Nuestro pensamiento permanece despierto solo hasta cuando dejamos de buscar fuentes diversas para tener una idea robusta de cualquier tema. Nuestro pensamiento se mantiene crítico solo hasta cuando nos quedamos consultando las mismas fuentes de información que siempre exponen un mismo punto de vista y el mismo interés unidimensional. Confusión para confundidos.
Conmemoramos este año ochenta años de la primera aparición del libro Uno y el universo de Ernesto Sabato1, escritor latinoamericano de vanguardia en toda una época que podemos situar, entre 1945, fecha de la primera edición de este libro, y 1963, producción que permite observar el ascenso y maduración de una literatura latinoamericana reveladora de nuevas perspectivas y rebelde contra el estancamiento del pensamiento único dependiente y contra una literatura desgastada y subalterna de otras literaturas hegemónicas.
Este es un libro de fragmentos, con títulos en orden alfabético. En el fragmento titulado “Edad”, curiosamente, Sábato en la edición de 1945, se pregunta: “¿Qué se puede hacer en ochenta años?”. Exactamente preguntándose por lo que pueda ser posible en nuestro año actual de 2025. Y se responde acto seguido: “Probablemente, empezar a darse cuenta de cómo habría que vivir y cuáles son las tres o cuatro cosas que valen la pena” (página 46).
Al filo de la terminación convencional de la llamada Segunda Guerra Mundial, que dejó en solo seis años alrededor de 65 millones de asesinados en las hostilidades, se da el ascenso de un puñado de escritores latinoamericanos, entre ellos Sabato (Argentina). También muy instigados por las resonancias de esa guerra planetaria, surge esa literatura, ochenta años después muy reconocida por unos valores que encarnan la necesidad de superar el arrasamiento ocasionado por Guerra Mundial y responder con una literatura de identidad propia, desde cada escritor de vanguardia, respecto a su ser y a su circunstancia como ciudadano del continente latinoamericano y del Caribe.
Este libro fue el primero publicado por Sabato, y en él concreta la decisión de un lector voraz que se hace escritor. Representa, asimismo, el paso dificilísimo, a sus treinta y cuatro años de edad, formado como científico y profesor universitario de Física, de hacerse escritor y responder a su identidad de autor, ser fiel a sí mismo y enfrentar el campo de combate de ser ciudadano del continente latinoamericano, consciente de las enormes dificultades y limitaciones de un continente dependiente, sometido a hegemonías exteriores y sumido en prejuicios históricos enormes sin elaborar.
Uno y el universo se propone como un libro de momento biográfico para examinar la naturaleza de la ciencia, en esa época en que le tocó vivir y que el mismo Sabato denuncia como de fetichismo científico, como creer que la ciencia tiene las respuestas que importan a lo que requerimos saber, denunciando el descuido y subestimación de valores humanos como la ética, las emociones, los sentimientos y la puerta a una nueva valoración de la creatividad y de la imaginación. No fue un rechazo a la ciencia, fue una decisión de abandonar la ciencia como su modus operandi, como su profesión, como su oficio. No quiso traicionar su conciencia, según la cual hasta ese momento también se había forjado como lector voraz de la literatura artística de la sensibilidad humana, de su gran tradición cultural, y a pesar de toda la trayectoria que había tenido como científico, entender que ciencia y arte son dos concepciones muy diferentes del hacer humano y que él mismo pertenecía al campo de la creación artística, entendida como oficio y forma de entender el mundo y de trabajo personal, humano.
¿En qué estamos dispuestos a creer? Sabato comenzará por decir desde el prólogo de este libro, que es prioridad no renunciar a la lealtad a uno mismo. A lo que uno sabe de uno mismo, a su propia perspectiva para elegir ese oficio que permita el libre cultivo de las motivaciones personales, a riesgo, no importa, de equivocarse en el camino en algunos aspectos, pero esa lealtad profunda mostrará la verdadera certeza del camino escogido, a pesar de dificultades e incertidumbres en el andar. Suena fácil y conocido. Pero cada persona, en cada espacio y tiempo necesita descubrir su propio camino, y nadie nace sabido.
¿En qué estamos dispuestos a creer? Es siempre la pregunta prioritaria. Siempre hay una coerción de tipo social para encaminar la idea que todo individuo pueda tener sobre un tema u otro. Sobre todo en nuestro tiempo, con una tecnología insólita de la información y medios de comunicación muy refinados, hasta para imponer una idea estándar de cada cosa, cosa por cosa, asediando hasta la mano del usuario habitual en la pantalla de su celular.
