desvertebrar las resistencias existentes hasta el momento en que surgió, algo que logró con una política deliberada de destrucción de los liderazgos y resistencias vigentes hasta entonces.

 

Realidad dura. Hoy podemos decir, que con toda la hambruna que presenta el neoliberalismo y todas sus tragedias, efectivamente hay condiciones objetivas de enfrentar al capital pero desde el punto de vista de la construcción de subjetividad alternativa todavía falta mucho; estamos en una transición hacia recambios organizativos y políticos.

 

Esto plantea el dilema de los llamados gobiernos alternativos. Ustedes recuerdan que la resistencia en la región contra este modelo arrancó en 1989 con el levantamiento conocido como El Caracazo, siguió en Ecuador con la tumbada de los presidentes, continúo con la llegada de Evo en Bolivia, precedida claro está, por la tumbada de otros presidentes y la lucha contra la privatización del agua.

 

Por esta vía, donde se escenificarán elecciones una y otra vez, se constituyen los gobiernos llamados progresistas. ¿Cuál es el límite de esos gobiernos? Que el modelo económico continúa impuesto desde afuera. Es decir, en el marco de la correlación de fuerza, estos gobiernos no tienen posibilidades de implementar gestiones políticas nacionales propias, pues están sometidos a un contexto macroeconómico determinado por el Fondo Monetario, el Banco Mundial, y las presiones del capital internacional. Y desde el punto de vista político tienen que actuar con estados que sobrellevan estructuras clientelistas, paternalistas, de reproducción antidemocrática de la política. Si esto lo vemos desde el punto de vista sindical, es fácil identificar que no son los trabajadores los que están orgánicamente acompañando esos procesos. En Venezuela son los pobladores los que soportan el proceso, y en Bolivia los indígenas.

 

Brasil, por su parte, tiene un proceso particular que no ubico como gobierno alternativo, soportado en el Partido de los Trabajadores (PT), que viene de la clase obrera, construido desde los años 70, que fue genuinamente obrero desde su construcción, que combinó las reivindicaciones de los trabajadores en ese periodo y también acompañaban reivindicaciones antidictadura, para tomar luego forma como un partido de masas, liderando con un discurso súper radical, anticapitalista –por lo menos en la primera campaña de Lula.

 

Llama la atención que el proceso que tenía más ligazón y articulación con el movimiento obrero hoy esté por entero neoliberalizado, es una reflexión para hacer ya que Brasil marca la tendencia política en la región, por eso es tan importante la recuperación del movimiento social brasilero a partir de junio de este año donde se presentan marchas populares, estudiantiles, peleas contra las reformas educativas neoliberales. Análisis que debemos abordar preguntándonos ¿por qué el PT termina neoliberalizado?, por qué Lula termina ejecutando las reformas a la seguridad social que no habían podido hacer los gobiernos neoliberales anteriores; este es un punto fundamental de la estrategia que tenemos para reflexionar.

 

En el caso de Brasil hay un nuevo mecanismo de integración del capital financiero transnacional, que no se reduce al movimiento transnacional, a la acumulación por rentabilidad: en este país asume también la forma de propuesta política de integración y cooptación de los trabajadores y sus grandes fondos de pensiones por el capital financiero global.

 

La clave de los fondos de pensiones es que captura el ahorro salarial y lo vuelven capital financiero. Este es un movimiento que procede desde el siglo XIX, poco a poco capturando el conjunto de la sociedad, cuando el capital salió de la empresa y devino –en términos de Marx– en capital social.

 

En ese momento empezó a capturar el conjunto del ahorro de los trabajadores en función del negocio financiero para terminar individualizando las relaciones entre estos y el capital, porque en la relación con el fondo de pensiones el trabajador obtiene ganancias y dividendos de acuerdo a lo que cotiza, es decir, pierde el sentido de solidaridad de clase: lo que había negociado como tema de solidaridad de clase deviene en un asunto de relacionamiento y negociación individual con los bancos y con su cuenta corriente.

 

Tenemos aquí un triunfo del capital que grafica cómo el neoliberalismo logró en los últimos 40 años desestructurar la solidaridad de clase, individualizó al obrero, rompió su conciencia colectiva, volviéndola individual, todo en el marco de un mercado mundial de trabajo. También se integra en el imaginario actual del capital la idea de que si una persona es accionista de los fondos de pensiones puede por esta vía resolver problemas que antes sólo solucionaba con la lucha en los sindicatos, en las empresas, en los demás espacios donde actuaba.

 

El fenómeno es inmenso y creciente. En la actualidad el 75 por ciento de las acciones de los fondos de pensiones en Estados Unidos financian empresas de guerra, es decir, por la vía de los fondos de pensiones los trabajadores pagan las guerras internacionales; vía fondos de pensiones los trabajadores adquieren deuda pública que luego van a justificar los planes de ajuste. Esta es la contradicción ideológica tan fuerte que ha logrado el neoliberalismo en el marco de su expansión; en Colombia el 50 por ciento de los títulos de deuda pública son títulos de los fondos de pensiones, y contra esto nos aplican sostenibilidad fiscal, recortes, reducción de derechos sociales.

