Canto de agua 

En Cali, la bella, llamada la ciudad de los siete ríos, allí nació y cultiva su arte día a día, Alelí Mesa Giraldo, más conocida en el mundo artístico como Alelí, esa prodigiosa artista nuestra que a través de su maravillosa voz y su indiscutible autenticidad para crear, componer y expandir belleza y conciencia socio-ambiental por donde camina, nos muestra que su presencia y su acción está íntimamente ligada al territorio y su amor profundo por la vida. Los Farallones de Cali, han visto su crecimiento como una planta multicolor que brotara de sus laderas. Alelí, fue tocada desde su nacimiento, en su esencia, por esa exuberancia, por esa claridad de las aguas que descienden desde sus fuentes, desde sus nacederos en la entraña de la prodigiosa región pacífica en la ladera oriental de los Andes occidentales, donde dio sus primeros pasos, arrullada por aquellos aires musicales alternadamente costeros y andinos. 

Pero la cuestión no se detiene allí, porque también durante un tiempo considerable, la nutrió la Sierra Nevada de Santa Marta, cuando marchó siendo niña todavía, con su madre y sus hermanos a explorar nuevos horizontes allá en el Caribe colombiano, es decir, de sierra a sierra, de costa a costa. Por cierto, su madre, Blanca Iris Giraldo, una Trabajadora Social formada en la Universidad del Valle, artesana y rebelde desde muy joven, ha sido su primera influencia en el maravilloso viaje de la creación artística, pues desde niños, les abonó el camino a ella y sus hermanos para que desarrollaran su creatividad y luchó como guerrera para que tuvieran las condiciones que les permitiera ser sujetos libres, creativos y amorosos. Por otro lado, no puedo dejar de nombrar a su padre, Julio Mesa, un paisano nuestro con una fortaleza física proverbial, constructor de cabañas de madera, que sembraba con destreza en armonía con el territorio, como vigías del esplendor del valle, en las laderas occidentales de la Cali urbana allá en el barrio del Mortiñal y también en la zona rural de Los Farallones en los años 70 y 80. Julio Mesa, es un ecologista consumado, protector del bosque, ermitaño de vocación y aportó muy seguramente, la dosis de fuerza, tenacidad y energía indomable a su hija. Estas dos importantes condiciones iniciales, es decir, su origen telúrico y el familiar, marcarían para siempre el espíritu de su creación, que no podría ser de otro modo, como lo es ella, rebelde, enérgica, perseverante, sencilla y amorosa. 

Esta doble influencia, reitero, será fundamental para el desarrollo de su obra artística, caracterizada por una persistente presencia del agua como elemento central de la vida y consecuentemente de su creación, no desligada del entorno social. En ese sentido, su trabajo me parece vitalista, pero no desde un orden filosófico europeo académico, como el que planteaban los franceses Deleuze o Foucault. El canto de Alelí proviene de otra experiencia vital, conectada directamente a las raíces de la tierra, es el brote desmesurado, como los manantiales mismos que la nutrieron en su infancia, es la luz indómita y el viento del Pacífico que se cuela entre el follaje de la montaña que atraviesa y trae los aires del currulao y el abozao, pero también es el porro y la cumbia que bebió en el norte del país y el rock mestizo urbano que creó en el Mortiñal, en el oeste caleño, desde adolescente junto a sus hermanos con la ya mítica banda “Flor del Hito”; sus canciones son aquella acumulación de belleza sin fin que pulula en nuestras costas, nuestras cordilleras, selvas, valles, sabanas, llanos, ciénagas, nevados, lagos y ríos, pero también es la voz de los “nadie”, de los olvidados de las zonas rurales y urbanas, que la oligarquía de la metrópoli y los arribistas que los secundan, quisieran que no fueran visibilizados. Porque esos “nadie” nativos de aquel maravilloso territorio han visto de qué modo irracional, sus fuentes hídricas paso a paso han sido agredidas por el desaforado auge del urbanismo. Los pobladores caleños hemos sido testigos del deterioro terrible de los ríos Lili, Meléndez y Cañaveralejo en el casco urbano en el suroriente caleño, canalizados hasta el llamado colector sur, desviando sus cauces, afectando seriamente el ecosistema a costa de la irrupción de bloques de concreto que asfixiaron el aire y nublaron el horizonte de un paisaje de incomparable belleza que atravesaba esos meandros poblados de todos los colores, que conducían estas corrientes acuíferas hacia el majestuoso Cauca. 

