Coyuntura. Trump, su: “hora de los hornos”

Cuando pensamos, valoramos y juzgamos las acciones políticas, propias de los actores políticos pasados y presentes –que en la época moderna se conocen como políticas públicas–, es innegable que lo hacemos desde las creencias, valores, intereses y estrategias que predominan en nuestro(s) propios dominios(s) explicativo(s), estén ligados al sentido común, la religión, la ciencia o la moral. Igual que, como ciudadanos votantes en las jornadas electorales, cuando sufragamos por quien(es) consideramos se identifican con ellas y, por tanto, nos inspiran confianza. 

De lo dicho podemos inferir, de una parte, que no ha existido gobernante en la historia de la civilización que no haya tenido sus dolientes e, igualmente, sus críticos, los más radicales de los cuales serán quienes se sienten confrontados o traicionados en sus formas de pensar, sentir, valorar y hacer el mundo; de otra, daría cuenta del furor, los odios y amores que acompañan el quehacer de los actores en el dominio dualista de la política, en la que, por lo mismo, no hay espacio para los términos medios, resumido en la disyuntiva: amigo-enemigo propuesta por Carl Schmitt como eje central del juego político. Gobernante al margen de esta disyuntiva pasará a la historia –o al olvido–, muy seguramente, como mediocre.

El pasado miércoles 2 de abril fue declarado por Donald Trump como “El día de la Liberación”, un día histórico para los EE. UU, y una nueva “declaración de independencia”; pues considera que, “Nos han timado desde hace 50 años, pero eso ya no va a volver a ocurrir”. 

“Día de la liberación” que consistió en formular como política de gobierno la imposición de aranceles a las importaciones de todos los países del mundo, cuyos cambios y/o efectos “velan por la economía del país”, y, “a reconstruir nuestra economía”. De otra parte, promete un descuento de interés a todas las personas que compren un automóvil hecho en Estados Unidos, e insiste en que se abrirán nuevas plantas automotrices y de otros productos, para poder elevar la economía. En ese marco, postula un momento de transformación que hará que el país regrese a la “senda correcta”, https://www.milenio.com/internacional/dia-de-la-liberacion). Sus consecuencias, que serán producto del pulso por escenificarse entre las fuerzas económicas globalizadas; por ahora, para nuestras reflexiones, nos quedan pendientes. 

Lo que resulta cierto es que esa medida, tan “ruidosa” en los medios de comunicación, estuvo antecedida el lunes 20 de enero, día de su posesión, con la firma de 42 órdenes ejecutivas, que abarcaban temas como migración, comercio y seguridad nacional. Órdenes que desmantelan las políticas de su antecesor Joe Biden y redefinen los acuerdos internacionales con el fin de reinstaurar políticas alineadas con su filosofía de “América Primero”. 

En consecuencia, Trump anunció la salida de su país de los Acuerdos de París, rompiendo con compromisos climáticos globales; con la OMS, alegando discrepancias en la gestión de salud internacional, y del acuerdo fiscal de la Ocde, rechazando el impuesto mínimo global para las multinacionales; además, suspendió la ayuda humanitaria. 

Además de esto, revertíó la designación de Cuba como país patrocinador del terrorismo, eliminó protecciones medioambientales sobre zonas marítimas y terrestres, derogó normativas sobre diversidad, igualdad e inclusión en la administración pública. Respecto a la Migración –el tema central de su agenda–, marcó un regreso a políticas restrictivas como: el despliegue de tropas y la construcción del muro fronterizo, la realización de deportaciones masivas y de forma denigrante, y puso fin al derecho al asilo y ciudadanía por nacimiento. Dio la orden de revivir el programa “Quédate en México”, y restringir el programa de refugiados, todo ello para reforzar su compromiso de reducir la migración ilegal. En relación con la seguridad nacional, Trump firmó decretos que incluyen la designación de cárteles como organizaciones terroristas, y la reinstauración de la pena de muerte a nivel federal para delitos graves, especialmente aquellos vinculados a inmigrantes; todo lo cual es clara ilustración de su mano dura.