 

Cuando el neoliberalismo focaliza la pobreza, pone a competir a los pobres; cuando implementa política social, intenta por todos lados destruir la solidaridad. Como se dijo, los fondos de pensiones ejemplifican la destrucción de la solidaridad colectiva. Por la vía de la flexibilización y de una economía de servicios, concretan la destrucción de los espacios convencionales de los trabajadores.

 

A propósito de los gobiernos alternativos, entonces, vemos como en Venezuela se implementan medidas muy progresistas desde el punto de vista de lo que es política social, subsidios, redistribución de la renta petrolera, como sucedió en 2003. Pero esto no es socialismo, sobre todo si lo analizamos desde el punto de vista de ataque a las formas convencionales de propiedad que es lo que define si una expresión política de gobierno es socialista o no; con las medidas implementadas en Venezuela no se ataca al capital, lo cual no quiere decir que llegar a este tipo de gobierno no sea importante.

 

El territorio

 

Hay otras manifestaciones de resistencia contra este modelo de dominio y control, contra este modelo de reprimarización de la economía, contra el modelo de dominio corporativo de las transnacionales, que llegan a controlar y destruir territorios, lo que termina despertando formas de resistencia radical, como sucede en años resientes en Colombia y América Latina.

Pero también despiertan formas de autoorganización que apuntan a mecanismos superiores de organización de la sociedad, lo que plantea un debate con el llamado socialismo real, el modelo del partido único y el control por arriba.

 

Creo que una gran esperanza en América Latina los procesos de autogestión territorial que los bolivianos teorizan como la pelea por recuperar los bienes comunes. Lo comunitario no es solo volver al Estado lo que antes era privado, significa que la sociedad misma decida sobre la distribución del territorio, significa enfrentar por autogestión el poder corporativo transnacional.

 

Esto lleva a otra discusión más complicada: en este plano se trata de un sujeto que resiste porque el capital –en su forma de apropiación territorial– lo obliga, por esto el campesino no lucha hoy por la reforma agraria de los 70, por la toma de la tierra, el campesino hoy se moviliza por territorio. Y esto es diferente, porque en el enfrentamiento con el capital corporativo, contra el modelo extractivo, el campesino se vuelve anticapitalista.

 

Por esta vía el capital crea subjetividades que lo enfrentan por otros conductos que no son los tradicionales y obliga, entonces, lo que abre la posibilidad de discutir el tema de la subjetividad, de considerar la posibilidad de bloques plurales de masas, bloques políticos y sociales como alternativa al modelo corporativo.

 

Esto ocurre ante nuestros ojos, y es fundamental. Hay que estudiarlo y comprenderlo. ¿Por qué el campo resiste más que la ciudad? Porque tiene el modelo al frente, de alguna manera no hay mediación de la política, no hay posibilidad de negociar, por eso uno de los aspectos de la guerra en Colombia se concentra en el control de los territorios Este tipo de resistencias pueden organizarse hoy nacionalmente, y lo concretan de manera mucho más fácil que lo urbano, sometido a una gran mediación política.

 

Estamos ante una realidad compleja y cambiante. Por ejemplo, la relación campo-ciudad plantea debates muy importantes –diferentes a los de hace varias décadas– desde el punto de vista estratégico. Tenemos ante nosotros también el debate con la visión productivista de la izquierda. Paradoja, la gente que pelea contra los mega-proyectos al mismo tiempo lo hace contra el desarrollo del capital, pero mientras esto sucede desde los gobiernos progresistas se continúa aplicando y pretendiendo un modelo de desarrollo que no responde a las demandas de estos sectores sociales ni a las exigencias del cambio de época que tenemos ante nosotros.

 

Lo que permite visualizar las luchas sociales en curso en distintos países de la región es que la izquierda no puede colocarse en el renglón interpretativo de que tenemos que desarrollar las fuerzas productivas per se, porque generan divisas, porque a través de esta vía entramos en la competencia globalizada. No, por esa vía se destruyen territorios, se destruye y desplazan comunidades, se acaba con la pesca, se, acaba con el hábitat de indígenas, comunidades negras y campesinas, y todo esto, es una inmensa tragedia para muchas familias.

 

Tenemos con esto una tensión, una contradicción latente con un concepto desarrollista, positivista y lineal de la izquierda: la economía no es simplemente un problema de desarrollo per se de las fuerzas productivas, sino un ejercicio colectivo dónde la población puede ejercer mejor su capacidad democrática de construcción de proyecto alternativo.

 

Se contradice así aquella visión lineal que plantea que tras el desarrollo de las fuerzas productivas (para lo cual es necesario concretar acuerdos con sectores de la burguesía de cada país) se constituye o fortalece el movimiento obrero, y con su lucha una nueva sociedad. No, al contrario. Estamos ante la posibilidad de potenciar inmensas fuerzas comunitarias –que para algunos parecen atrasadas– por estar por fuerza de la lógica mercantilizada, pero que desde un accionar colectivo, autogestionado, enraízan una alternativa de poder alterno, construido como poder desdeabajo. Esta es una posibilidad y una realidad palpable, y desde este tipo de realidades es que tenemos que discutir y diseñar las nuevas formas de cambio social.

Información adicional

CRISIS DE IDEARIOS Y NUEVOS REFERENTES IDEOLÓGICOS Y POLÍTICOS
Autor/a: Daniel Libreros
País:
Región:
Fuente:

Leave a Reply

Your email address will not be published.