Ante este desolador presente y el amenazante futuro de lo poco que queda de nuestros siete ríos en el paisaje urbano, muchas voces se han alzado, pero el devastador poder de la implacable hegemonía terrateniente, que se hace evidente en el monocultivo de la caña en todo el territorio del Valle del Cauca, que dilapida un altísimo porcentaje de nuestras aguas, arruina la tierra sin permitir su diversificación agrícola y arrincona al campesino hacia las laderas, al tiempo que el desequilibrio ecológico en la zona urbana, se hace desviando el curso de los ríos por la febril demencia arrasadora de la industria de la construcción, que se desarrolla sin rigor en el marco legal de la planificación ambiental. El movimiento ecologista caleño, en este caso específico, tiene enfrente un gran reto y debe alimentar su caudal de lucha desde múltiples sectores, uno de ellos, el de la pedagogía a través de la sensibilización artística en profunda integración con la naturaleza. Y allí es donde reside una de las fortalezas adicionales de la creación artística de Alelí, pues ella ha puesto al servicio de esta causa, su conocimiento y su amor por el territorio, su disciplina, su capacidad creativa y pedagógica como maestra, para sembrar en los niños y adolescentes de las escuelas rurales de Cali, la conciencia ambiental que transformará para siempre en esa generación, su relación con la Naturaleza. 

El compromiso social de la obra de esta notable cantautora nuestra, más allá de su virtuosismo estético, todavía está por ser sopesado en profundidad. Por lo demás, su trayectoria no ha sido una labor que haya surgido de la nada. En primer lugar, como lo hemos expuesto, ha sido la confluencia de sus raíces familiares sociales, culturales y desde allí, su propio esfuerzo personal no ha tenido tregua. Su formación musical inicia desde niña junto a sus hermanos en los Conservatorios musicales de Cali y otras ciudades del país donde llegaban junto a su madre en un apasionante trajinar por los caminos de Colombia, lo cual fue fundamental para recibir múltiples influencias. Después decide ingresar a la Universidad del Valle donde se forma como Recreadora profesional, precisamente, al lado de su tía, la maestra Guillermina Mesa Cobo, pionera de esta disciplina y fundadora de esa escuela y el plan de estudios, con la cual continúa trabajando en la actualidad en la investigación de la metodología participativa del proyecto “Canto de agua”. El ejercicio práctico de esta carrera le permitió integrar la música con la pedagogía y es así, a grandes rasgos, como después de muchos años de experiencia de trabajo con diversas comunidades retroalimentado con la investigación académica, concibe su proyecto, que inicia desde el año 2021 y será de nuevo, inaugurado el próximo 22 de septiembre, su quinta versión. Alelí enseña a cantar y a componer, escribiendo y cantando con los niños y niñas, alentando su creatividad, desde la propia experiencia de los educandos con el río, desde la convivencia cotidiana en una relación simbiótica con su entorno natural, social y cultural. Y en esa labor habría que destacar también, de qué manera su profundo espíritu colectivo, le ha llevado a vincular a “Canto de agua” su proyecto pedagógico a las voces del territorio, más sabias al respecto, como la de muchos/as líderes/as chamanes y chamanas indígenas y a destacadas cantaoras y “mayoras” de las comunidades afrodescendientes de la región del Pacífico, que con su sabiduría ancestral fortalecen el eje epistémico que consolida una nueva visión holística del mundo, expresada en este proceso de sensibilización ecológica a través de las culturas, las artes y los saberes que habitan el territorio. Además, como Canto de agua es multidisciplinario, involucra otros elementos pedagógicos y de difusión audiovisuales y plásticos, los que aporta su compañero, el maestro de las artes plásticas y documentalista Paul Barrios, polifacético artista que redondea de manera mágica el inspirador entorno familiar de Alelí. 

Por tanto, para concluir, quiero dejar bien claro y de una manera sencilla, como lo es ella, lo que pienso del aspecto social de la obra de Alelí, la que considero una artista de una condición multidimensional, pues su arte no se circunscribe a la creación ensimismada en la subjetividad y soslaya los límites de su propia genialidad artística que nos emociona, pues no se agota en ella misma y se convierte en una impulsora de nuevas voces, de nuevas conciencias a través de su trabajo con la infancia y la juventud de su región; su creación se eleva al máximo compromiso no solo con la comunidad más cercana que la circunda y donde se desarrolla como mujer, madre, hija, compañera, educadora, artista, sino que se hace universal, pues como todo está conectado, evidencia en su propia praxis, que la lucha por el agua en Cali, el Valle del Cauca y Colombia, es la lucha por la vida en cualquier rincón del planeta Tierra. 

Salud, querida amiga Alelí, te saludo desde Hamburgo, tocado por la magia de tu música que me lleva de inmediato al paisaje de mi infancia. Muchas gracias por lo que me corresponde, pero sobre todo por lo que atañe a nuestro amado territorio. Un gran abrazo, compañera y maestra del arte y de la vida! 

Información adicional

Alelí, desde los Farallones de Cali
Autor/a: Mauricio Vidales
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico desdeabajo Nº328, septiembre 19 - octubre 19 de 2025

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