Se trata, innegablemente, de un “reversazo” en la política norteamericana que se había implementado desde las décadas de los setenta-ochenta –hace 50 años–, a la sombra del modelo neoliberal, y consignado en los diez puntos del famoso Consenso de Washington y que debían ser aplicados por todos los países del mundo –sobre todo los “subdesarrollados”: 1. Disciplina fiscal. 2. Priorización del gasto público en educación y salud. 3. Reforma tributaria. 4. Establecer tasas de interés positivas determinadas por el mercado. 5. Lograr tipos de cambio competitivos. 6. Liberalizar el comercio. 7. Permitir la inversión extranjera directa. 8. Privatizar empresas estatales. 9. Desregular la economía. 10. Proteger los derechos de propiedad. Decálogo impulsado entonces por varios organismos financieros internacionales y el Departamento del Tesoro de los EE. UU. Implementado a través de los tratados de libre comercio bajo el argumento que con ellos se iba a ayudar a los países en desarrollo para que salieran de la crisis en que estaban sumidos entonces, con su deuda impagable y tasas de inflación galopantes. 

Trump pretende ahora, con estas políticas, poner a tono a los EE.UU. con los efectos del cierre o agotamiento de los objetivos del ciclo del modelo neoliberal, que hizo crisis, precisamente en los EE.UU, en el 2008 –hace casi 20 años. Modelo que los convirtió en un país plutócrata bajo el dominio de un capitalismo financiero especulativo; en consecuencia, con altos índices de desigualdad socioeconómica; una nación cuyos habitantes van siendo los más endeudados del mundo USD10.000/H; con una moneda sobrevalorada y puesta en jaque como divisa única del comercio internacional; con una inercial balanza comercial negativa de USD 1.2 billones/2024, y fiscal de USD 2 billones/2024, al igual que el desempleo 4.1 por ciento. Social y culturalmente, cruzada por la drogadicción, la discriminación, la fobia chauvinista, que acrecientan sus índices de violencia que, en conjunto, se van convirtiendo en su propia “pesadilla americana” y, de la cual, no se quiere hacer responsable, sino que pretende culpar en sus causas y descargar sus efectos sobre los hombros de los demás países del mundo. Pero, además, con la falsa creencia, propia de ellos, de considerar que con la acumulación de dinero –y el mantenimiento de su plutocracia– se resuelven todos sus males; porque, en fin, lo que pretende Trump, no es precisamente resolver los problemas del país sino los de la acumulación de los pocos que los dominan –venida a menos por la crisis. 

Medidas “trumpistas” que, a diferencia de las neoliberales, no están confeccionadas para que todos los países jueguen y apuesten a ganar o perder, sino que tienen un solo apostador y pretendido ganador: los EE.UU.; lo que, por principio, resulta un desacierto en un mundo globalizado de apostadores que, además, algunos –pocos o muchos–, cuentan en sus políticas públicas y estatales con objetivos socioeconómicos, políticos, culturales y éticos diferentes. 

Trump y sus propuestas, encarna o representa las creencias, valores, aspiraciones y pretensiones que dominan en la actualidad a la sociedad norteamericana, y, que, está(n) en su derecho defenderlas y propiciarlos, pero que le puede resultar en una nefasta frustración si pasan por alto las determinantes condiciones históricas civilizatorias que, en un momento específico, condenan a las formaciones sociales a su transformación en una nueva condición, o a su desaparición definitiva una vez han agotado las posibilidades de sus creencias, valores, intereses y estrategias, igualmente históricas; símil a lo que hace la vida con nuestras particulares existencias. 

Adenda. Resulta curioso y sorprendente como los gobernados, de la época moderna defienden en su tiempo presente políticas que, a su vez, habían combatido en el pasado. Así, hoy se defiende una política arancelaria que había sido objeto de confrontación en los setenta-ochentas alrededor de los tratados de libre comercio. Como que, en Colombia, en la política petrolera se tercia a favor de los contratos de asociación, objeto de crítica en los setenta-ochenta. ¡Como si todo pasado fuera mejor! 

Abril 7 de 2025

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Información adicional

Autor/a: Luis H. Hernández
País: Estados Unidos
Región: Norteamérica
Fuente: Periódico desdeabajo Nº324, mayo 15 - junio 15 de 2025

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