Desde la primera edición, Sabato comienza por recordar y afirmar la encrucijada para todo individuo, según la cual nos aventuramos a recorrer un destino, a viajar a territorios desconocidos, a probar alternativas, hasta descubrir que lo que se busca es la identidad de uno mismo; el país de uno mismo. Y que este camino solo podrá ofrecer todos sus frutos si tenemos la capacidad de ser leales a uno mismo, una fidelidad a sus verdaderas motivaciones y una capacidad de elegir ese camino de avance que es el regreso a uno mismo.
Parecería que la identidad del individuo se construye a pesar de la coerción social; parecería que la idea que podemos tener de cualquier tema, secreto o privado o público, puede lograrse a pesar de la coerción social a través de los medios de comunicación. En este punto, Sabato ya enuncia en 1945 su retiro del ejercicio activo de la ciencia y, a través de la literatura, lograr acceder “al hombre concreto enajenado por una civilización tecnolátrica”, primero sumergiéndose en la propuesta surrealista, de la que se retirará tranquilamente sin resentimientos, y volcándose luego a descubrir su literatura consignada en el ensayo y la novela, enriquecida por la tradición de una literatura de excavación de las cavernas del alma humana en la cultura moderna, desde Dostoievski.
¿En qué estamos dispuestos a creer? ¿Nos vamos a quedar solo con lo que digan algunos medios de comunicación hegemónicos y su posicionamiento de una idea estándar sobre cada tema de circulación pública? Con su primer libro publicado, Sabato nos invita a mirar de frente el universo del cual hacemos parte, a confiar en esa lealtad a uno mismo que es desarrollar el propio pensamiento crítico, examinando cada tema de interés desde distintas perspectivas, y ser leal a la idea que uno mismo examina y cultiva sobre las cosas del mundo. Hoy, más que nunca, los medios de comunicación hegemónicos ejercen una refinada tecnología a través de múltiples ventanas de acceso para imponer una idea estándar sobre cualquier tema de circulación pública, y hasta privada.
¿En qué estamos dispuestos a creer? Nuestro contacto con la realidad cruda y escueta está como nunca antes mediado por los medios de comunicación. ¿Y qué tal si los medios de comunicación son un monopolio del mismo alto poder económico y político y solo ofrecen información de tal manera que solo favorecen el punto de vista de quien tiene ese poder social? En principio, si lo reflexionamos o no, todos somos propensos a creer lo que nos dicen los medios de comunicación, acostumbrados a no preguntar por qué ni a valerse de argumentos sólidos para sustentar la forma en que se presenta la información. Hasta el punto que la realidad para demasiada gente es, finalmente, la idea que elaboran los medios de comunicación sobre cualquier tema privado o público. ¿Por qué es tan importante para el poder tener el control monopólico de los medios de comunicación masiva? Sencillo de decir, pero muy complejo de explicar: desde el siglo XVIII, y a partir de filósofos como David Hume, nos recuerda Noam Chomsky, no se puede gobernar una sociedad si no se tiene el control de los medios de comunicación masiva.
¿Estamos dispuestos a creer lo que nos dicen los medios de comunicación sobre cualquier tema, sin preguntar ¿por qué? ¿Qué pruebas? ¿Con qué argumentación? ¿Estamos dispuestos a no tragar entero, a masticar, a rumiar cada información, así como cada idea que nos tratan de inocular los detentadores de la información masiva?
Ernesto Sabato, aún hoy, permanece como un referente de un permanente pensamiento crítico sobre el gran acervo cultural que el mundo, y más que todo Europa, legó a la cultura Latinoamericana. Pero no se trata de tragar entero, y por ello, desde Uno y el universo, su primer libro, nos invita a reflexionar, siempre más allá de cualquier convención cultual, más allá de cualquier idea estándar heredada sin examinar, en cualquier campo y sobre cualquier tema, siempre.
Vulnerables a la influencia de los medios de comunicación masiva en todos los espacios públicos, y en la intimidad de los espacios privados, que se convierten en el intermediario entre la realidad cruda y nuestra percepción, y viendo la construcción espectáculo de estos medios, casi en sustitución de percibir la realidad directamente, la pregunta es: ¿En qué estamos dispuestos a creer?


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